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Sin abejas los supermercados se quedan vacíos

¿Por qué está "desnudo" este supermercado? Las abejas lo dejaron en pelota picada

La cadena alemana de supermercados Penny ha llevado a cabo un curioso experimento en una de sus filiales, donde las estanterías se han quedado vacías a fin de demostrar a sus clientes cómo sería un mundo sin abejas.

abejas"¿Por qué no hay nada?", se pregunta un cliente, poseído por una sorpresa mayúscula, cuando posa sus ojos en los estantes totalmente desabastecidos de fruta del supermercado donde ha acudido a hacer la compra. Más allá de unos cuantos plátanos y unas pocas piñas, la sección de frutería está prácticamente desierta. No hay peras ni kiwis ni mangos ni melones.

“Sin abejas las estanterías están vacías” es el cartel que hay depositado en las despobladas estanterías del supermercado. Una empleada explica a los atónitos clientes que el punto de venta ha desterrado de sus estanterías todos aquellos productos que dejarían de recalar en las tiendas si las abejas desaparecieran de la faz de la Tierra.

En un establecimiento emplazado en la ciudad de Hannover la cadena alemana de supermercados Penny emprendió ayer un singular experimento para dar cuenta a sus clientes de cómo sería un mundo huérfano de abejas. Y a juzgar por sus despejadas estanterías de Penny, ese mundo sería de todo menos pródigo en alimentos (y también de otros artículos no comestibles). Aproximadamente el 60% de los productos comercializados por Penny se han esfumado de las estanterías. De 2.500 productos que se comercializan habitualmente en este punto de venta han sobrevivido a la extinción de las abejas únicamente 1.600 artículos.

La mayor parte de las estanterías, frigoríficos y congeladores de Penny están vacíos o llenos de huecos. “Un mundo sin abejas sería radicalmente diferente. Y es precisamente con esta realidad con la que hemos decidido confrontar a nuestros clientes”, explica Andreas Krämer, portavoz del grupo Rewe (la matriz de Penny), en declaraciones a Spiegel.

De la polinización de las a menudo ninguneadas abejas son totalmente dependientes no sólo muchas frutas y verduras sino también alimentos como el café, el cacao, los platos preparados, los productos congelados, los zumos, los cosméticos e incluso las gominolas.

En las entrañas de las pizzas congeladas hay agazapada aceite de girasol cuya producción no sería posible sin la polinización de las abejas. En los desodorantes, las cremas y los jabones hay ingredientes vegetales como los cítricos y la manteca de karité que son igualmente deudores de las abejas. Y las gominolas necesitan ser revestidas de cera de abejas para evitar que en las bolsas donde son envasadas las unas se peguen a los otras formando una enorme masa.

Las estanterías de Penny, que ha llevado a cabo tan singular experimento en colaboración con la asociación ecologista Nabu, están también despobladas de múltiples artículos para bebés. Más allá de pañales de la marca Pampers y agua para bebés, no hay prácticamente nada. Las aceites vegetales, las frutas y las verduras son, al fin y al cabo, ingredientes absolutamente esenciales en productos como las papillas. Y tampoco hay ropa. El algodón está sujeto igualmente para su producción a la polinización de las abejas.

Los puerros, los tomates, las patatas, la nata, el queso fresco, el pan y la carne picada son algunos de los alimentos que forman parte de la lista (extraordinariamente exigua) de productos que sobrevivirían a la extinción de las necesarias abejas.

También se han librado del singular (y deliberado) apocalipsis perpetrado por Penny las estanterías de vinos, cervezas y bebidas espirituosas. La vid y el lúpulo son plantas que (afortunadamente) se polinizan a sí mismas y no precisan, por consiguiente, de la intervención de las abejas.

Junto al ganado vacuno y el ganado porcino, las abejas son los animales más explotados por el hombre, que depende totalmente de ellas para alimentarse y pertrecharse de productos absolutamente básicos en su día a día. Más del 90% de las plantas salvajes y el 75% de aquellas que son cultivadas por el hombre necesitan ser polinizadas por las abejas. A estos pequeños insectos se les saca anualmente un provecho económico estimado en alrededor de 500.000 millones de euros.

¿El problema? Que las benéficas abejas están en peligro. Y en los últimos 30 años su existencia (medida en biomasa) ha retrocedido en un 75%. Además, de los 450 tipos de abejas salvajes que hay en Alemania la mitad están amenazadas (o en el peor de los casos ya extinguidas).

“De esta situación tiene la culpa fundamentalmente la agricultura industrial”, explica Leif Miller, director de la asociación ecologista Nabu. Pesticidas como el glifosato y los neonicotinoides, la ausencia de campos en flor y los cultivos de barbechos están matando poco a poco pero sin pausa a las abejas.

Si la agricultura no se desgaja de su mentalidad industrial y no hace suyas políticas más biológicas, las abejas morirán y con ellas muchos de los productos que pueblan de manera tan extraordinariamente frondosa las estanterías de los supermercados.

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