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P. Herreros (Goodwill): "El boicot de los anunciantes no es utilizable cada vez que nos disguste algo de la TV"

A raíz del estreno en MTV España de Gandía Shore, el último reality show de la cadena musical en el que un grupo de jóvenes encerrado en un chalé de la costa valenciana, y con un comportamiento bastante cuestionable, disfruta del sexo, las drogas y la fiesta de Gandía, la TAC (Asociación de Consumidores de Medios Audiovisuales de Cataluña) ha llamado al boicot de los anunciantes contra el programa. El reality, afirman, proyecta «una imagen frívola y superficial de los jóvenes» y por ello apelan a «la responsabilidad social de las marcas a la hora de financiar según qué contenidos».

Un llamamiento al boicot publicitario que inevitablemente trae a la memoria el caso vivido hace un año cuando Pablo Herreros y una legión de usuarios de Twitter y otras redes sociales, que firmaron peticiones y dieron su opinión en estas plataformas, lograron presionar a los anunciantes de La Noria para que retiraran su publicidad del programa. Por primera vez en la historia de la televisión comercial en España se emitía un programa sin anuncios. Un año después de este caso, desde MarketingDirecto.com hemos hablado con Pablo Herreros para conocer qué ha ocurrido con las iniciativas lanzadas desde entonces para evitar que casos como el de La Noria se repitieran, su opinión sobre la postura de Telecinco y del resto de las cadenas y los nuevos intentos de boicot que han surgido recientemente contra programas y cadenas de televisión.

“Lo sucedido en noviembre de 2011 fue un caso extraordinario e incomparable a todos los intentos de boicot que hemos visto desde entonces”, destacó Pablo Herreros. Según explicó el socio-director de Goodwill Comunicación, “los hechos eran extraordinarios: un cómplice de asesinato, ya condenado por haber ayudado a esconder el cadáver de su víctima (Marta del Castillo), se iba a enriquecer indirectamente a través de los 9.000 euros que cobraba su madre por hablar del delito cometido por El Cuco”. Pero antes del boicot contra La Noria hubo otros intentos de solucionar “lo que aún me parece un fallo de nuestra sociedad. Apelé a políticos, a periodistas, a las cadenas de televisión. Lo último que se me ocurrió para parar esa locura fue pedir a las marcas que respondieran ante la sociedad de semejante perversión”.

“Creo que la cadena cometió un error no disculpándose por aquel fallo de pagar a un delincuente o a sus cercanos”, explicó Herreros. “El 95% de las marcas fueron muy responsables al retirar su publicidad de semejante despropósito, y probablemente Telecinco perdió una gran oportunidad. En lugar de negar la realidad y echar balones fuera, Telecinco podía haber asumido su error, cometido también por otras cadenas, y aprovechar la oportunidad en positivo para erigirse en la primera televisión que se comprometiera a no volver a contratar en adelante a delincuentes. Si lo hubieran hecho, no sólo habrían salvado La Noria, sino que de un plumazo lo habrían convertido en un referente digno del aplauso unánime, y habrían salido reforzados en todos los sentidos. Su negativa a reconocer el fallo les va a llevar a un tránsito más largo hasta recuperar su credibilidad ante el público y los anunciantes”.

Pero lo sucedido con La Noria no puede aplicarse a cualquier contenido, ni en cualquier circunstancia, como se ha hecho contra Gandía Shore. “Tanto esta nueva petición de retirada de anunciantes como las dos o tres que ha habido desde la de La Noria, me merecen respeto; pero no las apoyo”, explicó Herreros. “En el Caso La Noria aprendimos todos, y lo que ocurrió fue gravísimo. Pero no podemos pensar que el boicot es una nueva herramienta utilizable cada vez que a alguien nos disguste un contenido televisivo”. Y es que, como recordó Herreros, “pedir la retirada de los anunciantes no fue una herramienta sino el último recurso. Y no creo que vuelva a funcionar más, porque espero que no se den unas circunstancias tan horribles y, sobre todo, porque creo que Telecinco ha debido de aprender de aquello. Aunque no lo reconozcan, en Telecinco son muy conscientes de que el modelo de hacer televisión que los llevó a sufrir aquella crisis está completamente agotado”.

Los anunciantes son quienes financian los contenidos, pero no creo que deban entrar a manejar ellos esos contenidos porque entonces se cambian completamente los papeles y se entra en un juego peligrosísimo”, perjudicando la libertad de expresión. Los medios tienen que tener un margen suficiente para diseñar sus contenidos, aunque siempre conscientes de que no todo vale. “También han aprendido las televisiones a escuchar a la gente que opina de sus productos en redes sociales, y ello les da un termómetro utilísimo para saber qué contenidos gustan más, cuáles menos, y qué genera más rechazo”, añadió Herreros.

¿Y qué pasó con las iniciativas de Pablo? “Aprendí que ese agujero legal no podía depender de la denuncia de un ciudadano ni de la responsabilidad de unos anunciantes”, aseguró el periodista. De esta forma, visitó a tres expertos y propuso que fuese el Gobierno el que obligase a las televisiones a regularse para que esto no volviera a ocurrir. Con una petición firmada por 53.727 personas, Herreros logró que Ana Oramas, diputada de Coalición Canaria, presentara la propuesta para que en junio se debatiera en el Congreso y en septiembre en el Senado.

En ambos casos, la propuesta fue desestimada. “Me parece un escándalo la repugnante hipocresía que el PP exhibe: no quieren evitar que un delincuente gane dinero en la tele, salvo que ese convicto se llame Mario Conde y les pueda quitar un escaño en las próximas elecciones”, aseguró Herreros. Y añadió: “el Gobierno del PP, desde su mayoría absoluta, ha impedido que se inicie un procedimiento legal para que los delincuentes no cobren por ir a la TV a hablar de lo suyo. Y eso se traduce en que el modelo sigue abierto si las televisiones lo siguen encontrando rentable”.

“Confío en que lo vivido nos ha enseñado a todos muchas cosas, y a las televisiones les ha hecho ver que hoy el consumidor tiene una voz que no pueden dejar de escuchar. Están obligadas a hacer productos que gusten más a unos y menos a otros, pero que no puedan ser objeto de protestas como aquella, que reunió a cientos de miles de españoles y a más de 50 marcas de forma unánime. Seguro que el cambio que provocamos fue histórico y supondrá un avance para la televisión en España”.

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