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Azar, personalización y "desinformación": las claves del éxito de Pompeii

Pompeii o cómo vender 150.000 zapatillas por "puro azar"

Pompeii o cómo vender 150.000 zapatillas por "puro azar"Cuatro amigos madrileños en busca de aventuras. Aunque podría parecer la sinopsis de una nueva serie, lo cierto es que se trata del origen de una de las marcas que ha cautivado al público joven y casi por casualidad.

Como todos los comienzos, los de Pompeii, fueron duros. Tras sopesar la posibilidad de apostar por las sudaderas o las camisetas, sus fundadores decidieron decantarse por un producto polivalente, capaz de combinar formalidad y desenfado en cualquier ocasión.

Conseguirlo no fue más que una bonita casualidad que se dio al querer cambiar el modelo de cordones iniciales y no tener a mano más que uno de cuero que resultó ser el definitivo.

“No fue una decisión de gurú”, admite Jaime Garrastazu, cofundador y responsable de marketing de Pompeii en su intervención en la jornada “Generación ESIC” en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía de Madrid “Fue puro azar, pero después de estar 8 meses diseñando algo que no sabíamos, llamando a fábricas sin saber qué decir”.

No tenían pautas, ni guías, ni experiencia, pero sí algo mucho más imprescindible en el mundo del emprendimiento: ganas.

“Lo único que nos podemos exigir siendo jóvenes es actitud. Hay que correr, sudar y pelear por lo que queremos. No os podéis exigir que salga todo bien o tomar las mejores decisiones, pero para aprender hay que correr y querer aprender”, añade.

Pero en el camino hacia el éxito, las dudas son muchas pues, al fin y al cabo, “no estamos aportando tecnología o un producto innovador, hacemos zapatillas igual que Vans o Superga”. Entonces, ¿cómo encontrar un elemento diferenciador? Pompeii encontró la respuesta en los números o, más bien, en la personalización.

La decisión de convertir cada uno de sus modelos de “zapas” en un producto único y exclusivo enumerándolas hasta el 349, de manera que dos zapatillas aparentemente iguales en diseño y color, llevaban bordados números distintos.

“La moda es completamente subjetiva. Es muy importante que la gente pueda decir algo racional más allá del diseño que le dé una verdad al proyecto”, explica Garrastazu.

La numeración era esa verdad que “nos sirvió para poder contar una historia y para poder hablar de Pompeii como marca”.

Sin embargo, los problemas siempre vuelven y lo hacen en el momento menos indicado. Así le ocurrió a Pompeii que, un día antes de su estreno en un Pop Up, un defecto de fábrica les puso en un compromiso ante sus compradores.

La resolución de su primera crisis de marca pasó por escuchar a los consumidores, por ofrecerles flexibilidad y naturalidad en la comunicación con ellos. Un cambio de zapatillas después, la marca volvería a ser la misma de siempre.

Buena parte de este éxito se lo deben a la “desinformación” en redes sociales. Así define Garrastazu la estrategia de marketing de la marca. “Empezamos a generar contenido en redes que no explicaba nada de nosotros. Queríamos generar curiosidad y que la gente nos preguntara directamente”.

Este misterio fue clave para que, subidos a una furgoneta, estos cuatro jóvenes recorrieran buena parte de la geografía española presumiendo de “zapas” y de trabajo duro pues lograron escalar sin financiación externa.

Unos años, 150.000 zapatillas y 20 empleados después Pompeii no está dispuesta a dejar de correr. Y, para ello, están bien equipados.

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