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¿Racismo alimentario? Por qué Pepsi y Nutella son (supuestamente) diferentes en Europa del Este

¿Racismo alimentario? Por qué Pepsi y Nutella son (supuestamente) diferentes en Europa del Este“Creo que estamos ante uno de los mayores escándalos del pasado reciente”, asegura a viva voz Janos Lazar, portavoz del primer ministro húngaro Viktor Orbán. “No aceptamos las divisiones dentro de la UE”, subraya, por su parte, la primera ministra polaca Beata Szydlo.

Quienes con tantísima contundencia así se expresan no hablan de política sino de jamón, galletas y crema de chocolate. En Europa del Este se está gestando en estos momentos un gran escándalo alimentario que promete hacer muchísimas pupa tanto a la UE como a las grandes marcas del concurridísimo mercado de la alimentación.

Y es que eslovacos, checos, polacos y húngaros se sienten claramente discriminados en los supermercados. ¿Por qué? Básicamente porque los productos de marcas internacionales que aterrizan en sus tiendas son de peor calidad que los se abren paso en los comercios de Europa Occidental. Al diario polaco Gazeta Prawna no le duelen prendas a la hora de hablar de “racismo alimentario”.

El desencadenante de semejante escándalo han sido varios tests alimentarios llevados a cabo en Europa del Este. La autoridad alimentaria húngara NEBIH ha puesto recientemente bajo la lupa 24 productos diferentes que se comercializan tanto en Hungría como en la vecina Austria en supermercados como Lidl y Aldi, según recoge Süddeutsche Zeitung.

¿El problema? Que la variante local húngara de la célebre marca de barquillos Manner es menos crujiente que la austriaca, y que la Nutella húngara no es al parecer tan cremosa como la comercializada en el país vecino.

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Por otra parte, el Ministerio de Agricultura de Eslovaquia ha hallado también escandalosas y vergonzosas diferencias en 22 productos alimentarios de grandes marcas internacionales.

En Eslovaquia las salchichas contienen, por ejemplo, menos carne y más grasa y líquido que los productos (de idénticas marcas) comercializados en Europa Occidental.

A esta larga ristra de reproches se une un estudio de la Universidad de Praga encargado en 2015 por un eurodiputado que concluía que los refrescos de la marca Pepsi comercializados en la República Checa estaban edulcorados con sirope en lugar de con auténtica azúcar (como en la vecina Alemania). Además, en la variante checa de Sprite la investigación emprendida por la Universidad de Praga halló aspartamo, un edulcorante de bajo coste. Y las barritas de pescado de la marca Iglo contienen en Chequia, de acuerdo con este informe, un 7% menos pescado que las comercializadas por la misma marca en Alemania.

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En vista de las pruebas irrefutables que dan fe del “racismo alimentario” practicado supuestamente por las grandes empresas internacionales de alimentación, Eslovaquia, Chequia, Polonia y Hungría quieren que la Unión Europea tome cartas en un asunto que hace sentirse a estos cuatro países como el “basurero de Europa” (en palabras del ministro checo de Agricultura Marian Jurecka).

Representantes de estos cuatro países se reunirán esta semana en Varsovia (Polonia) para adoptar un proceder conjunto ante una situación que tildan de absolutamente lamentable y forzar a Bruselas a mediar en el conflicto y a prohibir las prácticas que alientan el denominado “racismo alimentario”.

“No puede ser que haya ciudadanos europeos de primera y de segunda clase”, recalca el primer ministro de Eslovaquia Robert Fico.

Para los fabricantes de las marcas puestas en la picota por Eslovaquia, Chequia, Polonia y Hungría por su supuesto “racismo alimentario”, los reproches de estos cuatro países son indudablemente un asunto delicado y hasta espinoso. Razón de más para que hayan reaccionado hasta el momento al escándalo con más reserva que otra cosa.

Coca-Cola ha puesto ya en conocimiento de un eurodiputado que la decisión sobre los edulcorantes empleados en sus refrescos incumbe directamente a las embotelladoras locales. Según la célebre marca de bebidas refrescantes, la receta individual de sus productos se adapta a las preferencias en cuanto a sabores de los lugares en que estos se comercializan. Y afirma que la receta empleada por Coca-Cola en Chequia es en realidad muy similar a la utilizada en España o en Estados Unidos.

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Por su parte, Ferrero apunta que “como empresa global de la industria del dulce, no participa en ninguna discusión política. Sin embargo, podemos garantizar que las recetas de nuestros productos se definen a nivel central en nuestro Departamento de Calidad Central y son comparables tanto desde el punto de vista de la composición como de la tecnología utilizada para su elaboración”, afirma la compañía transalpina en un comunicado.

“Además, todas las materias primas y los proveedores de envases están calificados y seleccionados de acuerdo a nuestras normas corporativas, definidos centralmente por personal altamente especializado. Asimismo, realizamos pruebas químico-físicas, microbiológicas y sensoriales a nivel central. Estas pruebas verifican la calidad de los productos elaborados en nuestras fábricas para garantizar estándares equivalentes”, recalca Ferrero.

La marca austriaca de barquillos Manner desmiente también que haya diferencias locales en sus productos. “Estos reproches carecen de validez alguna en el caso de Manner”, afirma una portavoz de la firma en declaraciones al diario Die Presse. Según esta portavoz, hay una única receta para la elaboración de los barquillos Manner y ésta no se adapta en función del país en el que se vende el producto. “Hay, de todos modos, empresas, que sí cambian la receta de sus productos para adaptarla al paladar de mercados concretos”, admite.

Otras empresas apelan al escaso poder adquisitivo de los países de Europa del Este para justificar que la calidad de sus productos no sea allí la misma que en mercados donde los precios son más elevados.

Sin embargo, lo cierto es que los productos de grandes marcas no son siempre más baratos en Europa del Este que en Europa Occidental sino más bien todo lo contrario.

De acuerdo con la revista polaca especializada en consumo dTest, la Nutella comercializada en Polonia es un 20% más barata que la vendida en Alemania. Aun así, la carne y el pescado comercializados en Europa del Este son, de acuerdo con la Universidad de Praga, bastante más caros que los despachados en Europa Occidental.

Que en Europa del Este los precios de ciertos alimentos sean en ocasiones más baratos que en Europa Occidental se debe no tanto a la calidad (menor) como a la fuerte competencia que hay allí en el sector alimentario. “El argumento de que la calidad debe reducirse por culpa del precio es falso”, sostiene Miloš Lauko, director de la asociación eslovaca de consumidores en declaraciones a Deutschlandfunk.

Eslovaquia, Chequia, Polonia y Hungría quieren que la UE fuerce a todos los fabricantes que comercializan bajo idéntico envase el mismo producto en países diferentes que la calidad sea análoga en todo el mercado único.

Sin embargo, y en vista de la complejidad asociada a la fabricación de alimentos, para cuya elaboración se utilizan a veces proveedores muy distintos, los expertos no se muestran excesivamente optimistas en lo referente a las reclamaciones de Eslovaquia, Chequia, Polonia y Hungría. Y eso que el hecho de que en el seno de la UE haya ciudadanos de primera y de segunda clase es absolutamente inadmisible y atenta contra el espíritu de la unión.

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