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Sacando fuerzas de flaqueza durante la pandemia

Sacando músculo en tiempos de coronavirus: 5 "ejercicios" que fortalecen a las marcas

Las marcas no pueden echar el freno de mano a la espera de tiempos mejores. Deben a comenzar a trabajar desde ya en su propio porvenir y salir en el mejor de los casos reforzadas de la crisis.

coronavirus

Autor de la imagen: THREE KOMA

Nada volverá a ser igual tras la crisis del coronavirus, por mucho que ilusamente anhelemos recuperar nuestra vieja normalidad (esa a la que probablemente hayamos perdido la pista para siempre).

Durante algún tiempo la pandemia del COVID-19 nos pareció un mal sueño del que tarde o temprano despertaríamos. Sin embargo, los epidemiólogos han acabado por hacernos poner los pies en el suelo. El coronavirus permanecerá a nuestra vera durante aún mucho tiempo. De hecho, puede que nunca logremos despegarnos de su lóbrega sombra.

¿Qué significa que todo empiece de nuevo con la pandemia? ¿Qué conclusiones podemos extraer de esta amarga realidad? Nadie puede aventurar con exactitud lo que nos deparará el futuro, pero tampoco podemos permitirnos el lujo de permanecer paralizados.

A pesar la incertidumbre que nos acogota debemos desarrollar nuevas actitudes de cara a los próximos meses. Tampoco las marcas pueden echar el freno de mano a la espera de tiempos mejores. Deben a comenzar a trabajar desde ya en su propio porvenir para salir en el mejor de los casos reforzadas de la crisis.

Para ayudar a las marcas a sacar músculo en tiempos de coronavirus Irmgard Hesse propone las siguientes tesis en un artículo para Horizont:

1. Paliar la falta de confort con toneladas de inspiración

No nos lo parecía entones, pero la vida en la era precoronavirus era en muchos sentidos un gigantesco y mullido colchón. Todo, absolutamente todo (desde la economía al trabajo pasando por la vida privada), debía mirar hacia delante y casi siempre en la misma dirección. Y dar la vuelta atrás constituía una violación casi obscena de las reglas colectivas (y hasta individuales).

Sin embargo, lo cierto es que los parones como los propiciados por el COVID-19 propician el crecimiento cualitativo. No en vano, solo quienes se detienen, ya sea voluntariamente de manera forzosa, pueden pensar de manera radicalmente nueva.

La creatividad no anida única y exclusivamente en el frenesí al que estábamos acostumbrados antes del coronavirus. Y echa también brotes verdes (quizás mucho más vigorosos) utilizando la incertidumbre como simiente.

2. Desarrollar una nueva modestia apalancada en la sostenibilidad

Antaño el mantra de muchas marcas era "Más alto. Más rápido. Más allá". Hoy toca reemplazar ese mantra por otro quizás menos llamativo y rimbombante, pero no por ello menos eficaz. "Más inteligente. Más a largo plazo. Más amplio".

Probablemente solo conseguiremos emerger más fuertes de la crisis si no amalgamamos los tres grandes movimientos de nuestro tiempo: la digitalización, la lucha contra la crisis temática y las conclusiones de ese gran experimento social que ha sido el encierro propiciado por la pandemia.

Durante la cuarentena solapada a la pandemia el consumidor ha terminado desarrollando unos hábitos de consumo más sostenibles. Y se ha dado cuenta de que consumiendo menos, se generan menos residuos, de que utilizando menos el coche, se liberan menos gases contaminantes a la atmósfera.

El vestido de verano del año pasado puede aguantar perfectamente un temporada más, desplazarse en bicicleta se ha revelado como un auténtico placer (¡adiós atascos!) y cultivar tomates es un hábito tan "cool" como saludable.

Como consecuencia de la pandemia estamos desarrollando un nueva modestia que poco nada y tiene de ornamental y que nos está permitiendo reconciliarnos con nuestra esencia humana.

Ante esta nueva realidad las marcas deberán ser conscientes de que la nueva normalidad requerirá probablemente el desarrollo de nuevos productos y servicios. Quienes pongan en manos del consumidor los productos y los servicios que la gente reclama en este momento saldrán definitivamente robustecidos de la crisis. Y quienes ignoren la nueva modestia que está anidando en el alma del consumidor (y que confiere a las cosas más simples el estatus de auténtico lujo) morderán probablemente el polvo.

3. Menos movilidad, más introspección

Durante las últimos semanas nos hemos sentidos atrapados en una especie de rueda de hámster.

Al inicio de la pandemia, y como si fuéramos hámsters, compramos papel higiénico como si no fuera mañana y llenamos la despensa de alimentos que no necesitábamos de manera inmediata (pero que sentimos que debíamos acumular).

Encerrados en las cuatro paredes de nuestro hogar, hemos aprendido a amarlo y descubrir su lado más confortable, ese que no podíamos disfrutar en la frenética era precoronavirus.

En los últimos dos meses nos hemos dado cuenta además del tiempo que invertíamos inútilmente en ir y volver del trabajo cada día, en reuniones del todo improductivas y en "miniviajes" de fin de semana de los que podríamos prescindir en realidad fácilmente.

El COVID-19 nos ha hecho más hogareños y seguiremos siéndolos en el futuro aun cuando las restricciones vayan relajándose poco a poco.

4. Optimismo testarudo

Durante el encierro al que nos ha condenado el coronavirus hemos aprendido a desplegar un optimismo extraordinariamente testarudo (y fruto de la infinita paciencia desplegada en las últimas semanas).

El optimismo que ha terminado echando anclas en nuestra alma es además fuertemente colectivo. Imbuidos de optimismo, nos hemos convencido de que incluso los cambios más radicales son posibles si toda la sociedad en su conjunto pone de su parte.

5. Sí al aburrimiento (el silencio es profundamente inspirador)

El silencio nos permite escuchar aquello que antes no conseguía llegar a nuestros oídos: el trino mañanero de los pájaros o el repiqueteo de la lluvia contra la ventana.

Durante la pandemia nos hemos aburrido muchísimo, pero simultáneamente hemos gozado extraordinariamente del tedio, porque de él ha terminado brotando la inspiración.

El COVID-19 nos ha confrontado frente a una crisis existencial de muchísimo calado y eso nos ha cambiado también como consumidores. Algunos productos que otrora comprábamos con fruición y de manera completamente desaforada ya no tendrán lugar en nuestro carrito de la compra.

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