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LOS CONSUMIDORES SE REFUGIAN DE LA CRISIS EN CASA

El Índice de Comportamiento del Consumidor refleja una situación ambigua. La valoración de la situación económica del país es muy negativa (un 74,7% la cree mala o muy mala y sólo un 2,5% buena o muy buena), mientras que la de la situación económica de los hogares mejora levemente: el 33,2% la valora buena o muy buena y el 49,9% regular. El indicador del momento para realizar grandes compras evoluciona positivamente, lo que indica que sectores cada vez más amplios perciben que hay o va a haber oportunidades y que los precios van bajando, pero este recorrido aún no se ha completado.

Meses de aprensión y de cambio de comportamientos han dejado secuelas. Los gastos de los hogares han sufrido una metamorfosis. Los destinados a hipotecas y alimentación han descendido. Se han contraído los gastos destinados al coche, el vestido y los complementos y las pequeñas aficiones, pero sobre todo han disminuido los relacionados con las salidas fuera del hogar, lo que refleja un cambio en los hábitos de ocio. Además, estos meses han servido para que los consumidores extraigan el gusto, o se acostumbren, a esta forma de vida más ordenada y descubran que su poder en el mercado deriva de la espera en un momento en el que hay cantidades ingentes de stocks pendientes de comprador.

El estudio de MillwardBrown concluye que hay un sector de la sociedad que está y se siente amenazado en su trabajo y en la estabilidad de sus ingresos, que se está viendo sometido a una fuerte restricción de su nivel de consumo, dominado por tanto por la pulsión del precio más bajo. Pero, para otra parte de las clases medias, la crisis se está viviendo en tercera persona y está aprendiendo nuevos comportamientos que en otras ocasiones hemos denominado maquiavélicos.

La crisis ha dejado secuelas, incluso en los sectores de las clases medias que se sienten protegidas ante la crisis, que se traducen en nuevos comportamientos y actitudes ante el consumo. Estos consumidores están observando cambios de distinta naturaleza, que influyen o pueden influir en sus decisiones de consumo. Sus hábitos de ocio han pasado a gravitar sobre el hogar, convertido en un espacio de sociabilidad, a menor coste que salir, lo que les permite acceder a marcas y productos de mayor calidad a menor precio. De ahí derivan datos como el incremento del consumo de televisión, las ventas de videojuegos o de marcas de cierto nivel para consumo en el hogar. Las oportunidades para estos productos parecen amplias, hay un hueco para que los consumidores compren marcas con más capacidad de disfrute y exclusividad asociadas al hogar.

Se está reorientando el gasto de algunos segmentos de consumidores, controlando los gastos de consumo u ocio para pasar a gastos de inversión doméstica. Es una reorientación que tiene visos de convertirse en estructural: la concreción del cambio hacia formas de vida distintas de los locos 2000. En cierto modo, la crisis está poniendo al alcance de algunos sectores algunos bienes que antes estaban fuera de sus previsiones, lo que facilitó que destinasen buena parte de sus ingresos hacia consumos a corto plazo, en cierto modo volátiles, esta actitud parece estar siendo sometida a revisión.

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