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La crisis de reputación detrás del caso de 'La Noria'

Este sábado se Telecinco emitió La Noria sin anuncios, y los únicos cortes publicitarios que interrumpían el programa eran autopromociones de la cadena. El futuro del programa de Jordi González parece incierto y, sin ingresos publicitarios, parece difícil garantizar su continuidad. Pero más allá de la polémica generada, el caso de La Noria tiene mucho que ver con una crisis de reputación: reputación online y reputación corporativa.

El inicio de la crisis se inició con un artículo del periodista Pablo Herreros en Periodista Digital, en el que hace una llamada a las marcas que se anunciaban en el programa de Telecinco en el que se entrevistó a la made del “Cuco”, imputado por el asesinato de Marta del Castillo, y que supuestamente recibió 10.000 euros por el programa. Herreros redactó una petición a los anunciantes del programa en la que exigía que éstos pidieran perdón por haber financiado involuntariamente un contenido televisivo “tan inmoral”.

Una a una, las marcas fueron informando de la retirada de sus anuncios del programa, llevando a Telecinco a considerar la cancelación del programa ante la crisis de imagen de La Noria y la consecuente pérdida de ingresos publicitarios.

Una situación, como resalta Iván Guillén Cano en su blog, que tiene mucho que ver con la reputación. Según el profesor de la UCM Norberto Mínguez, la reputación de una organización “surge de la comparación en la mente del individuo de la imagen de una empresa, es decir, de las características que atribuye a dicha empresa basándose en su experiencia y conocimiento, con lo que él considera que deben ser los valoras y comportamientos ideales para ese tipo de empresa”. Esto significa que la reputación es el juicio o valoración que un individuo efectúa sobre una imagen y, si el programa tiene mala imagen, los anunciantes que lo financian pueden ver cómo su reputación corporativa resulta perjudicada por la unión de conceptos.

La reputación es un bien muy deseado por las empresas, y es que éste servirá para alcanzar la recomendación del público. Exactamente lo que se ha visto en Twitter, donde las críticas hacia la postura del programa han afectado directamente a la valoración de los espectadores hacia el programa.

En el caso de La Noria se generaron dos hechos clave: la presión de las redes sociales que dieron lugar al desprestigio del programa, y la estrategia de responsabilidad corporativa que desarrollaron las marcas para no verse relacionadas con la crisis de reputación que amenazaba al programa. Aunque, ¿realmente los espectadores relacionan la imagen de la marca con el programa en el que se anuncian, o la limpieza de imagen es más una estrategia publicitaria gratuita?

Sea como sea, La Noria ha sido incapaz de gestionar su propia crisis de reputación. Por un lado, la cadena, el programa y la productora no han sido capaces de prestar atención al ruido generado en las redes sociales, en las que ya se avisó al programa antes de su emisión. Por otro, Jordi González, dejando la humildad a un lado, dio la espalda a los anunciantes y se refugió en la libertad de expresión y la democracia.

El futuro de La Noria todavía es incierto, pero demuestra que es imprescindible desarrollar una estrategia en social media y escuchar a los usuarios. Más allá de los niveles de audiencias, parece que se está imponiendo la necesidad de reflexionar sobre los contenidos y escuchar a los espectadores.

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