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La revolución de la publicidad no será televisada, será "instagrameada"

La revolución de la publicidad no será televisada, será "instagrameada"Si el boom televisivo de los años 50 y 60 dio pie a una nueva forma de narrar historias, ahora estamos asistiendo a un fenómeno similar. Está renaciendo la narración visual, pero esta vez es la fotografía, y no el vídeo, el canal que transporta este nuevo lenguaje a una sociedad más global, más móvil y más social. Y todo esto, evidentemente, tendrá fuertes efectos sobre los anunciantes, aunque quizás de formas que no nos esperamos.

La tecnología es, una vez más, la clave de este nuevo entorno, ya que los smartphones tienen un peso creciente en la creación y el consumo de contenidos digitales. Pero también hay otros factores. Las imágenes son un lenguaje global que superan barreras lingüísticas y culturales, se pueden distribuir a través de un ancho de banda mínimo, lo que permite que lleguen a cualquier lugar de forma instantánea, y son digeribles, es decir, se pueden mirar tanto tiempo como uno quiera, no ocumo ocurre con un vídeo o un texto, que tiene una duración determinada.

Frente a esta situación, puede que el vídeo no sea el líder de la narración en los próximos años. Y es que, mientras la conectividad, el tamaño de las pantallas y los formatos hacen que la experiencia no sea todo lo buena que se querría, la narración de la realidad a través de imágenes estáticas puede ser la clave de la comunicación. No hay más que echar un vistazo al ecosistema de las redes sociales para ver que todas las estrellas de los social media basan su éxito en la publicación de fotografías, desde Facebook hasta Pinterest y, evidentemente, Instagram. También otras plataformas emergentes como Dribbble o Visual.ly basan su estrategia en esta dirección.

Para los anunciantes, este nuevo apetito fotográfico puede encajar en sus estrategias de marca en un campo atractivo para creativos y narradores visuales. Pero no será fácil. Para tener éxito hay que tener una mentalidad de principiante, es decir, abandonar la noción preconcebida de que una buena creatividad es un arte y entender que actualmente las fotografías están sobre animadas, sobre expuestas o sobre filtradas por voluntad de su creador. Pasan de reglas. Y de la misma forma que la proliferación de los mensajes de texto hicieron que la palabra escrita fuera menos formal o que YouTube democratizó, y quitó calidad, a la grabación en vídeo, poder hacer fotografías en cualquier momento sólo con un smartphone ha cambiado lo que ahora se considera una “buena fotografía”.

Las marcas que entren en este nuevo entorno fotográfico tendrán que cambiar su mentalidad fotográfica. Adoptar el formato cuadrado de los “instragrammers”, entender que los collages, los bocadillos de diálogo, los gifs animados o el estilo borroso o torcido son una nueva normalidad y, sobre todo, asumir que el proceso creativo se ha democratizado.

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