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"Malos humos" generalizados: los coches gastan un 40% más de gasolina de la que dicen

volkswagenA la hora de comprar un coche, tanto si es el vehículo de nuestros sueños como si es un automóvil para el común de los mortales (y de los bolsillos), tendemos a dar muchísima importancia al consumo de gasolina. ¿El problema? Que lo que los coches dicen que gastan en combustible poco o nada tiene que ver con la realidad.

Según un estudio de la organización medioambiental ICCT, la misma que destapó el "dieselgate" de Volkswagen, los automóviles gastan de media (de acuerdo con datos de 2014) un 40% más de gasolina de la que "oficialmente" consumen. Tres años antes, en 2001, ese 40% de discrepancia entre cifras "oficiales" y reales era de apenas un 8%.

Como consecuencia de la divergencia entre el consumo “oficial” y el consumo real de combustible en los coches (ICCT puso bajo la lupa el gasto de gasolina en 20 vehículos “superventas”), los conductores se gastan un promedio de 450 euros más de gasolina al año.

El abismo entre cifras “oficiales” y reales en el consumo de gasolina es particularmente acentuado en los vehículos de la marca Mercedes-Benz. Los modelos Clase A y Clase C de la marca alemana comercializados durante el año 2014 gastan un 53% más de gasolina de lo que proclaman (“oficialmente”) a los cuatros vientos. En 2001 la divergencia era de apenas un 10% en los modelos Clase A y de un 2% en los modelos Clase C.

Tampoco se libran de las “lagunas” entre cifras “oficiales” y reales los modelos Clase E de Mercedes-Benz, que gastan un 54% más de gasolina de la que dicen consumir. En 2001 la discrepancia era del 7%.

La diferencia entre cifras “oficiales” y reales de consumo de gasolina es también abismal en otros fabricantes como Audi, BMW, Opel y Ford, cuyos modelos A5, Serie 5, Astra y Fiesta gastan más de un 40% de combustible del que aseguran al comprador que consumen.

El baile de cifras entre el consumo “oficial” y real de gasolina en las grandes marcas automovilísticas se ha hecho particularmente evidente desde el año 2008 y 2009. Por aquel entonces la Unión Europea fijó los límites máximos de CO2 que estaban autorizados a emitir los coches en el viejo continente.

Sin embargo, lejos de hacer sus coches más ecológicos y evitar así posibles (y elevadísimas) multas por parte de las autoridades europeas, los fabricantes automovilísticos optaron por hacer más sofisticadas su “triquiñuelas” para dar gato por liebre en las mediciones de CO2.

Una de la “triquiñuelas” más tristemente famosa fue la adoptaba en su día por Volkswagen, que equipó sus coches un software deliberadamente programado para alterar la mediciones de gases de sus vehículos en los laboratorios.

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