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LA PRENSA ENFRENTA UN PUNTO DE INFLEXIÓN ANTE LA CRISIS

La irrupción de internet en el panorama mediático sume a la prensa escrita en su mayor crisis desde la revolución industria, con cambios que alteran el eje de rotación de una industria que debe replantearse el modelo de negocio en un mundo donde el acceso a la información es cada vez más generalizado y la capacidad de conseguir datos aumenta, mientras los lectores son cada vez menos proclives a pagar por lo que consumen.

“Hay muchos más lectores, pero una presión terrible sobre el dinero y los recursos. Por eso el Post y también The New York Times han perdido dinero en 2008 por primera vez en 50 años”, dijo Philip Bennett, jefe de redacción de The Washington Post entre 2005 y finales de 2008, en un reportaje publicado por el periódico El País. “Y esto lo tuve que hacer con la paradoja siempre en mente de que vivimos una época horrible para las empresas de noticias, pero una edad de oro para el periodismo”.

Muchos medios apuntan en los números reportajes que le prensa ha dedicado a su propia crisis que el desarrollo de esta proceso en Estados Unidos otorgará las claves para desvelar la marcha de esta revolución en Europa. Al otro lado del Atlántico la prensa escrita ha perdido 13 millones de ejemplares mientras que en la web se han congregado 75 millones de lectores.

“Nunca ha habido una mejor época para hacer periodismo escrito, y nunca ha habido una peor para ganarse la vida ejerciéndolo; hay más mercado que nunca, pero menos ingresos”, sentencia El País en un extenso reportaje donde alaba la facilidad de llegar a la información, una percepción que en muchos lectores asimilados a la vida digital esgrimen para no pagar por lo que leen.

Estas corrientes de pensamiento generadas en internet, que desbordan el ámbito de la prensa y tocan temas más profundos como el libre acceso al conocimiento y a las herramientas del saber, tienen como baluartes a potentes instituciones de la web 2.0, la Wikipedia y las aplicaciones de código libre, donde informáticos de todo el mundo aportan sus conocimientos para generar programas gratuitos que van desde los editores de texto hasta los programas para el diseño profesional como Scribus.

Los sectores más reaccionarios al cambio en ciernes plantean que el modelo que impera en internet vulnera muchas veces los derechos de autor y que lo que se procuce y se edita en la red carece de la calidad, veracidad y narratividad que ofrecen los medios tradicionales. El magnate Ruper Murdoch ha sido categórico al asegurar que no permitirá que Google le robe sus derechos de autor y la agencia AP también rompió flechas al decir que protegerá sus productos en internet

“La era de las grandes redacciones, de 800 en plantilla trabajando para una versión en papel y otra en la web, no parece viable”, dice Bennet, quien ahora está abocado a encontrar una fórmula digital rentable. “Yo creo que la era del periódico está acabada, que el debate se debe centrar no en la supervivencia del periódico, sino en la supervivencia del periodismo como lo hemos entendido”.

En España la crisis parece menos acuciada, aunque 2008 fue el peor año de la industria, y los titanes se defienden ya que creen que la menor penetración de internet y la necesidad de leer en papel de la generación de inmigrantes digitales todavía le otorga un margen para gestionar su evolución.

Sin embargo el director de El País ya admitió que si tuviera que refundar el medio, esta vez lo haría en internet, una panacea que dentro de si alberga lo peor que se escapó de la caja de Pandora y todas las esperanzas de una nueva forma de trabajar.

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