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Para él, para ella y para todos: las marcas de ropa interior rompen amarras con el género

AnunciantesImagen de las prendas de la marca de ropa interior TomboyX

La emancipación del género de las marcas de ropa interior

Para él, para ella y para todos: las marcas de ropa interior rompen amarras con el género

En los últimos tiempos estamos asistiendo al nacimiento de una nueva generación de marcas de ropa interior ávidas de cubrir las necesidades de las personas de todas las identidades de género.

La mayor parte de la moda pone el acento en los individuos de género binario, pero lo que constituye realmente un auténtico calvario para quienes se consideran adscritos al género no binario no es tanto comprar ropa (a secas) como adquirir ropa interior (que está a merced, no en vano, de múltiples clichés casi desde el principio de los tiempos).

Fijemos, por ejemplo, la mirada en Victoria’s Secret. Tras levantar la persiana de su primera tienda allá por 1977 la célebre marca no tardó en dominar el mercado de la lencería con productos a todas luces hipersexualizados y deudores de estándares de belleza tan específicos como poco realistas.

Sin embargo, después de décadas ignorando deliberadamente a las personas trans y a las mujeres de tallas grandes, Victoria’s Secret ha hecho acto de contrición para colgarse del brazo de embajadoras mucho más diversas como la modelo transgénero Valentina Sampaio o la futbolista abiertamente lesbiana Megan Rapinoe.

Con su cacareado rebranding la marca pretende colocar bajo los focos aquello que las mujeres realmente desean, aunque algunos no ha han tardado en tachar de poco auténtico y de demasiado tardío el propósito de enmienda de Victoria’s Secret.

Rompiendo con décadas y décadas de hipersexualización en la industria de la ropa interior

A mediados de la década de 2010 las marcas de lencería (al menos las adscritas al universo direct-to-customer) comenzaron a enarbolar la bandera de la diversidad y la inclusión. Así y todo, sus esfuerzos parecían seguir quedándose cortos. En 2019 surgió, por ejemplo, la marca de ropa interior Parade, en cuya web aparecen modelos de todas las formas y tamaños, pero donde todas las maniquíes están adscritas también al género femenino.

Teniendo en cuenta que los más jóvenes son mucho menos tímidos que las generaciones precedentes a la hora de hacer gala de su género no binario, la industria de la ropa interior parece ir al ralentí a la hora de satisfacer las necesidades de su público objetivo.

En Estados Unidos el 12% de los millennials se identifican como transgénero o personas no conformes con el género. Y uno de cada seis centennials se define como «queer» o transgénero.

Tanto la Generación del Milenio como la Generación Z tienen el pleno convencimiento de que el concepto (otrora inamovible) de género binario se ha quedado caduco. No en vano, el 25% de los centennials a nivel global espera cambiar su identidad de género al menos una vez a lo largo de su vida.

En este sentido, la Generación Z se siente también menos inclinada a invertir dinero en marcas que percibe como poco auténticas, poco diversas o con deficiencias desde el punto de vista de la sostenibilidad.

La Generación Z está particularmente presta a comprar ropa al margen de etiquetas de género

Conviene además hacer notar que el 56% de los centennials compra prendas de ropa que no están concebidas a priori para el género que les ha sido asignado al nacer.

Por esta razón estamos asistiendo al nacimiento de una nueva generación de marcas de ropa interior ávidas de cubrir las necesidades de las personas de todas las identidades de género.

Es el caso de Urbody, una marca alumbrada el pasado mes de marzo por el influencer de género no binario Mere Abrams y la emprendedora Anna Graham con el último objetivo de comercializar ropa que inspire «la aceptación, el amor hacia uno mismo y la libertad de género», tal y como asegura en su página web. Sus productos se venden en una amplísima panoplia de tallas y están específicamente diseñados para personas de todas las identidades de género.

De corte similar es la marca TomboyX, que vio la luz en 2012 a través de una campaña en Kickstarter y que vende ropa interior desde la talla XS hasta la talla 4X. Célebre por sus coloridos calzoncillos (aptos tanto personas de todos los géneros), TomboyX ha protagonizado un incremento interanual del 50% desde el año 2017.

Otra marca de ropa interior felizmente emancipada del género es Play Out Apparel, fundada en 2013 por Abby Sugar, que se identifica como «queer», y el diseñador E Leifer, de género no binario. Esta firma diseña ropa interior (y también «streetwear») para todas las identidades de género y comercializa desde la talla XS a la talla 5X. Además, el 20% de los beneficios generados por Play Out Apparel van destinados a ONGs con el foco puesto en el colectivo LGBTQ+ y el movimiento Black Lives Matter.

Play Out Apparel hace uso del concepto «gender-equal» (opuesto a los términos «genderless» o «gender-neutral») para referirse a sus productos. Y asegura que la diferencia va más allá de la semántica, puesto no se trata de silenciar la feminidad o la masculinidad con ropa de naturaleza andrógina sino de confeccionar prendas en una amplia variedad de estilos asequibles a personas de todas las tallas e identidades de género.

«No tenemos sección de hombre o de mujer en nuestra web ni hacemos tampoco asunciones sobre aquello que deberías llevar en base a la manera en que expresas tu género», explica Leifer en declaraciones a The New York Times.

«Trazando una línea indivisible entre el género femenino y masculino se crean también jerarquías sociales. Por eso no creo que la igualdad sea realmente alcanzable en la moda sin la demolición del género no binario. Y esto no quiere decir que todos tengan que ser de género no binario. Todos pueden ser tan femeninos o masculinos como deseen. Los más jóvenes ya comprenden este concepto y no quieren que se les diga lo que tienen que comprar o cómo deben expresarse a través de la moda», añade.

«La industria de la moda ha excluido durante mucho tiempo a grupos marginados que simplemente desear acceder a los mismos estilosos ‘outfits’ que ven sobre la pasarela en sus propias tallas y verse representados adecuadamente en la publicidad. Esto no debería tener nada de revolucionario, pero lo cierto es que todavía lo es», recalca Leifer.

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