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La libertad de prensa, ¿en peligro por el "hater" confeso de periodistas Donald Trump?

trumpLos problemas de Megyn Kelly empezaron en la precampaña electoral, cinco días antes del primer debate televisivo entre los diferentes precandidatos republicanos a la Casa Blanca. Por aquel entonces Kelly, presentadora estrella de la cadena estadounidense de televisión por cable Fox News, recibió un "tirón de orejas" (que haría correr después ríos de tinta) por parte del lenguaraz Donald Trump, que la acusaba de no haber sido suficientemente imparcial en su trabajo y de haber tenido la osadía de criticarlo. "Casi desato mi bella cuenta de Twitter contra ti. Y puede que todavía lo haga", le espetó el magnate norteamericano a la periodista.

Sin embargo, los ataques de Trump contra Kelly no terminaron ni mucho menos aquí. Después de que la periodista se mostrara particularmente incisiva con el entonces precandidato republicano en el debate con sus colegas de partido, el multimillonario hizo un “sangrante” (nunca mejor dicho) comentario sobre la menstruación de la presentadora y provocó tantísimo a sus fans con sus mordaces (y machistas) palabras que Kelly recibió incluso amenazas de muerte.

En su autobiografía, Settle for More, que desembarcará este martes en las librerías, la periodistas descorre por primera vez el telón de sus agrias hostilidades con Donald Trump.

Kelly relata en el libro que en un principio el magnate intentó engatusarla y llevarla a su propio terreno con regalos e invitaciones a sus hoteles. Después cambió de táctica, comenzó a intimidarla y pidió incluso la mediación del que fuera director de Fox News, Roger Ailes, con quien Trump tenía estrechos lazos de amistad.

A juicio de Kelly, Trump, que tiene a todas luces una relación de amor-odio con los medios de comunicación, la instrumentalizó en su ascenso a los altares (políticos) y puso en peligro la (ya no tanto) sacrosanta libertad de prensa a lo largo de toda la campaña electoral.

Y Kelly no es la única periodista que está convencida de que el nuevo presidente de Estados Unidos presenta una seria amenaza para la libertad de prensa. Es el caso de Michael Calderone, reportero de The Huffington Post y también de Lynn Walsh, periodista de la NBC. “Las manifestaciones del presidente electo sobre la prensa hacen presentir una peligrosa realidad para el ejercicio de nuestra profesión”, dice Walsh, que preside también la asociación estadounidense de periodistas SPJ.

El CPJ (Committe to Protect Journalists), que tiene la mirada puesta en los periodistas que llevan a cabo su trabajo en zonas de guerra y en dictaduras, ya alertó hace tiempo del peligro potencial que representaba Donald Trump para la libertad de prensa y definió en una resolución al millonario como “un peligro sin precedentes para los derechos de los periodistas y la capacidad de luchar en favor de la libertad de prensa en todo el mundo”.

“Que siga existiendo una prensa libre como voz de los más débiles y los huérfanos de poder es particularmente importante en los tiempo neo-autoritarios que corren”, escribe Justin Peters en Slate. “Está claro que Trump quiere restringir la libertad de prensa”, recalca.

Donald Trump ha estado siempre en pie de guerra contra la prensa. En 2006 el empresario presentaba una demanda contra el periodista Tim O’Brien, al que exigía una indemnización de 2 millones de dólares por haber asegurado que la fortuna personal de Trump era de “apenas” 250 millones de dólares. La denuncia fue finalmente desestimada.

Durante la campaña electoral Trump lanzó duras andanadas contra The New York Times, la NBC y otros ayudantes “mentirosos” de la “élite corrupta”. En sus intervenciones públicas “pinchó” e importunó de manera deliberada a los profesionales de la información y se manifestó casi con admiración sobre la represión practicada contra la prensa por Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan.

Y no sólo eso. A todos aquellos que osaron escribir en tono crítico sobre él, les amenazó con demandas o les prohibió acceder a sus mítines.

En la “lista negra” confeccionada por Trump durante la bronca campaña electoral que ha tenido lugar durante los últimos meses al otro lado del charco estaba, se encontraba, entre otros muchos medios, The Washington Post, cuyo dueño, el fundador de Amazon Jeff Bezos, tildó en una ocasión sus modales de inadecuados. La disputa protagonizada por The Washington Post y Trump terminó con la prohibición del acceso de la veterana cabecera estadounidense a los mítines electorales del candidato republicano.

¿Qué tiene Trump contra los medios de comunicación? Aunque la preocupación por el “odio” a la prensa que sin duda habita en las entrañas del nuevo presidente electo de Estados Unidos está más que justificada, no conviene, de todos modos, dejarse llevar por el pánico.

Los cambios en las leyes contra la difamación a las que Trump pretende apretar las turcas pueden introducirse (y aprobarse) única y exclusivamente a iniciativa de los diferentes estados que integran EE.UU. Y la libertad de prensa que garantiza la Primer Enmienda es absolutamente intocable.

Trump está en posición, eso sí, de hacerles la vida más complicada a los medios de comunicación. Puede regular sus actividades y puede interponerse en su camino (más que hasta hora). Si lo desea, como podía hacerlo también su predecesor en el cargo, Trump podrá detener a informantes y “soplones”. Y podrá poner coto también a las acreditaciones y los visados de periodistas.

No obstante, para ver si Trump pone de verdad contra las cuerdas la libertad de prensa al otro del charco, habrá que esperar a que comience su mandato (que esperemos que no sea de “terror”).

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