Anunciantes

Los anunciantes quieren los frutos de la publicidad (sin su coste)

¿Qué demonios quieren los anunciantes? Quieren todo por nada

Nublados por la fantasía (absurda) de los social media, los anunciantes quieren los frutos de la publicidad sin los costes de la publicidad, asegura Bob Hoffman en The Ad Contrarian.

anunciantesDar respuesta a una pregunta aparentemente simple (la de qué quieren los anunciantes cuando le hincan el diente a la publicidad) se ha hecho crecientemente compleja (y hasta peliaguda) en tiempos cada vez más esotéricos, y abstrusos, en la industria publicitaria.

Aun así, Bob Hoffman, que jamás se muerde la lengua a la hora de emitir diagnósticos (habitualmente demoledores) sobre la industria publicitaria, cree saber lo que quieren realmente los anunciantes. “Quieren los frutos de la publicidad sin el coste de la publicidad”, asegura Hoffman en un post publicado en su blog The Ad Contrarian.

Hoffman admite que en un principio esta respuesta (inevitablemente controvertida) acudió a su mente de manera más bien automática, como si le hubiera venido dada desde fuera. Pero transcurrido algún tiempo, y una vez “macerada” esa primera e impetuosa respuesta, Hoffman se reafirma y afirma que los anunciantes quieren efectivamente beneficiarse de todas las ventajas de la publicidad sin asumir los costes que esta disciplina lleva aparejados.

En torno a este objetivo (el de conseguir todo sin dar nada) giran, al fin y al cabo, todas las fantasías que hay eternamente revoloteando en torno a los social media y el branded content, asegura Hoffman.

Esas fantasías tienen como último objetivo conseguir algo por nada. Y todas las ideas (necias hasta el tuétano) que tratan de lograr algo por nada, tales fantasías están condenadas al fracaso.

Hace diez años en la mente, asombrosamente crédula de los anunciantes, se abrió paso una ilusión, la ilusión (metamorfoseada después en delirio) de que los consumidores amaban con todas sus fuerzas a las marcas y querían unirse a las conversaciones en torno a ellas, leer sobre ellas y compartir su denodado entusiasmo por ellas con sus amigos en las redes sociales. La ilusión de marras era vergonzosamente infantil pero también muy poderosa y por eso caló hondo entre los anunciantes, recalca Hoffman.

Algún autodenominado (y a todas luces necio) gurú llegó a asegurar hace una década que, sacando todo su jugo al social media marketing, las marcas podrían renunciar a pagar por la (carísima) publicidad.

Para constatar que en torno a los social media existe un más que evidente espejismo no hay más que posar la mirada sobre Facebook, que tiene las arcas llenas hasta la bandera gracias a la publicidad pagada (esa que se supone que los anunciantes no iban a tener que utilizar jamás en las redes sociales).

Aun así, y pese a que el desvarío no ha tardado en revelarse como tal, la fantasía sigue viva y coleando. Los clientes siguen pidiendo todo por nada, y las agencias (tontas de remate) continúan prometiéndoles los frutos de la publicidad sin los costes de la publicidad. Es hora de clavar de una vez por todas el puñal a esa dañina fantasía, concluye Hoffman.

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