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5 claves para entender de qué hablamos cuando hablamos (como loros) de las "fake news"

fake-newsHay un nuevo "palabro" de moda en el universo del periodismo y la comunicación. Desde que Donald Trump ganara las elecciones al otro lado del charco aupado (supuestamente) por toneladas y toneladas de noticias falsas, todo el mundo habla de las execrables pero omnipresentes "fake news".

Las "fake news", cuyo hábitat natural son las redes sociales, son a priori un fenómeno extraordinariamente novedoso, pero ¿no ha habido siempre propaganda y teorías de la conspiración? ¿Por qué llamamos "fake news" a lo que son mentiras puras y duras?

En torno a las “fake news” existen muchos malentendidos. A continuación, y de la mano de Spiegel, le proponemos 5 claves para entender un poco mejor el fenómeno que ha llevado, según las malas lenguas, al controvertido Donald Trump a la Casa Blanca:

1. Hablamos de “fake news” cuando se generan de manera intencionada noticias falsas y tales informaciones se esparcen después, con motivaciones espurias, en las redes sociales. Las “fake news” se difunden con la inestimable ayuda de la Web 2.0 y para colgarse del brazo de la ansiada viralidad, despiertan deliberadamente la ira del lector abordando temas sensibles como la inmigración, la paz, la guerra y el desempleo.

2. Hay “fake news” cuya falsedad está más o menos bien camuflada y otras de elaboración mucho más burda en las que los embustes se huelen a la lengua. De todos modos, la habilidad de las noticias falsas para camuflar los embustes en ellas agazapados no influye en absoluto en su potencial viral. Hay “fake news” absolutamente descabelladas que acaban teniendo después muchísimo eco en la red de redes. Es lo que sucedió, por ejemplo, con el infame “pizzagate” de las últimas elecciones presidenciales estadounidenses. Esta teoría de la conspiración, que vinculaba al Partido Demócrata de Hillary Clinton con prácticas pedófilas y satánicas, se difundió como la pólvora en las redes sociales porque quienes estaban detrás del bulo lo asociaron a un hecho real: la filtración por parte de Wikileaks de varios emails de John Podesta, el jefe de campaña de la candidata demócrata. Enfrentados a flagrantes mentiras como las del “pizzagate”, muchas personas no dudan en compartirlas en las redes sociales porque están convencidas de que tales mentiras, que reafirman su propia visión del mundo, podrían ser en realidad verdades como puños.

3. Las “fake news” son diseminadas en las redes sociales por motivos políticos y económicos. Las noticias falsas que con tantísimo garbo desfilan por las redes sociales son la nueva propaganda política del siglo XXI y cumplen el mismo propósito que los mensajes propagandísticos tradicionales: reforzar las creencias de aquellos que las leen y hacerles sentir que todo aquello en lo que creen tiene una pátina (más o menos gruesa) de verdad. Además de tener fines políticos, las “fake news” son también un estupendo negocio, puesto que, independientemente de su ausencia de verdad, generan muchísimos clics y los clics se traducen en pingües ingresos publicitarios.

4. Las “fake news” no pueden prohibirse (por más que nos duela). La prohibición por ley de las noticias falsas, algo con lo que ya especulan algunos políticos, no erradicaría lamentablemente el problema de las “fake news”, ya que hay mercado (de sobra) para las “presuntas” verdades. Las “fake news” no dejan de ser un síntoma de la pérdida de confianza de la gente en el “establishment”. Aun así, y pese a que intentar frenar (al 100%) las noticias falsas es como tratar de poner puertas al mar, sí es cierto que gigantes online como Facebook y Google tienen en sus manos meter en vereda, hasta cierto punto, el fenómeno de las “fake news”.

5. No todo lo que es falso es “fake news”. ¿Cuál es la frontera que separa las noticias falsas de las que sido simplemente “deformadas” (en favor o en contra de alguien)? Esta es la pregunta que se asalta inevitablemente al lector cuando se aproxima por primera vez a webs de noticias como Breitbart News. Medios que cometen errores y trufan de mentiras (intencionadas o no) sus informaciones hay en todas partes. Y debemos tener además en cuenta la sátira de la que hacen gala algunos medios en sus informaciones. ¿Hay que meter también a los medios satíricos en el saco de las “fake news”?

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