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Lo que las (desorientadas) marcas sienten tras el Brexit se llama "solastalgia"

brexitLas consecuencias (infaustas, según algunos) del Brexit martillean la cabeza no sólo de los ciudadanos de a pie sino también de las marcas, en particular de aquellas que se han abrazado con entusiasmo a la innovación y las nuevas tecnologías para despegarse de los brazos de estrategias marketeras más tradicionales.

En la era post Brexit las marcas están imbuidas de un sentimiento que puede ser definido como "solastalgia". Pero, ¿qué es este "palabro" de nueva hornada? Esta palabra, utilizada muy a menudo por los defensores del medio ambiente, hace referencia a "la ausencia de sentido de pertenencia a un lugar en particular” y también al "sentimiento de desolación que provoca la desaparición de ese lugar".

Llevadas por su entusiasmo por el cambio, las marcas persiguen (a veces como locas) la innovación, pero a la vista del Brexit (todavía no consumado) que se cierne en el horizonte, deben armarse también hasta los dientes para hacer frente a la desolación, aseguran Andrew Curry y Joe Ballantyne en un artículo para Market Leader.

A juicio de Curry y Ballantyne, en la votación en torno al Brexit quedaron en evidencia profundas brechas en valor entre quienes estaban a favor y en contra y esas brechas de valor se dejan notar en la visión tremendamente polarizada y divergente que los británicos tienen hoy por hoy sobre casi todo: desde el multiculturalismo al medio ambiente, pasando por internet.

Tales brechas ponen además sobre la mesa otro problema: la profunda decepción que parece causarles a algunas personas la idea de progreso y futuro.

Y decepcionados como están, los consumidores necesitan urgentemente que las marcas les hagan sentir más seguros, especialmente en una era en la que el crecimiento económico se debilitará muy probablemente a corto plazo.

Más allá de procurar seguridad al consumidor, las marcas deberán pensar muy a fondo sobre cómo ejecutar sus estrategias de innovación en un momento en el que la novedad, la tecnología y la disrupción son a priori menos deseables (así lo ha dejado patente el Brexit) que la continuidad, la familiaridad y la simplicidad.

Para proporcionar al consumidor la seguridad psicológica que éste pide (a gritos) en la era post Brexit, las marcas deberán hincarle el diente a la innovación, sí, pero de manera cauta, muy cauta.

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