Medios

¿Necesitamos hacer dieta informativa?

Cuando hablamos de obesidad, no podemos evitar pensar en ella en términos físicos que se refieren a un peso poco saludable que termina por obstruir arterias y provocar problemas cardiacos. Pero hay otro tipo de obesidad, consecuencia de la sociedad de la información: la obesidad informativa que, en este caso, obstruye la vista, la mente y las bandejas de entrada de los usuarios. Una cantidad excesiva de información “grasienta” que se asienta sobre nuestras preconcepciones.

Pero esta obesidad informativa, igual que la física, se puede tratar. En The Information Diet (La dieta informativa), Clay Johnson, activista a favor de la red abierta, fundador de Blue State Digital y estratega online de la campaña de Obama en 2008, explica cómo podemos llevar a cabo un consumo más consciente de noticias e información. Y para entender mejor de qué va esto de la dieta informativa, Johnson explicó las claves del régimen en una entrevista para NPR.

1. El parecido entre comer y consumir información
Según explicaba Johnson, “nuestros cuerpos están preparados para que les guste la sal, la grasa y el azúcar. Nuestras mentes están preparadas para ser reafirmadas y que se les diga que están en lo cierto. ¿Quién quiere oír la verdad cuando puede oír que tiene razón? ¿Quién quiere ser informado cuando puede ser reafirmado? Lo que hacemos es decirle a nuestros medios que eso es lo que queremos oír, y nuestros medios responden a eso diciéndonos qué es lo que queremos, y a veces no es lo mejor para nosotros”.

2. Cómo reconoció su propia obesidad informativa
Johnson reconoció ser un obeso informativo mientras trabajaba en la campaña presidencial de Howard Dean en 2004. “Me di cuenta de que debido a nuestra dieta de medios, estábamos consumiendo todo lo que era genial sobre Howard Dean”. Tal era el consumo de información favorable al político que, después de un incidente en Iowa, el grupo de la campaña siguió creyendo que ganarían las elecciones. “Ahí fue cuando empecé a ver que podemos ser un poco ilusos en el mundo de la política”.

“Acabó conmigo cuando vi a un chico sujetando una pancarta sobre su cabeza delante de la Casa Blanca hace un par de años que decía ‘Mantén tus manos gubernamentales fuera de mi asistencia sanitaria’ y otra persona delante del Hospital Walter Reed Army que decía ‘Enlístate aquí para morir por Haliburton’. Eso es lo que me hizo empezar a pensar: hay algo que está pasando con nuestra retórica, y hay algo que está pasando con nuestras dietas de medios, donde hasta los más informados podemos ser ignorantes”.

3. Más información puede estrechar, en lugar de ampliar horizontes
“Lo que la elección de información nos aporta es la capacidad de desinformarnos a nosotros mismos de todo tipo de formas nuevas. Si tienes una conversación con alguien que dice ‘creo que X es lo acertado’ y otra que dice ‘creo que Y es lo correcto, y podéis recurrir a vuestros ordenadores y construir un caso para demostrar que estáis equivocados. De repente, esa síntesis que se ha hecho realmente…la democracia empieza a desaparecer. Perdemos nuestra capacidad de sintetizar cuando podemos demostrar siempre que tenemos razón”.

4. Nuestros clics tienen consecuencias
Como asegura Johnson, “sólo porque tu jefe no te vea leyendo el último post de Kim Kardashian en el Huffington Post no significa que no tenga consecuencias. Cuando haces clic sobre él, estás haciéndolo más visible para otras personas. Eso significa que la dieta informativa es algo con consecuencias éticas para ti y para los demás”. Y añade: “cuando vas al Huffington Post o a otro gran medio, lo que hacen es mostrar 20 ó 30, o a lo mejor sólo dos, titulares distintos para una noticia en particular, y cuando haces clic sobre él, eso supone un voto para uno de los titulares. Con el tiempo, el titular con más clics gana y pasa a la primera página. Y así se toman algunas decisiones editoriales hoy en día”.

“Muchas propiedades de AOL y otras ‘granjas de contenidos’ que están intentando simplificar la producción de contenidos, se despiertan por la mañana y miran las tendencias de búsqueda en Google. Google pone a la disposición pública cuáles son las cosas que la gente está buscando en cada momento. Así, las decisiones editoriales se basan en esta información. Es esta idea de votar por los contenidos que no es muy buena para la gente”.

5. Las compañías de comida rápida no tienen toda la culpa de la dieta insalubre, y las comunidades online tampoco
Según el experto online, la obesidad tiene una relación directa con el acceso y las condiciones económicas, “pero a veces también tiene que ver con comer demasiado, y lo mismo pasa con la información. Creo que mucha gente no tiene un gran acceso a la información y a la buena información, eso es seguro, pero también en el mundo de internet, tenemos acceso casi universal a todo lo que necesitamos. Y eso significa que tenemos que tomar decisiones con poder e informadas sobre qué estamos consumiendo. Es la única forma de ‘vivir bien’ en cierto modo online”.

6. Cómo adaptar la dieta de Michael Pollan a la información
La famosa dieta de Michael Pollan reza: “come comida. No mucha. Principalmente plantas”. Sobre la información, Johnson afirma: “busca. No mucho. Principalmente hechos”. Esto significa comer con muy poca frecuencia en las grandes cadenas de información y mantenerse cerca de las fuentes. Es cierto que esto puede llevar tiempo, pero empezar a conocer la información de primera mano “nos ayuda a ser mejores ciudadanos”.

7. Fomentar los buenos hábitos
“La cuestión es, podemos hacer que suficiente gente diga: ‘hey, ¿sabes qué? Se acabó. Se acabó con el sensacionalismo de los medios. Se acabó con que las compañías mediáticas se aprovechen de mí para poder venderme anuncios’. Si queremos hacer que los medios sean mejores, entonces tenemos que empezar a consumir mejores medios”.

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