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El mal periodismo en tiempos de chocolatinas menguantes de Toblerone (y de Donald Trump)

tobleroneTras la (sorprendente) victoria de Donald Trump en las urnas, muchos han achacado su triunfo al periodismo, que parece haberse olvidado de la calidad para jugárselo todo a la carta del sensacionalismo, el mismo que rezuma por todos los poros el nuevo presidente de los Estados Unidos de América.

Que el periodismo no pasa precisamente por su mejor momento (en lo que a credibilidad se refiere) lo demuestra una noticia que ha hecho correr ríos de tinta (de bits en realidad) en la red de redes durante la última semana: el cambio en la forma de las chocolatinas de Toblerone, en cuyos míticos triángulos hay ahora bastante más espacio (y menos chocolate) que antes.

Así lo cree que al menos el bloguero alemán Thomas Knüwer, que en su bitácora Indiskretion Ehrensache da un fuerte tirón de orejas a la manera (a su juicio, totalmente sensacionalista) con que algunos de medios de comunicación abordaron la noticia de marras.

En su blog Knüwer pone la cobertura que la BBC hizo del cambio en las chocolatinas de Toblerone como ejemplo de periodismo online de calidad. En la información a la que hace referencia Knüwer la BBC da cuenta de la naturaleza de los cambios en las chocolatinas de Toblerone (cuyo peso ha disminuido), explica que las modificaciones han desatado las iras de algunos consumidores, y da voz a las razones que se esconden detrás de tales modificaciones: el aumento en los costes de los ingredientes de la emblemática marca de la multinacional norteamericana Mondelez.

La noticia de la BBC incluye, además de links a la página de Toblerone en Facebook (donde la marca informa a los consumidores pormenorizadamente de los cambios), una encuesta callejera para tomar el pulso a la opinión de los británicos sobre los cambios en las nuevas (y reducidas) chocolatinas de Mondelez.

En la información de la BBC, donde se habla también de la posible implicación del Brexit en el cambio de Toblerone (que Mondelez desmiente), no hay rastro de sensacionalismo, según Knüwer.

Y nunca debería haberlo habido, insiste el bloguero. Al fin y cabo, Toblerone informó a los consumidores de los cambios en sus chocolatinas el pasado 15 de octubre a través de su página en Facebook. Y tres semanas más tarde, tras tomar nota del malestar de sus clientes, anunció (también en la famosa red social) que los cambios se limitarían únicamente a dos chocolatinas: las de 360 gramos (que antes eran de 400 gramos) y las de 150 gramos (antaño de 170 gramos).

Aun así, y pese a que la manera en que Toblerone ha abordado lo que algunos medios han tildado de gravísima “crisis” ha sido ejemplar en todo momento, algunos periodistas se han empeñado en hacer una montaña de un grano de arena en su afán por conseguir clics, denuncia Knüwer.

Es el caso de la web del semanario alemán Stern, que tituló su “información” (engañosa y no contrastada) sobre el “caso Toblerone” de la siguiente forma: “Así engaña Toblerone con sus chocolatinas”.

Otro medio que tampoco hizo sus deberes como debería en el “caso Toblerone” fue la agencia Reuters, que prefirió poner el foco en su información en las “airadísimas” quejas de los consumidores a hacerlo en lo que tenía que decir al respecto la marca que protagonizaba la noticia.

También por estos lares hubo quien trató el “caso Toblerone” de manera extraordinariamente superficial. Es el caso del diario Las Provincias, que prefirió hablar de las críticas que el nuevo "look" de las chocolatinas Toblerone estaban cosechando en las redes sociales y pasó de puntillas por las explicaciones que tenía que hacer la marca al respecto.

En una era en la que el periodismo está irremediablemente marcado por Google y las redes sociales, no debería valer todo por un clic, dice Knüwer. El periodismo no debería (por su propio bien) dejarse calidad en el tintero por un puñado de clics.

¿Lo malo? Que para reencontrarse con la calidad perdida al periodismo (al que se hace en la red de redes al menos) no le queda otro remedio que publicar menos noticias. Las redacciones de los medios están, al fin y al cabo, cada vez más despobladas de periodistas.

Y publicar menos noticias no significa necesariamente meterse menos dinero en el bolsillo con la publicidad online, dice Knüwer. Si el periodismo se reviste (otra vez) de calidad, la publicidad debería ser también de calidad (y venderse, por lo tanto, más cara).

En los tiempos que corren, una época en la que Trump (y otros políticos populistas) están cada vez más de moda, el periodismo debe curarse urgentemente de la histeria que le corroe, concluye Knüwer.

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