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Los publishers se disponen a plantar cara a las 'cookies' de terceros

Por qué a los publishers se les están quitando las ganas de comer "cookies"

Conscientes de que las "cookies" perecerán tarde o temprano (Google se dispone, de hecho, a "matarlas" en dos años), los publishers buscan de manera urgente alternativas.

cookiesHace poco conocíamos la intención de The New York Times de renunciar a las "cookies" de terceros a partir del año que viene.

Además, a partir del próximo mes de julio la prestigiosa cabecera neoyorkina agasajará a sus clientes con 45 nuevos segmentos de audiencia apalancados en datos "first-party" (a los que se unirán más en los próximos meses).

"Esto es únicamente posible porque tenemos 6 millones de suscriptores y otros cuantos millones más de usuarios registrados a los que podemos identificar y disponemos asimismo de un amplio abanico de contenidos", explica Allison Murphy, SVP of Ad Innovation de The New York Times.

Murphy recalca que la senda tomada por el veterano rotativo estadounidense no está lamentablemente al alcance de todos los publishers, especialmente para que aquellos de naturaleza local y sin recursos para levantar de cero un nuevo sistema de esta envergadura.

Sin embargo, y pese a que lo tienen fácil para escapar de las garras del omnipotente duopolio formado por Google y Facebook, a los publishers se les está quitando las ganas de engullir "cookies" de terceros como si no hubiera mañana.

En Reino Unido ha surgido, por ejemplo, la iniciativa Ozone Project, cuyo último objetivo es permitir que los anunciantes puedan comprar publicidad programática en varios diarios de tirada nacional mediante una combinación de datos "first-party" (emanados tanto de los publishers como de los clientes) y de capas de datos "second-party" y "third-party".

¿Podrán los publishers zafarse de la tiranía de las "cookies" de terceros?

Conscientes de las "cookies" perecerán tarde o temprano (Google se dispone, de hecho, a "matarlas" en un plazo de apenas dos años), los publishers buscan de manera urgente alternativas, tal y como recoge Warc.

Al fin y al cabo, quedarse cruzados de brazos deja la iniciativa en manos de los titanes tecnológicos, subraya Geert Desager, del publisher de origen belga Mediahuis.

"Si no hacemos nada, las empresas tecnológicas pondrán tarde o temprano soluciones sobre la mesa, ya sea en los navegadores o en cualquier otra parte, y obtendrán pingües beneficios con tales soluciones", recalca.

¿La consecuencia? "Tendremos menos conocimiento de nuestros de lectores, de lo que las compañías tecnológicas hacen en nuestras plataformas y de lo que quieren realmente los anunciantes", apunta Desager.

Desde el punto de vista de Desager, los publishers deberían enarbolar por lo pronto la bandera de la colaboración a escala nacional. De este manera, "no solo tendremos en nuestro haber conocimiento, sino también alcance e inventario. Y podremos colaborar más estrechamente con los anunciantes y las agencias para llevarnos un porción más grande de la tarta publicitaria", asevera.

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