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Nike, un campeón mundial en propósito con unos cuantos trapos sucios

¿Le viene grande a Nike el (deslucido) título de campeón mundial en propósito?

Con su aclamada campaña "Dream Crazy" Nike se adjudicó el título de campeón mundial en propósito. Sin embargo, en los últimos tiempos ese título se ha visto severamente deslucido.

dream crazyCon su aclamada (y también controvertida) campaña protagonizada por Colin Kaepernick Nike escribió el año pasado su nombre con letras doradas en la historia de la publicidad. Sin embargo, en los últimos meses la célebre marca deportiva ha copado bastantes titulares (de naturaleza negativa) que deslucen inevitablemente el estatus de Nike de campeón mundial en propósito (un título del que se hizo acreedor de manera casi instantánea con la campaña con Kaepernick como protagonista).

Es indiscutible que esa campaña es uno de los mayores éxitos publicitarios de los últimos años. «Dream Crazy», la campaña en la que Nike colocó a Colin Kaepernick bajo los focos, causó sensación en todo el mundo y abrió la espita del debate (necesario) sobre si las marcas deberían o no mojarse y enarbolar la bandera del propósito, explica Ingo Rentz en un artículo para Horizont.

«Dream Crazy» tuvo además un efecto extraordinariamente benéfico en las arcas de Nike. Tras el lanzamiento de la campaña las ventas de la compañía protagonizaron una escalada del 14% (también en Estados Unidos, donde hubo incluso llamadas al boicot contra Nike por culpa de «Dream Crazy»).

La campaña recibió también el aplauso unánime de la industria creativa y ganó 2 Grand Prix en Cannes Lions y un Emmy (entre otros muchos galardones).

Más de un año después del lanzamiento de «Dream Crazy», que posicionó a Nike como adalid de la lucha contra el racismo, la imagen de la marca se ha visto deslucida por varios asuntos sobre los que la marca habría preferido correr un tupido velo.

Recientemente Nike ha tenido que justificar por qué mantenía abierto en Portland, su ciudad natal, un centro de entrenamiento para corredores de larga distancia que a todas luces se habían dopado.

Dopaje, sexismo y política internacional, los berenjenales en lo que se ha metido Nike en los últimos meses

Fuertemente lacerada por las críticas la marca ha tenido que asumir las consecuencias derivadas de su error y ha anunciado el cierre de Nike Oregon Project (NOP) –así se llama el centro de entrenamiento de la polémica.

Pero, ¿es este el final del agrio debate en el que se ha visto involucrado Nike? Lo cierto es que no. Al parecer la compañía (o al menos algunos de sus más altos ejecutivos) habrían estado en todo momento al tanto de las prácticas de Alberto Salazar, el entrenador jefe de NOP y actualmente suspendido durante cuatro años para violar las regulaciones antidopaje.

Entretanto, Salazar rechaza todas las acusaciones que pesan sobre él y asegura que va a tomar acciones contra su suspensión.

Pero los problemas de Nike no se limitan al dopaje. Este año han salido a la luz informaciones que dan cuenta de que en el pasado la compañía redujo o canceló totalmente sus relaciones comerciales con deportistas embarazadas.

En un artículo publicado hace unos meses por The New York Times la atleta estadounidense Alysia Montaño se lamentaba de que Nike, en calidad de sponsor, la forzó a continuar corriendo en avanzado estado de gestación cuando se quedó encinta y que, tras el parto, trató de acelerar su reincorporación (so pena de dejarla sin sueldo).

Estas informaciones fueron veneno en estado puro para una compañía que, al fin y al cabo, se jacta en su publicidad de ser la perfecta adalid del empoderamiento femenino en el deporte.

Por si fuera poco Nike ha vuelto hace poco a ser noticia por retirar de sus tiendas en China artículos de merchandising del equipo de baloncesto Houston Rockets. Tan chocante decisión habría sido provocada porque el manager de los Houston Rockets, Daryl Morey, se solidarizó en su momento con las manifestaciones de Hong Kong.

Los hechos demuestran, por lo tanto, que entre lo que Nike defiende en su publicidad (que no pocos tachan de cínica) y lo que hace en su día a día en calidad de empresa hay una profundísima zanja. Para cerrar la brecha Nike deberá trabajar duro para ser creíble de nuevo, y para conseguirlo su principal aliada no será tanto la publicidad como su cultura corporativa, que necesita a todas luces pasar por chapa y pintura, concluye Rentz.

 

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