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La maldición del Goya: película premiada, ¿película fracasada en taquilla?

truman 300La gala de los Premios Goya es siempre una buena ocasión para acercar al público el cine español y demostrar que en nuestro país es posible hacer buenas películas. Lo cierto es que en los últimos años hemos sido testigos de un boom de producciones españolas con mayores presupuestos y medios que son agradecidas por el público.

Sin embargo, la crítica de público y profesionales del sector no parece coincidir. A juzgar por las cifras de taquilla, las 6 películas nominadas a los Goya 2016 tan solo han sido vistas por el 1% del público que acudió a las salas y, de ellos, la mitad ha elegido Truman.

La cuestión se sitúa ahora en discernir a qué se debe esa diferencia entre las consideradas mejores películas para la Academia y para el público y es que, aunque muchos directores quieran quitarle hierro al asunto, las películas, además de arte y cultura, son también un negocio.

Así, Isabel Coixet asegura que no le preocupa la taquilla sino por “gente que busque entablar un diálogo”. De la misma manera Gracia Querejeta explica que no son premios a la taquilla “y está bien que los académicos no se dejen influir por el mercado”.

Sin embargo, la realidad económica muestra un panorama por el que muchos deberían comenzar a preocuparse. De hecho, de las 5 películas más taquilleras del 2015 tan solo una,  Atrapa la bandera, se sitúa entre las nominadas.

Y es que si muchas veces los premios sirven como palanca de arranque, no parece ser el caso del cine español. Sabor agridulce para las productoras que en numerosas ocasiones y, a pesar de contar con buenos datos de taquilla no consiguen cubrir ni siquiera los costes como fue el caso de Blancanieves que se quedó muy por debajo de la inversión de 4 millones de euros recaudando 1,2 millones.

Además, el reparto de los beneficios es demasiado desmenuzado pues, el 41% de las entradas se queda en productores y distribuidores, el 35% en los exhibidores, el 21% en el IVA y el 3% en la sociedad de autores, tampoco ayuda a impulsar las cuentas de resultados de las productoras.

Por otra parte, las escasas y tardías subvenciones estatales no dan margen de maniobra a los inversores para arriesgar en producciones que consiguiesen aglutinar a un buen número de espectadores, algo que se pretende cambiar con la nueva ley audiovisual.

Todos estos factores sitúan a las artes cinematográficas españolas en una posición complicada, dividida entre el amor de los académicos, capaces de elevar la reputación y reconocimiento de directores, actores y producciones y el del público, los responsables de la constatación de ese éxito, vía taquilla.

Ahora habrá que esperar para comprobar si, a pesar de los aceptables resultados que hasta ahora ha obtenido, Truman se suma también a la maldición del Goya.

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