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LOS NIÑOS RECONOCEN QUE VEN DEMASIADA TELEVISIÓN

Tras la aprobación del Código de Autorregulación sobre Contenidos Televisivos e Infancia, que entró en vigor el pasado 10 de marzo, el tema de la responsabilidad de los medios en cuanto a la calidad de los formatos y su adecuación al público infantil se ha vuelto a colocar en el tapete. Un tema que preocupa a la administración, a la audiencia, ¿pero también a los propios medios de comunicación?

Los datos que nos ofrecen los audímetros son abrumadores: los niños de entre 9 y 11 años dedican diariamente entre 150 y 180 minutos a ver la televisión. Pero a pesar de estas cifras, los niños son los que menos televisión ven en el panorama global de la audiencia, ya que los adultos les superan en una o dos horas. Y lo que es más curioso: los menores admiten que ven demasiado tiempo la televisión. Según el estudio realizado por la facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra sobre el uso y valoración que hacen los niños y jóvenes de diversas pantallas de contenidos (Internet, videojuegos, teléfono móvil, televisión, etc.), el 31% de los niños reconocen que son ellos los que más televisión ven en casa, frente al 11% que acusa a su padre y el 9% a su madre.

El problema es que los niños no entienden de horarios protegidos y sus programas favoritos se sitúan en la franja de la noche a partir de las 22.30 de la noche, con programas como Los Serrano, Aquí no hay quien viva, etc. Y nada de ver la tele solos. El 83% de los niños encuestados afirmaron que la sala de estar es el lugar preferido de la casa para ver la tele, el 62% suelen hacerlo con su padre, el 64% con su madre y el 42% admiten que la ven sin compañía.

Por hacer una comparación: los niños alemanes de entre 3 y 13 años ven una media de 93 minutos de televisión al día, exactamente lo mismo que en 1992. Sin embargo, los adolescentes de más de 14 años la ven 225 minutos diarios de media, lo cual supone un aumento comparado con los 168 minutos de 1992. Todos estos datos proceden de la empresa AGF/GfK.

Ahora sólo queda determinar en quién recae la responsabilidad de la calidad de los formatos y su adecuación para el público infantil. Para muchos, la cuestión radica en entender al niño como audiencia y no en basarse en determinados códigos de regulación que en muchas ocasiones dejan de cumplirse.

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