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Desenchufada de la creatividad (y la calidad) la televisión se muere sin remedio

tv¿Recuerda la última vez que visitó una tienda de discos? ¿Se le pasa alguna vez por la cabeza adentrarse en una (antediluviana) agencia de viajes para reservar sus vacaciones? Las tiendas de discos y las agencias de viajes son meras y nostálgicas reminiscencias del pasado. Y la televisión de toda la vida podría convertirse también muy pronto en un lejanísimo eco de tiempos pretéritos.

En septiembre de 2015 Apple anunciaba a bombo y platillo en una de sus multitudinarias "keynotes" que el futuro de la televisión pasaba por las apps. Y que la tradicional televisión lineal, que fuerza al espectador acomodarse a su programación y no al revés, pasaría muy pronto a mejor vida.

Con la inestimable ayuda de los smartphones y de las aplicaciones que viven en las entrañas de los dispositivos móviles, el espectador puede ver lo que le apetece cuándo y cómo quiere, y eso es algo contra lo que la pequeña pantalla no puede lamentablemente luchar.

Así lo demuestra el creciente auge de los servicios de suscripción de vídeo bajo demanda (SVoD). En Netflix y compañía el espectador tiene a su alcance un amplísimo porftolio de miles y miles de películas y series y puede disfrutar de ellas cuándo y dónde quiere (sin las cortapisas de la televisión lineal).

Comparados con las clásicas cadenas de televisión, los servicios SVoD disfrutan de una ventaja competitiva absolutamente imbatible. Mientras los canales de televisión saben únicamente cuántos espectadores han tenido a bien ver sus programas, los servicios de vídeo en streaming saben lo que han visto todos y cada uno de sus televidentes, cuándo y cómo lo han visto y durante cuánto tiempo. Netflix, Amazon y otros servicios SVoD conocen al dedillo los gustos de sus espectadores y están en posición, por lo tanto, de ofrecerles contenidos hechos a medida. Todo lo contrario a la televisión tradicional, que busca conectar sobre todo y ante con el gran público y produce contenidos con el ánimo de generar la menor rechazo posible.

En un panorama presente (y futuro) en el que los servicios de vídeo en streaming están abocados a tener un papel cada vez más protagonista, cabe preguntarse por el porvenir (incierto) de la televisión de toda la vida.

Aunque las cadenas de televisión pregonan a los cuatro vientos que el consumo televisivo no para de pegar el estirón, es una realidad innegable que los más jóvenes (los espectadores de entre 3 y 49 años) ven cada vez menos la pequeña pantalla. El consumo televisivo sigue creciendo, sí, pero fundamentalmente entre los televidentes mayores de 50 años, asegura Oliver Schütte en un artículo para Wirtschafswoche.

Aquellos que han crecido con la televisión lineal a su vera le siguen jurando fidelidad eterna a la pequeña pantalla, pero lo más jóvenes, aquellos criados a los pechos de la red de redes, prefieren arrojarse en los brazos de los muchos más cómodos servicios SVoD, que están probablemente dotados también de mayor calidad que la TV.

Lejos de “ponerse las pilas” ante la creciente competencia ejercida por Netflix y compañía, las cadenas de televisión se lo están jugando todo a la carta de programas “facilones” (y baratos) que distraen, pero no calan realmente en el espectador.

No obstante, hay un terreno en el que la televisión lineal está todavía muy  por encima de los servicios SVoD: el de los grandes eventos (deportivos en su mayoría) transmitidos en directo. No es de extrañar, por lo tanto, que las cadenas de televisión se den codazos por conseguir los derechos de retransmisión de la Champions o de los mundiales de fútbol. Este tipo de retransmisión funciona y se las ingenia para sentar a millones y millones de personas frente al televisor, todo un milagro en los tiempos digitales, y fragmentados, que corren.

No obstante, no sólo de grandes eventos vive la televisión (por mucho que algunos insistan en vender el “reality show” de turno como un gran evento a la altura de las mismísimos Juegos Olímpicos). Al telespectador le encantaría disfrutar en la pequeña pantalla de los mismos y excepcionales contenidos a los que tiene acceso en Netflix, pero la mayor parte de las cadenas de televisión no tiene el valor de crear series “a lo Netflix”. Y no tienen valor porque no están dispuestas a dar los creadores la libertad creativa que necesitan para alumbrar contenidos “a lo Netflix”.

¿Lo peor? Que si las cadenas de televisión no están dispuestas a tomarse más libertades creativas, las que les demandan al fin y al cabo los espectadores, habrán perdido definitivamente la batalla frente a los pujantes servicios SVoD (que sí arriesgan y sí ganan). Y la televisión será definitivamente un lejano recuerdo del pasado, también para los espectadores más “maduritos”.

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