Anunciantes

De las horrendas cicatrices de la pandemia emergerán nuevas y disruptivas ideas

Marcas y coronavirus: después de la tempestad siempre termina asomando el arcoíris

De las horrendas cicatrices que la pandemia dejará en las marcas emergerán también nuevas y disruptoras ideas, aquellas que ejercerán de vitaminas en tiempos venideros.

coronavirus

Autor de la imagen: Umut Reçber

Hasta a los más optimistas en la arena del marketing y la publicidad les cuesta Dios y ayuda atisbar un mínimo rayo de esperanza en la severa crisis a la que nos ha abocado a todos el coronavirus. Muchos se han limitado al pulsar el botón de la supervivencia pura y dura. Al fin y al cabo, nadie goza de estimaciones mínimamente fiables sobre cuándo la normalidad regresará por fin a nuestras vidas.

Nadie estaba preparado para una pandemia de las colosales dimensiones del COVID-19 y tampoco nadie contaba con un guion previo para actuar frente a sus calamitosas consecuencias, explica Irmgard Hesse en un artículo para W&V.

Quienes lidian con la creatividad en su día a día está y se jactan de ser las aves (creativas) del paraíso en el mundo de los negocios están acostumbrados a improvisar y son perfectamente conscientes de que la imprevisión es a menudo el germen del que brotan en último término las mejores innovaciones.

Puede que algunos profesionales de la creatividad contemplen la actual crisis como un auténtico semillero de oportunidades, pero las marcas no pueden sino contemplar los nubarrones que penden sobre sus cabezas. Muchas han tenido que cerrar sus puntos de venta y no saben a ciencia cierta cuándo podrán volver a levantar la persiana.

No es hora de esconderse sino de dar la cara

¿Qué deben hacer entonces las marcas en estos momento? ¿Esconder la cabeza como el avestruz y aguardar a que vengan tiempos mejores quizás? Es evidente que no (aunque algunas marcas, las adscritas al ramo turístico en particular, no tienen probablemente otra opción).

Las marcas no deben dejar de anunciarse y hacerse "invisibles" en tiempos de coronavirus. El consumidor desea, al fin y al cabo, seguir sabiendo de ellas. Especialmente en estos momentos, cuando los mensajes de esperanza son más necesarios que nunca.

Ahora es el momento de demostrar (con datos y sonantes) la estabilidad y la durabilidad de las relaciones trabadas en los años precedentes entre marcas y consumidores y entre agencias y anunciantes.

¿Se necesitan ambas partes la una a la otra? ¿O son, en cambio, totalmente prescindibles?

Es evidente que las relaciones (incluso las más sólidas) están actualmente a expensas de los cambios. Es imposible no reconsiderar prioridades y trazar una línea infranqueable entre lo relevante y lo superfluo, entre lo familiar y lo amado, dice Irmgrad.

El consumo está abocado a cambiar tras el coronavirus y tiene todas las papeletas para ser mucho más consciente en el futuro. En este sentido las marcas harían bien en posar la mirada en sus productos y dictaminar cuántos son realmente imprescindibles (que serán probablemente muy pocos).

Las marcas verán posible menguada su paleta de productos, pero emergerá probablemente la denominada "cultura de la reparación", esa que llevará al consumidor a alargar la vida de sus teléfonos móviles y de su ropa.

Pero las marcas serán confrontadas con muchos más cambios, tantos que a muchas no les quedará más remedio que reinventarse por completo.

Posemos, por ejemplo, la mirada en la industria turística, que como consecuencia de la amalgama del COVID-19 y la crisis climática se concentrará quizás en otro tipo de viajes en el futuro: más cortos, más locales y más sostenibles.

Todo cambiará tras el coronavirus y no será necesariamente para peor

También le tocará reinventarse a la industria de los eventos. ¿Será realmente posible concentrar a miles de personas en recintos cerrados con un mínimo de seguridad (aunque hayan concluido las restricciones)? Quizás sea el momento de echar el freno a la tendencia "inflacionista" que se había observado en los últimos tiempos en el universo de los eventos y recanalizar parte de esta industria a los cada vez más pujantes canales digitales.

La crisis actual exige nuevas formas de comunicación, que se aplican tanto a la vida privada como la profesional, donde se está colando a marchas forzadas esa digitalización que tanto habían demorado algunos sine die.

Toda crisis coloca a las marcas en la encrucijada y las decisiones que se toman en esa encrucijada pueden trocarse tanto en oportunidades para solventar los conflictos como posibilidades de agravar (aún más) los problemas.

Estar en la encrucijada no es plato de gusto (no es desde luego un mullido colchón sobre el que recostarse y soñar con tiempos mejores), pero confronta a las marcas con preguntas tan incómodas como necesarias. Y las obliga no solo a prometer más relevancia sino procurar que ésta se convierta en algo realmente corpóreo y palpable.

Lejos de "hibernar", las marcas deben aprovechar el momento actual para prepararse para el mundo (diferente pero no menos hermoso) que brotará del vientre del coronavirus.

Son esas marcas, y no otras, las que lograrán batirse en duelo satisfactoriamente con la crisis y ganarle el envite.

Puede que ahora el cielo esté cuajado de nubarrones, pero de tan sombríos nimbos terminará emergiendo el arcoíris. De las horrendas cicatrices que la pandemia dejará en las marcas surgirán también nuevas y disruptoras ideas, aquellas que ejercerán de vitaminas en tiempos venideros, concluye Hesse.

Te recomendamos

Living Marketing

EVO Banco

Outbrain

Adecco

Podcast

Compartir