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H&M y la polémica por su fotografía supuestamente racista

Por qué a la hora de juzgar el racismo de H&M y otras marcas sobran los "metomentodos"

H&MHace unos días H&M se colocaba en el ojo del huracán por publicar en la web británica de su tienda online una fotografía de un niño de color ataviado con una sudadera en la que podía leerse la siguiente y controvertida frase: “Coolest monkey in the jungle” (El mono más guay de la selva).

En torno a la foto de marras se ha generado un calenturiento debate en el que hay claramente dos bandas. Están, por una parte, aquellos que ha interpretado la imagen de la discordia como una difamación claramente racista (y estrechamente vinculada a la época colonial) de las personas de raza negra.

No son pocas las personas de color (algunas muy conocidas) que han puesto el grito en el cielo por lo que consideran un claro despropósito por parte de H&M. De hecho, el cantante The Weeknd ha anunciado su “divorcio” de la marca sueca, con la que había colaborado en algunas ocasiones, precisamente por culpa de la fotografía.

Por otra parte, están aquellos que no ven nada particularmente racista en la fotografía de H&M y que están convencidos de que el supuesto racismo de la imagen es fruto simple y únicamente de las acusaciones (quizás exageradas) vertidas contra ella, explica el rapero Megaloh en un artículo para Spiegel.

Los padres del niño retratado accedieron a que el menor fuera fotografiado con la sudadera de la polémica, por lo que sería a ellos a los que en todo caso competería juzgar el supuesto racismo de la fotografía.

Al hilo del debate generado en torno a la imagen de H&M, algunos no han podido evitar poner sobre la mesa la siguiente pregunta: ¿Qué hubiera sucedido si fuera un niño blanco el que llevara la sudadera?

Se da la circunstancia de que en la web británica de la tienda de H&M hay una segunda fotografía en la que un niño de raza blanca aparece retratado con una sudadera pertrechada de esta leyenda: “Mangrove Jungle Survival Expert” (Experto en supervivencia en la selva).

En realidad tanto una como otra imagen se ajustan como un guante a un estereotipo difundido durante siglos en las sociedades occidentales: el de la raza blanca que impone su indiscutible superioridad en la selva y el de la raza negra que peca, sin embargo, de de primitiva y salvaje (y es hasta cierto punto equiparable con los monos).

Este estereotipo (como bien saben todos aquellos conocedores de los vericuetos del racismo contra las personas de color) ha sido reproducido hasta la saciedad, por la literatura (de la mano del celebérrimo Tarzán, por ejemplo), por los denominados teóricos de la raza, y también por los políticos ultraderechistas de nueva hornada.

La absurda comparación de las personas de raza negra con los simios echa raíces en execrable explotación colonial de África, recuerda Megaloh. Durante siglos las personas oriundas del continente africano fueron explotadas, maltratadas, esclavizadas, torturadas, mutiladas y asesinadas. Y los europeos asistieron sin inmutarse a tan inmundo espectáculo.

Su indiferencia se deja notar aún hoy, cuando en los estadios de fútbol a jugadores de color como Boateng se les recibe, por ejemplo, con pieles de plátano.

¿Qué significa entonces la herencia colonial (y profundamente racista) que hay como telón de fondo en la fotografía de H&M? Que da igual si la marca escandinava pecó realmente de racista con la foto o si simplemente se colgó del brazo (con muy poco tacto) de un estereotipo cultural. Decidir sobre el racismo que está o no presente en la imagen compete sólo a los directamente afectados: a la familia del niño retratado y a todas las personas de color.

H&M no necesita tener a su vera a abogados aficionados (a favor y en contra). En torno al racismo que hay o no agazapado en la fotografía de la marca deben pronunciarse única y exclusivamente los afectados (las personas de color). Si a los verdaderamente afectados se les niega la expresión de los sentimientos (negativos o neutros) que les despiertan manifestaciones presuntamente racistas, las injusticias del pasado no harán sino perpetuarse, recalca Megaloh en su artículo.

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