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La OMS declara la guerra a las bebidas azucaradas exigiendo veracidad y transparencia

azucarA pesar de la buena calidad de vida de la que se goza en la inmensa mayoría de los países occidentales (conocidos popularmente como desarrollados), estamos siendo testigos de un incremento de las enfermedades y dolencias derivas de unos malos hábitos alimenticios y sedentarismo.

Una fotografía que no ha pasado desapercibida para la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hace unos meses conocíamos su polémico informe sobre las carnes procesadas y por todos es sabida su incansable lucha contra el tabaco. Ahora pone el ojo en las bebidas azucaradas.

A estas señala como causantes de los incrementos de enfermedades entre la población (cada vez más jóvenes), de la diabetes o la obesidad que, tal y como informan desde el diario El Mundo; en el caso de esta última estamos hablando de una auténtica epidemia en determinadas naciones.

Motivo por el que desde la OMS y, aprovechando la celebración del Día Mundial contra la Obesidad (11 de octubre), ha pedido la imposición de un impuesto del 20% sobre el precio final de este tipo de refrescos.

Tal y como recogen desde la citada cabecera, este gravamen podría suponer una reducción en su consumo y, por ende, una mejora en la salud de la población a nivel global ante este tipo de dolencias.

¿Realmente estamos ante una epidemia?

Los datos de la OMS dejan más que claro que nos encontramos ante un problema de salud pública que no podemos seguir obviando. Una de cada tres personas tiene sobrepeso. Una situación en la que se encontrarían 42 niños menores de cinco años. Un importante aumento desde los 11 millones registrados en el año 2000.

Si hablamos de enfermedades, vemos como 400 millones de adultos sufren diabetes de tipo 2. Ponemos la vista en España donde las cifras no son menos alarmantes. En nuestro país, el excesivo consumo de azúcar se encuentra entre las principales causas de que el 54% de los españoles y, el 43% de los niños, padezcan obesidad o sobrepeso.

Con las cifras en la mano y siendo objetivos, la reducción en el consumo de azúcar en nuestras dietas no solo mejoraría nuestra salud sino que además, tendría efectos positivos en el gasto sanitario. Desde la OMS advierten de que este proceso debe realizarse bajo la máxima transparencia siempre evitando el establecimiento de un marco regulatorio asfixiante para el sector de las bebidas azucaradas.

Estamos ante una lucha en la que está en juego la salud pública por lo que gobiernos y administraciones no deben ceder ni menospreciar este tipo de advertencias y sugerencias. A la larga, nos enfrentaríamos a problemas y gastos mucho mayores.

Desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recuerdan que la ingesta diaria de azúcar en nuestro país se sitúa en los 94 gramos diarios en el caso de los adultos. Una cifra que duplica la recomendada por la OMS, llegando a cuadriplicar lo recomendado por el organismo como idóneo.

No se trata de estigmatizar las bebidas azucaradas

Hay que dejar claro que el objetivo es mejorar nuestra salud y nunca estigmatizar este tipo de productos. Un consumo moderado de los mismos no resulta nocivo por lo que la batalla sanitaria no pasa por ahí.

Como no podía ser de otra forma, las empresas afectada son han tardado en responder. Desde la patronal española de bebidas refrescantes (Anfabra) han calificado la citada subida de impuestos como “injusta”.

Señalan además que durante los últimos 10 años se ha reducido en un 23% la cantidad de azúcar presente por litro en el conjunto de bebidas refrescantes. Basta con ver los movimientos orquestados por Coca-Cola en los últimos meses por asociar sus productos con hábitos de vida saludables.

El camino ahora pasa por la ya citada transparencia que son los consumidores los primeros en exigir. Las empresas deben asumir el compromiso de informar de forma clara y sencilla a los consumidores sobre los ingredientes que componen sus bebidas.

Las multinacionales deben asumir una responsabilidad social que se inicia en la no financiación de organizaciones dedicadas a la salud pública. Una situación de la que fuimos testigo en Estados Unidos entre 2011 y 2015 cuando Pepsi y Coca-Cola aportaron fondos hasta 96 entidades que tenían por objetivo limitar precisamente el consumo de bebidas azucaradas.

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