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Los oscuros tejemanejes laborales de Zara, donde la palabra "madre" está casi proscrita

Perteneciente al emporio español de la moda Inditex, Zara es una de las empresas textiles más poderosas del mundo. Sin embargo, y pese a que sus arcas están llenas a rebosar, la conocida firma española escatima (y mucho) a la hora de brindar unas condiciones laborales óptimas a sus empleados. Así lo atestigua al menos un reportaje emitido recientemente en Alemania por la cadena de televisión RTL.

En este reportaje el reportero Alexander Römer viaja a Múnich para conocer de primera mano en una tienda de Zara las malas condiciones laborales de la que se lamentan algunos trabajadores de la marca.

Según el testimonio de algunos de los empleados de esta tienda, las condiciones laborales han empeorado allí de manera absolutamente dramática durante los últimos tiempos. Trabajadores veteranos están siendo despedidos y reemplazados por empleados (muy mal pagados y escasamente formados) que no hablan una palabra de alemán.

Infiltrado como cliente, Römer tiene la oportunidad de comprobar la veracidad de los reproches de los trabajadores de la tienda. En el establecimiento casi nadie parece estar en condiciones de responder a sencillas preguntas sobre tallas, productos o cambios. Y a ello se une el problema del idioma. En la tienda visitada por Römer, emplazada en Múnich (la capital de Baviera), prácticamente ningún trabajador habla alemán y si el cliente es incapaz de defenderse mínimamente en inglés, está francamente perdido. Sin embargo, esta insólita situación no es exclusiva de Múnich. En otra tienda visitada por Römer en Hamburgo el reportero vive una situación muy similar (e igualmente rocambolesca).

Los empleados (totalmente huérfanos de conocimientos de alemán) que hay en cada vez más filiales germanas de Zara son mucho más baratos que los trabajadores a los que reemplazan. Y lo son porque no trabajan directamente para Zara sino que son subcontratados (a través de una segunda empresa).

Estos trabajadores subcontratados realizan idéntico trabajo a quienes sí tienen contrato con Zara, pero no cobran el mismo salario (y no reciben tampoco ni paga extra de Navidad ni disfrutan de vacaciones pagadas). Además, si se ponen enfermos o no trabajan lo suficientemente rápido, son reemplazados “ipso facto” y sin ningún tipo de miramientos.

Aproximadamente el 84% de los 4.000 empleados que Zara tiene en tierras germanas son mujeres. Y entre ellas hay no pocas madres que ahora viven con miedo a perder su puesto de trabajo. Muchas tienen, al fin y al cabo, la impresión (más que fundamentada) de que la empresa quiere librarse de ellas y hacerlo además sin ningún tipo de contemplaciones.

En un escrito facilitado por Zara a sus empleadas bajo el título “Babyzeit” (tiempo para el bebé), la multinacional proporciona a las jóvenes madres un singular consejo para compaginar su trabajo en la compañía con el cuidado de sus hijos: echar mano de familiares, amigos y niñeras e informarse de las posibilidades al respecto en la oficina social de la juventud de su ciudad.

Los hijos no parecen ser bienvenidos en Zara. Y si aun así las trabajadoras de la firma deciden seguir adelante y ser madres, deben ser conscientes de que deben “apañárselas” (sin esperar colaboración alguna por parte de la empresa que les da trabajo).

Que Zara muestre supuestamente tanta poca consideración hacia las madres es algo que la firma desmiente totalmente. “Las afirmaciones según las cuales las madres que regresan de su permiso de maternidad tienen problemas son falsas. Sólo en algunas filiales en la que hay ya muchas empleadas con condiciones laborales especiales puede llegar a ser difícil llegar a un acuerdo con las trabajadoras”, señala la empresa española.

En el reportaje algunas empleadas de Zara muestran a los reporteros documentos que dan fe del cuestionable proceder de la firma española cuando éstas se quedan embarazadas.

Cuando una madre regresa a su puesto de trabajo en Zara tras su permiso de maternidad, es invitada habitualmente a una charla con los responsables de reincorporación laboral de la compañía. Estas charlas están pensadas en realidad para empleados que han permanecido enfermos durante largo tiempo a fin de facilitar su reincorporación a su puesto trabajo con suma cautela y teniendo en cuenta las características de su enfermedad.

Sin embargo, el sindicato ver.Di denuncia que varias madres (y empleadas de Zara) han sido invitadas a tales charlas para proponerles repentinamente (y sin previo aviso) nuevos horarios laborales que son prácticamente incompatibles con el cuidado de sus hijos.

¿Lo peor? Que este proceder, aunque mezquino, no está penado actualmente por las leyes teutonas, por lo que las empleadas afectadas no pueden sino apelar al (nulo) sentido de responsabilidad de la propia empresa.

En el reportaje de RTL el reportero Alexander Römer espera a que la tienda de Zara en Múnich que ha visitado eche el cierre y sigue a los empleados subcontratados del establecimiento hasta su casa para llevarse otra desagradable sorpresa. En una pequeña vivienda provista de tres habitaciones viven nueve personas (y todas ellas trabajan en Zara).

“Las viviendas están pensadas para alojar a un total de diez personas, pero generalmente están ocupadas únicamente por nueve”, explica additionstime GmbH, la empresa que está detrás de los empleados subcontratados de Zara.

Para vivir hacinados en estas minúsculas viviendas los trabajadores de Zara deben reservar parte de su sueldo, un sueldo que, no obstante, apenas les da para vivir.

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