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El crecimiento de Salesforce no se detiene ante nada ni ante nadie

Salesforce, la empresa que crece (a toda costa) a zancadas de gigante

Salesforce, el gigante del software con el foco puesto en el CRM, ha convertido el crecimiento en una auténtica obsesión que no se detiene ante una rentabilidad que le es aún más bien esquiva.

salesforceLas ambiciones pueden medirse a veces en metros cuadrados. Es, por ejemplo, el caso de Salesforce. El pasado mes de junio la compañía estadounidense de software alquilaba en CEBIT, la feria tecnológica por antonomasia en tierras europeas, un pabellón entero y un colosal recinto exterior para presentar sus soluciones de CRM, para hablar de tecnología y para acoger la celebración de conciertos. Ningún otro expositor gritó tan alto y tan fuerte como lo hizo Salesforce en la última edición de CEBIT.

Que Salesforce tirara hace unos meses la casa por la ventana en CEBIT no obedece, en todo caso, a la casualidad. La compañía les promete a sus accionistas un crecimiento raudo y veloz (y digno de envidias sanas y no tan sanas) e invierte con muchísimo vigor en su propia expansión, en particular en el viejo continente. En el último año la facturación de Salesforce pegó una zancada del 25% hasta los 10.500 millones de dólares. Pero estas conspicuas cifras le saben poco a la empresa de software, que quiere jalonar sus cuentas con aún más ceros (y corresponder como se merece a la confianza que en ella han tenido a bien depositar sus inversores).

Salesforce es líder en el universo de las soluciones de software con el foco puesto en el CRM. Con una facturación global de más de 40.000 millones dólares, el del CRM es el mayor (y probablemente el más rentable) mercado de software del mundo. Con un cuota de mercado del del 18,8% en sus manos, Salesforce es número uno en este sector, donde se desenvuelven también empresas como SAP, Oracle y Microsoft.

Marc Benioff, fundador de Salesforce, sabía ya en 1999, cuando tuvo a bien alumbrar su criatura, que el futuro estaba en el “cloud computing”. Los clientes ya no instalan programas de software en sus ordenadores o en sus centros de datos. Acceden a ellos directamente a través de internet, donde tienen permanentemente a su alcance todas las actualizaciones pertinentes. Para todas las empresas de software el “cloud computing” es hoy por hoy la norma.

La clarividencia del bueno de Benioff (que era noticia hace sólo unos días por comprar la emblemática revista Time) se reveló acertadísima y su empresa ha protagonizado un crecimiento meteórico en los últimos años. En el periodo comprendido entre 2015 y 2018 los ingresos de la compañía se duplicaron. Y durante la primera mitad del año la facturación de Salesforce se incrementó en un 25%.

En la fenomenal trayectoria de Salesforce hasta la fecha hay un único pero: que el crecimiento va claramente por delante de la rentabilidad. En sus dos últimos ejercicios fiscales la compañía se embolsó beneficios que nada tuvieron de pingües. Y durante los años precedentes el gigante del software estuvo sumido incluso en números rojos.

El margen operativo de Salesforce en su último ejercicio fue de apenas un 2,25% (una anémica cifra que contrasta, por ejemplo, con el 20,8% obtenido por uno de sus rivales más temibles: SAP). La compañía se ha propuesto, no obstante, dar fuelle a su rentabilidad en el futuro. En los últimos meses a Salesforce se ha puesto como meta lograr un margen operativo del 3,5%, una cifra que peca de inevitablemente modesta (a ojos probablemente de sus accionistas).

La empresa fundada por Benioff es arrebatadoramente inquieta y no para de explorar nuevas vías de negocio. Suyo es, por ejemplo, un software que pretende automatizar la búsqueda de técnicos y proveedores de servicios muy concretos dentro de las organizaciones.

Sales Cloud, que genera anualmente unos ingresos de 3.550 millones de dólares, es la división más importante dentro de Salesforce. No obstante, las ramificaciones de la compañía en el terreno del servicio al cliente y el marketing crecen también como la espuma. Los esfuerzos de Salesforce por estirar como el chicle su propio portfolio están mereciendo la pena.

La expansión de la empresa en nuevas vías de negocio y en nuevos mercados es, sin embargo, extraordinariamente cara. El año pasado el marketing y la ventas devoraron aproximadamente 4.830 millones de dólares, el equivalente al 46% de la facturación anual de Salesforce.

También en el área de la investigación y el desarrollo la empresa estadounidense es extraordinariamente dadivosa. La inversión en este segmento aumentó en el último ejercicio en un 28% hasta los 1.550 millones de dólares.

Desde hace aproximadamente dos meses la plataforma de marketing Datorama forma parte oficialmente de la familia de Salesforce. Esta adquisición habría estado cifrada en aproximadamente 800 millones de dólares. Y el pasado mes de mayo Salesforce copaba de nuevo titulares por una compra muy sonada, la del proveedor de plataformas para conectar redes y datos Mulesoft. Esta adquisición costó a Salesforce la friolera de 6.500 millones de dólares.

Para hacer posibles tan ambiciosas adquisiciones la compañía no duda en elevar, si hace falta hasta el infinito y más allá, sus deudas. Con la compra de Datorama y Mulesoft el endeudamiento a corto y largo plazo de Salesforce se habría elevado hasta los 3.780 millones de dólares.

Cargando una deuda tan elevada sobre sus espalda, la compañía se ve obligada a reevaluar su propia valoración cada año.

Pero sus accionistas no temen la reevaluación, más bien al contrario. El valor de Salesforce ha mostrado un magnífico desarrollo en los últimos años, alcanzado actualmente una valoración de aproximadamente 112.000 millones de dólares.

Los inversores se benefician lógicamente de la tendencia alcista de los títulos de Salesforce. Quien tuviera a bien haber adquirido acciones de la compañía por un valor de 1.000 dólares hace cinco años, se embolsaría aproximadamente 2.500 euros a día de hoy.

Puede que a Salesforce le falte aún reconciliarse con la rentabilidad, pero mientras tanto su espectacular y constante “tour de force” nubla todas sus posibles debilidades. Prueba de ello es Dreamforce, el fastuoso evento que Salesforce celebra todos los años en su San Franciso natal y cuya última edición comienza mañana en la ciudad californiana.

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