La nueva y controvertida política arancelaria de Donald Trump traerá inevitablemente bajo el brazo precios al alza en prácticamente todos los ámbitos de actividad en Estados Unidos, pero los aranceles castigarán con especial saña el bolsillo de los consumidores estadounidenses cuando tengan a bien comprar zapatillas y otros artículos deportivos. A fin y al cabo, los nuevos aranceles del presidente de Estados Unidos se cebarán particularmente con países del Sudeste Asiático como Vietnam y Camboya donde tienen sus cuarteles generales un buen número de proveedores de Nike, Adidas o Puma.
Por lo pronto los títulos de estas tres compañías se desmoronaron ayer en los parqués bursátiles después de que Trump hiciera pública el día anterior su nueva política arancelaria, que gravará con aranceles del 46% las importaciones procedentes de Vietnam, del 49% las de Camboya, del 37% las de Bangladesh, del 32% las de Indonesia y del 34% las de China.
Más allá de fabricantes de artículos deportivos como Nike, Adidas y Puma, se verán también severamente afectados por la agresiva política arancelaria de Trump gigantes del «fast fashion» como H&M e Inditex, que tienen externalizada buena parte de la producción en países del Sudeste Asiático.
Los expertos estiman que la carga arancelaria asumida por la industria textil en Estados Unidos subirá del 15% al 30% con los nuevos aranceles de Trump. Y este ramo de actividad pagará este año alrededor de 26.000 millones de dólares en aranceles, más del doble que el año pasado.
En el transcurso de los últimos años muchos fabricantes de artículos deportivos y firmas de moda han desplazado parte de su producción de China a países del Sudeste Asiático (Vietnam, Indonesia o India) a medida que las relaciones entre Washington y Pekín se han tornado en mucho más tensas. Y ese desplazamiento de la producción podría salirles a la postre muy caro.
Los costes emanados de los aranceles serán inevitablemente trasvasados al bolsillo del consumidor
Con aranceles por encima del 40% en países como Vietnam y Camboya, los retailers no podrán asumir íntegramente el coste de los nuevos gravámenes y deberán traspasar inevitablemente parte de ese coste al consumidor.
De acuerdo con analistas de UBS consultados por Reuters, para hacer frente a los aranceles del 46% a las importaciones procedentes de Vietnam será necesario que los retailers apliquen una subida en los precios de entre el 10% y el 12%. Solo en 2024 Estados Unidos importó de Vietnam prendas y complementos por un valor de 15.000 millones de dólares.
Durante el año pasado la multinacional estadounidense Nike fabricó aproximadamente la mitad de sus zapatillas y el 30% de sus prendas de ropa en Vietnam, mientras que su rival Adidas confió al país del Sudeste Asiático el 39% de la producción de su línea de calzado y el 18% de su colección de ropa.
A la vista del abultado volumen de las importaciones procedentes de países como Vietnam, no sorprende en modo alguno que la International Apparel Federation, que representa a fabricantes de ropa y complementos en 40 países, confiese estar en estado de «shock» con la nueva política arancelaria de Trump. «En último término alguien tendrá que pagar el precio de los aranceles», admite la federación.
Además, dejar de producir en países de Sudeste Asiático para desplazar buena parte de la producción a Estados Unidos, tal y como desea Trump, no es algo que pueda acometerse de la noche a la mañana y su completa implementación puede demorarse varios años. Y aunque la transición se llevara a cabo con éxito, los costes se dispararían, los precios emprenderían inevitablemente la cuesta hacia arriba, los márgenes de beneficios se verían notablemente mermados y los consumidores podrían eventualmente dar plantón a las marcas en las que otrora confiaban.





