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Las marcas veteranas pecan de poco creíbles en lo referente a la sostenibilidad

La sostenibilidad se les atraganta más a las marcas veteranas que a las noveles

A las marcas veteranas les cuesta más ser creíbles cuando hincan el diente a lo sostenibilidad que a las marcas de nueva hornada (que prácticamente sostenibles por defecto).

sostenibilidadNo es ningún secreto que los más jóvenes no pierden ripio de la sostenibilidad a la hora de decidir qué productos arrojan o no en el carrito de la compra. De acuerdo con un reciente informe de la consultora alemana A&B One, los jóvenes de entre 20 y 25 años se adhieren con particular celo a los preceptos sostenibles cuando incursionan en el supermercado y priorizan la compra de alimentos locales y de temporada en los que el packaging de origen plástico esté reducido a la mínima expresión (o en el mejor de los casos brille completamente por su ausencia).

Así y todo, los jóvenes son realistas y no piden tampoco peras al olmo a las marcas en materia sostenible. Les basta que las marcas hagan pequeños pero enjundiosos gestos para terminar decantándose por ellas a la hora de tomar sus decisiones de compra.

¿El problema? Que los gestos (grandes o pequeños) en lo relativo a la sostenibilidad los hacen mucho más fácilmente las jóvenes startups que las marcas ya asentadas desde hace años en el mercado.

Al fin y al cabo, las marcas más veteranas, muchas de las cuales llevan varias décadas en el mercado, jamás se habían preocupado antes de la calidad orgánica de sus ingredientes y de si su producción se había atenido o no a las normas del comercio justo.

Para las marcas más veteranas la sostenibilidad es un hueso duro de real y corren el peligro de ser poco creíbles a este respecto

La joven marca danesa de productos lácteos Arla, que vio la luz en 2000, es juzgada, por ejemplo, como creíble cuando utiliza la etiqueta "bio" en su leche de origen orgánico. Sin embargo, pocos consumidores asocian a la mucho más veterana marca KitKat con la producción sostenible de cacao.

En este sentido, a las marcas más fogueadas en el mercado les cuesta más ser creíbles en materia sostenible a ojos del consumidor que a las marcas de nueva hornada (que prácticamente sostenibles por defecto).

Para que su credibilidad no se resienta las marcas deben ir más allá de añadir variantes sostenibles a su porfolio a modo de coartada. Es preciso que la sostenibilidad permee de manera consistente todo el porfolio de las marcas (haciendo, si es necesario, un relanzamiento de productos).

Otra alternativa es por supuesto que las marcas más veteranas permanezcan fieles a sí mismas y opten por no implementar  ningún cambio. Pero así se arriesgan a caer en las redes de las nostalgia y a que el consumidor termine consumiendo sus productos con conciencia culpable.

Lo que está claro es que para hincar el diente a la sostenibilidad las marcas no pueden conformarse con "maquillar" ligeramente sus productos para darles una ligera pátina ecológica y deben poner toda la carne en el asador si desean ser realmente creíbles para el consumidor (que terminará condenándolas al ostracismo si detecta cualquier inconsistencia por su parte).

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