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Por qué no hace falta creer la desinformación para que esta libere su veneno

Medios de comunicaciónLa desinformación puede ser eficaz al margen de si la gente cree o no en ella

No es necesario creerse la desinformación para que esta saque las uñas

Por qué no hace falta creer la desinformación para que esta libere su veneno

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

No hace falta creer en la desinformación para que esta se revele como eficaz. Es el hecho de que una mentira esté en boca de todos lo que convierte una información falsa en un éxito.

La guerra desencadenada por Rusia en Ucrania ha abierto la espita de una refriega paralela en la red de redes por el relato de lo que acontece en el campo de batalla. En internet la verdad y la desinformación caminan de la mano nublando el juicio de los que allí se zambullen buscando una brizna de verdad en lo que es a veces un auténtico vergel de mentiras.

En las redes sociales campan actualmente a sus anchas «fake news» (entreveradas de una buena dosis de propaganda) como que el ataque perpetrado por Rusia en Ucrania sería en realidad un conflicto entre el país euroasiático y la OTAN o que Estados Unidos estaría financiando laboratorios en Ucrania para fabricar armas biológicas.

Muchas de estas mentiras circulan impunemente en plataformas como Twitter y alcanzan la viralidad la velocidad de la luz sin que nadie ose pararles los pies. Resulta, en todo caso, casi imposible atribuir tales mentiras de manera inequívoca al Kremlin (si es que el Gobierno rusa está efectivamente detrás de este tipo de desinformación).

«La mayor parte de los gobiernos apuestan por el ‘outsourcing’ a la hora de implementar campañas de desinformación. Y si Rusia estuviera de verdad detrás, no habría evidencias claras que llevaran de manera inequívoca a Moscú», explica Marca Owen Jones, experto en desinformación y profesor de Estudios de Oriente Próximo de la Universidad Hamada Bin Khalifa de Catar, en una entrevista concedida a Spiegel.

Internet, un auténtico oasis para las «fake news»

En la maquinaria de la desinformación están a menudo involucradas las denominadas granjas de trols, integradas por decenas o centenares de personas que comparten determinados mensajes en las redes sociales desde el mismo edificio. Quienes toman parte en estas granjas de trols se valen de cuentas falsas en las plataformas 2.0 para diseminar noticias falsas. Y sus clientes pueden ser gobiernos o cualquier otro agente. «Cuando los clientes de estas granjas de trols cambian, los mensajes obviamente cambian y también lo hacen los nombres de las cuentas falsas utilizadas», señala.

Si las teorías de la conspiración esparcidas en las redes sociales concitan la atención de tantísima gente es porque vivimos en un mundo muy polarizado. «El objetivo de la desinformación es crear extremos. Este fenómeno da lugar a una suerte de tribalismo donde se fuerza a la gente a tomar partido por un lado u otro. Y cuando crees que el gobierno de tu país está mintiendo, tiendes a creer lo que dicen otros gobiernos. La gente busca claridad en el plano moral», enfatiza Jones.

Conviene además hacer notar que no hace falta creer la desinformación para que esta se revele como eficaz, asevera el profesor. Es el hecho de que una mentira esté en boca de todos lo que convierte una información falsa en un éxito. Si es una única persona la que propaga una mentira, esta se troca en irrelevante. Sin embargo, «si miles de personas e incluso algunos gobiernos terminan hablando sobre esa mentira, hay que hablar sobre ella, aunque sea solo para desenmascarar la manipulación», dice Jones.

Aunque en Occidente se habla sobre todo y ante todo de la propaganda rusa, lo cierto es que Ucrania se vale también de técnicas propagandísticas. Este país trata a todas luces, argumenta Jones, de agrandar sus victorias, algo que para Ucrania resulta hasta cierto punto fácil porque la ética está de su parte y los medios occidentales simpatizan con sus instituciones. «La propaganda no es necesariamente desinformación, es información diseñada para evocar determinados sentimientos o provocar acciones concretas», puntualiza Jones.

 

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