Medios

El periodismo local, en estado de coma por culpa del COVID-19

El coronavirus echa sal en la herida de la prensa (cada vez más frágil) en EE.UU.

Durante la crisis del COVID-19 muchos estadounidenses han permanecido en la penumbra, una penumbra que habrían podido iluminar con sus informaciones los periódicos locales (cada vez más anémicos y faltos de recursos).

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Autor de la imagen: Ahmed Sobieh

Desde que la crisis del coronavirus emergiera en el horizonte el Gobierno de Estados Unidos habría estado ocultando de manera sistemática información al gran público. Y el dato es no solo absolutamente desolador para la población estadounidense sino también para el periodismo de aquel país. Al fin y al cabo, los "publishers" estadounidenses de carácter independiente hacen frente a cada vez mayores presiones allende los mares.

El primer encargo de Rachel Dissell para el diario local Cleveland Plain Dealer fue cubrir una manifestación contra la discriminación racial en 2002. Dissell contaba por aquel entonces con apenas 20 años, acaba de salir de la universidad e hincaba el diente al periodismo con el voraz apetito inherente a su insultante juventud.

Periodista extraordinariamente curtida en su profesión, cuando estalló la pandemia del COVID-19, Dissell hizo lo que siempre había hecho: zambullirse de lleno en la investigación. Pero casi 14 días después la veterana reportera se quedó compuesta y sin trabajo.

Cuando estaba trabajando en una historia sobre diferentes empresas que habían rehusado acogerse a las restricciones solapadas al coronavirus, Dissell recibió un mensaje de texto en el que se le informaba de que ya no se necesitaban sus servicios.

El Cleveland Plain Leader inició su exitosa andadura en 1842. Pero su ciudad natal, otrora muy enfocada a la industria, se enfrenta a graves problemas económicos desde los años 70. Cuando Dissell comenzó a trabajar en la veterana cabecera, está contaba con un plantilla de 350 reporteros. Después de la última ola de despidos, de la que ha sido víctima la propia Dissell, quedan apenas 4 periodistas en activo en el rotativo.

El coronavirus está acelerando la desaparición de las cabeceras locales

En Estados Unidos los periódicos locales y regionales llevan desde hace años a merced de una gravísima crisis. El país ha perdido aproximadamente 1.800 diarios desde 2004. Y más de la mitad de los 3.143 condados de Estados Unidos tienen una única cabecera, que a menudo se publica una única vez a la semana. En 200 condados no hay ya ninguna publicación local.

"Muchas comunidades que son muy pobres en el plano financiero se están viendo privadas de todos los lazos con la democracia y el resto de la sociedad", subraya Penny Abernathy, de la Universidad de Carolina del Norte.

Y en ciudades como Cleveland, donde el periodismo continúa aún a flote, el coronavirus está provocando una auténtica sangría. Más de 30 medios han desaparecido en Estados Unidos desde el inicio de la pandemia.

Muchos de los diarios que están actualmente desapareciendo del mapa al otro lado del charco con rotativos extraordinariamente veteranos. Es el caso del Journal Express de Knoxville (Iowa), que fue fundado por un amigo de Abraham Lincoln y ahora ha echado el cierre. Ha desaparecido asimismo The Edmund Sun de Oklahoma, que publicó su primer número en 1889.

Y la extinción de la prensa estadounidense no puede llegar en un peor momento. Las fuentes independientes de información son más importantes que nunca en estos momentos, pero están languideciendo poco a poco. Y si a ello añadimos que la Casa Blanca ha perdido el estatus de fuente fidedigna de información, las consecuencias son potencialmente demoledoras.

Numerosas autoridades locales no han tenido, por ejemplo, acceso a información fiable sobre la difusión del virus en su territorio durante semanas. De hecho, una investigación de la NBC ha determinado que la Casa Blanca ha ocultado de manera deliberada cifras sobre la pandemia.

Muchos estadounidenses están en la penumbra ante la deficiencia de periodismo independiente

Durante la crisis del COVID-19 muchos alcaldes y gobernadores han permanecido en la penumbra, una penumbra que habrían podido iluminar con sus informaciones los periódicos locales (cada vez más anémicos y faltos de recursos).

En Georgia, por ejemplo, el gobernador republicano Kemp falsificó estadísticas para justificar así la rápida reapertura de restaurantes y establecimientos comerciales. El diario Atlanta Journal-Constitution expuso la falsificación de las cifras y las autoridades gubernamentales tuvieron que disculparse.

El Atlanta Journal-Constitution, merecedor de numerosos premios premios Pulitzer en el pasado, puede ufanarse de ser uno de los diarios con mejor salud en Estados Unidos. Pero aun así ha perdido el 40% de su tirada en los últimos años.

En Florida otro periódico local, The Tampa Bay Times, expuso también las mentiras del Gobierno local. El rotativo reveló que las cifras de muertos eran un 10% superiores a las declaradas oficialmente por el gobernador republicano De Santis.

Poco antes de este "scoop" The Tampa Bay Times prescindió, no obstante, de 11 reporteros y al resto de la plantilla de le recortó el salario en un 10%. Desde 2006 el rotativo, que cuenta con 20 premios Pulitzer en su haber, ha visto reducida a la mitad su plantilla.

Y aunque no pocas voces están urgiendo al Gobierno federal a ayudar al agonizante periodismo local, el auxilio sigue sin llegar.

Para lidiar con la crisis los diarios locales cuentan únicamente con la ayuda de una iniciativa de carácter privado. Los reporteros en apuros tiene la posibilidad de contactar con la organización Report for America Foundation, que se compromete a cubrir temporalmente la mitad de sus gastos gracias a donaciones privadas.

Report for America Foundation ha reclutado de este modo 225 periodistas hasta la fecha y se espera que esta cifra pueda llegar al millar al finalizar el año.

Aun así, y si tenemos en cuenta que 34.00 periodistas han perdido su trabajo en los últimos años, la ayuda de Report for America Foundation no es sino una gota en la inmensidad del océano. Pero su fundador Steven Waldman espera que la iniciativa sirva al menos para mover a la reflexión a los estadounidenses. "Tenemos que contemplar el periodismo como un servicio público, como lo son también las escuelas y las bibliotecas", enfatiza Waldman.

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