El Festival de Cannes, que bajaba el telón el pasado sábado entregando la Palma de Oro a la película rumana Fjord y ungiendo a Los Javis (Javier Ambrossi y Javier Calvo) con el premio a la mejor dirección por la cinta española La bola negra, tiene la vitola de ser uno de los festivales cinematográficos más prestigiosos sobre las faz de la Tierra. Y triunfar allí constituye todo un honor para quienes se dedican profesionalmente al séptimo arte. Sin embargo, Cannes es mucho más que cine y es también un opulento carnaval dedicado a la mayor gloria del lujo.
Prueba de ello es que Chopard, una marca suiza joyería perteneciente al conglomerado francés del lujo LVMH, fabrica el galardón de más pedigrí del Festival de Cannes, la Palma de Oro, y organiza sus propias galas (además de prestar sus suntuosas joyas a muchas de las estrellas que desfilan por la alfombra roja).
El cine comparte planos en Cannes con el lujo en su vertiente más ostentosa
Las joyas presentes en Cannes no son joyas cualquiera y son tan desvergonzadamente onerosos que a veces un simple collar (sea o no de Chopard) cuesta más que un apartamento en la exclusiva Riviera francesa.
Aunque el emblemático Palais des Festivals es el centro neurálgico del Festival de Cannes (allí se proyectan, al fin y al películas que concurren en el certamen), hoteles de lujo como Martinez, Le Majestic o Carlton son también fastuosos (y no menos importantes) escenarios de un evento donde la opulencia desempeña, al fin y al cabo, un rol absolutamente preponderante.
En esos hoteles se alojan no sólo las grandes estrellas de cine, sino también influencers como Georgina Rodríguez que no tienen a bote pronto nada que ver con la industria cinematográfica y aún así son invitadas a desfilar por la alfombra roja de Cannes (quizás la prueba inequívoca de que el cine es simplemente uno de los protagonistas del festival, y no necesariamente el más importante).
El trayecto con destino a Martinez, Le Majestic o Carlton acapara muchísimos «flashes» por parte de los fotógrafos congregados en Cannes y por esta razón marcas automovilísticas de lujo como BMW prestan sus majestuosos automóviles a «celebrities» que ni siquiera presentan ninguna película en el festival con tal de contagiarse del glamour emanado del evento. Y es que dedicarse profesionalmente al séptimo arte no es definitivamente condición sine qua non para tomar en esa gran mascarada del lujo que es Cannes.
En el Festival de Cannes Lions no se cuelan en todo caso única y exclusivamente marcas de lujo, sino también marcas asequibles (pero convenientemente permeadas de una gruesa pátina aspiracional) como L’Oréal Paris. La firma francesa es, no en vano, sponsor oficial del evento y cada año entrega en el marco del Festival de Cannes el Premio Lights on Women’s Worth.
La presencia (en modo alguno discreta) de los sponsors en Cannes
Por esta razón, no obedece probablemente a la casualidad que la inauguración del Festival de Cannes Lions corriera a cargo este año de dos embajadoras de L’Oréal Paris: la leyenda de Hollywood Jane Fonda y la renombrada actriz china Gong Li. Jane Fonda se metió en el bolsillo a los asistentes al festival con su apasionado discurso en pro de la libertad en el cine, mientras que Gong Li, que sostenía en la mano una tarjeta con el logo de L’Oreál Paris, concitó muecas de disgusto por parte de algunos asistentes (que se lamentaron de la omnipresencia de los sponsors en Cannes).
Más allá de L’Oreál Paris es también patrocinador del Festival de Cannes el conglomerado francés de artículos de lujo Kering, que celebra, de hecho, su propio evento, Women In Motion, en el marco del festival.
Otra marca de gran consumo (y ajena al lujo en su vertiente más clásica) que se ha abierto paso en la última edición del Festival de Cannes Lions es Magnum. La célebre marca de helados celebró una fiesta durante el famoso festival y reclutó a la supermodelo alemana Heidi Klum para que luciera un vestido de un llamativo verde pistacho y rindiera tributo al «sabor de la temporada».

Si antes las marcas tenían una presencia mucho más discreta en Cannes y se limitaban a vestir a los actores que los actores y las actrices que presentaban allí película, ahora las marcas son mucho más agresivas haciéndose presentes (casi a la fuerza) en el celebérrimo festival, donde llegan al extremo de comprar asientos en el Palais des Festivals para influencers ajenas completamente al séptimo arte.
Además, si otrora las marcas tomaban parte en Cannes para contagiarse del prestigio en el plano puramente artístico del festival, ahora su principal objetivo a la hora de tomar parte en ese centelleante baile de máscaras es la monetización del glamour y el impacto en las redes sociales. Puede que el cine siga siendo protagonista en Cannes, pero ese protagonismo lo comparte cada vez más con el nutrido ejército de marcas allí presentes (que no practican en modo alguno el lujo silencioso).





