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Qatar Airways, la marca cuya pelota voló (sin comerlo ni beberlo) al tejado de la política

Qatar Airways se ha convertido en los últimos años en una de las aerolíneas de más relumbrón en el competitivo espacio aéreo internacional. Sin embargo, su fenomenal éxito podría convertirse de la noche a la mañana en fracaso (por obra y gracia de la política).

Desde que Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto decidieran aislar por tierra, mar y aire a su vecino Qatar (por el supuesto apoyo financiero que presta este país al terrorismo), la aerolínea catarí, con sede en Doha, está seriamente amenazada.

La crisis diplomática en la que está involucrado su país de origen ha dejado a Qatar Airways a los pies de los caballos. Desde este martes, y ante la prohibición de sobrevolar el espacio aéreo de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto, los vuelos de la compañía catarí con destino a Europa y Norteamérica han tenido que desviar su ruta a Irán.

“Cuando más se prolongue esta situación, más en peligro estará el modelo de crecimiento de Qatar Airways”, asegura Simon Elsegood, experto en Oriente Próximo del Centro Australiano de Análisis para la Aviación, en declaraciones a Spiegel.

“Going places together” es el sonoro y atractivo eslogan de Qatar Airways (QR). En el trascurso de los últimos años al aerolínea del Golfo se ha labrado muy buen nombre en el universo (concurridísimo) de las compañías aéreas.

QR se precia de ser una de las aerolíneas más exitosas, más queridas por los pasajeros y que más rápido crecen en todos los rincones del planeta.

Con una extensísima red de destinos, que van desde Oslo a Auckland, pasando por Buenos Aires y Manila, QR ha sido merecedora en tres ocasiones durante los últimos seis años del codiciado Skytrax World Airline Award, un certamen en el que millones de pasajeros eligen a su aerolínea favorita.

Sin embargo, desde ayer QR no puede sobrevolar ni aterrizar en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto. Y en vista de tales restricciones, la aerolínea tendrá que suspender más de 50 vuelos al día.

Para otros destinos, fundamentalmente aquellos ubicados en Occidente, a QR no le ha quedado más remedio que optar por los rodeos a fin de evitar sobrevalorar el espacio aéreo de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto.

La aerolínea debe poner toda la carne asador para evitar que los pasajeros pierdan por completo la confianza en una marca que hasta hace muy poco se las prometía feliz y contaba con el beneplácito (y los elogios) de sus clientes.

QR se enfrenta en estos momentos a retrasos, cancelaciones y nuevas sanciones por parte de los países vecinos. Ayer mismo Arabia Saudí y Baréin retiraban a QR su licencia de actividad en sus respectivos territorios y obligaban a la aerolínea cataría a cerrar allí todas sus oficinas en un plazo de apenas 48 horas.

“Qatar Airways es en muchos aspectos una aerolínea excelentemente gestionada. Pero ahora se enfrenta a un serio problema”, señala Ursula Silling, directora de la consultora suiza XXL Solutions. “Y se verá irremediablemente sumergida en el caos en un futuro próximo”, advierte. La excepcional amplitud y complejidad de su red de destinos no hará sino multiplicar los problemas con los que tiene que lidiar actualmente QR, recalca Silling.

“Por eso, es de vital importancia contener la pérdida de confianza de los pasajeros en QR”, dice Silling. Y esto no será tarea fácil ni mucho menos para la aerolínea catarí. Los medios locales informan ya de larguísimas colas frente a los mostradores de QR en los países de la región del Golfo.

La aerolínea tiene que indemnizar y recolocar en otros vuelos a miles de pasajeros y procurar además hoteles a aquellos que se han quedado en tierra. A estos pasajeros se unen aquellos que tienen previsto volar próximamente con QR, que ven su viaje pender de un hilo y a los que la compañía no puede procurar ninguna respuesta porque se enfrenta a problemas cuya resolución escapa totalmente a sus manos.

Antes de que el conflicto diplomático entre Qatar y sus países vecinos se materializara (y dejara en una posición extraordinariamente débil a QR), la aerolínea tuvo que confrontar también durante las últimas semanas unos cuantos problemas.

En primer lugar, el anuncio de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, de vetar la entrada en territorio estadounidense de pasajeros oriundos de determinados países árabes hizo que cundiera la inseguridad entre muchos de los clientes de QR.

A otro peliagudo problema se tuvo que enfrentar QR cuando la administración Trump decidió vetar el uso de portátiles a bordo entre aquellos pasajeros que volaban desde Doha y otras ciudades de Oriente Próximo como Dubai y Abu Dhabi.

QR decidió ofrecer entonces a sus pasajeros de Business Class el alquiler de gadgets, una solución que no se antoja, no obstante, tan cómoda como la posibilidad de que el cliente viaje a bordo con su propio “notebook”.

“Si este tipo de sucesos se convierten en la norma, muchos viajeros podrían evitar deliberadamente la región del Golfo para sus viajes y apostar en su lugar por aerolíneas asentadas en otras zonas”, indica Silling. “Si los problemas se prolongan mucho más en el tiempo, QR podría enfrentarse a un destino similar a Turkish Airlines”, afirma.

Durante los últimos años la aerolínea del Bósforo se convirtió en una de las más grandes del mundo, con destinos en todos los puntos del globo. Aun así, después de una serie de ataques terroristas (entre ellos el que afectó al aeropuerto de Estambul), de un intento fracasado de golpe de estado y del despido de centenares de empleados, Turkish Airlines está actualmente en números rojos y tiene inmovilizado varios de sus aviones.

De momento, la situación de QR dista mucho de ser tan dramática como la de Turkish Airlines. Y los retrasos en los vuelos de la aerolínea catarí se están manteniendo por el momento dentro de unos límites razonables. Aun así, si la situación se dilata en el tiempo, muchos viajeros se lo pensarán muy mucho en el futuro antes de volar con QR, advierte Silling.

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