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Los chicos sin camiseta de Abercrombie & Fitch o cómo del pecho al aire al despecho hay sólo un paso

shirtless greeters La imagen de la elitista marca estadounidense Abercrombie & Fitch está en horas bajas. No sólo ya no vende tanta ropa como antes sino que sus ex trabajadores la están poniendo en un brete con confesiones que no tienen nada de "cool".

Varios "shirtless greeters" (o simplemente chicos sin camiseta) que trabajaron en su día para la famosa marca estadounidense han confesado recientemente el diario Die Welt las "vergüenzas" de un trabajo que dista mucho de ser tan estiloso como parece de puertas para afuera.

Denis es el nombre (modificado) de unos estos chicos de camiseta. Este estudiante trabajó en su día como “shirtless greeter” para la filial de Abercrombie & Fitch en Hamburgo. ¿Su trabajo? Lucir pectorales, apostarse a la entrada de la tienda y saludar a los clientes con la siguiente frase: “Hey, what’s going on! Thanks for coming in!”.

“Calculo que habré dicho esta frase más de 2.000 veces”, asegura este joven de 24 años, que cobraba 30 euros la hora por su trabajo. Denis reconoce que su sueldo era efectivamente muy elevado, pero para que este sueldo llegara efectivamente a sus arcas necesitaba ajustarse al milímetro a la “look policy” de Abercrombie Fitch, una política en la que estaba definida incluso cuál debía ser exactamente el aspecto de sus pezones.

Y es que no ajustarse a la estricta “look policy” de Abercrombie & Fitch tiene consecuencias muy serias para los “shirtless greeters”. Que se lo digan, si no, a Denis que tras adelgazar unos kilos fue desterrado sin ningún tipo de miramientos por la compañía al interior de la tienda, donde ganaba, por cierto, bastante menos dinero. A la vista de su degradación profesional y salarial, Denis se vio obligado a macharse en el gimnasio para recuperar su puesto de “shirtless greeter” y dejarse tocar los pectorales por jovencitas y no tan jovencitas. “A veces me sentía como una prostituta”, admite Denis.

Moritz también trabajó en su día para Abercrombie & Fitch, pero no como “shirtless greeter” como Denis sino doblando camisetas en el interior de una de las tiendas de la firma. El trabajo parece sencillo, pero sólo lo parece. “Los logos de la marca deben estar perfectamente alineados en las prendas, como también las etiquetas. De lo contrario, el manager de la tienda vuelve a descolocar las camisetas y en el peor de los casos te echa”, relata Moritz.

A la presión de no equivocarse ni un milímetro doblando las prendas de la marca se unen asimismo la oscuridad reinante en las tiendas de Abercrombie & Fitch, los constantes controles que los trabajadores sufren en sus bolsos y la estruendosa música que estos se ven forzados a escuchar durante todo el día.

Está claro que en Abercrombie & Fitch no es oro todo lo que reluce, algo que se deja notar también cada vez en sus arcas, cada vez más vacías. Por eso, y para intentar congraciarse con el público (y no sabemos si también con sus trabajadores), Abercrombie & Fitch quiere empezar a vender tallas más grandes y reducir el tamaño de su llamativo logo en las prendas.

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