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La prensa se ha cavado su propia tumba y la digitalización ha ejercido de "sepulturera"

prensaDesde que Iris Chyi y Ori Tenenboim, dos investigadores de la Universidad de Austin en Texas (Estados Unidos), publicaran un polémico informe que se atreve a poner en duda las bondades de la digitalización en el universo de la prensa, la industria periodística anda soliviantada al otro lado del charco.

El controvertido estudio de Chyi y Tenenboim concluye que durante los últimas dos décadas a los diarios estadounidenses se les ha ido dinero a manos llenos por el desagüe en un denodado (y absurdo) esfuerzo por digitalizarse que les ha llevado a descuidar sus ediciones impresas y a apostar por webs mal diseñadas y llenas hasta los topes de publicidad que provocan a lector más alergia que otra cosa.

Para llevar a cabo su investigación, que tilda de equivocada a todas luces la decisión de los periódicos estadounidenses de jugárselo todo a la carta de la digitalización, Chyi y Tenenboim pusieron bajo la lupa 51 rotativos locales con tiradas de aproximadamente 120.000 ejemplares para determinar si a estos había ayudado o no su apuesta por la digitalización.

¿La conclusión? Que lejos de ser una suerte de “salvadora”, la digitalización ha ejercido más bien de “sepulturera” de la prensa. Entre 2007 y 2015 la tirada de las ediciones impresas de los diarios evaluados en su informe por Chyi y Tenenboim se contrajo del 42,6% al 28,8%.

Y tampoco mucho mejor le fue a la difusión de las versiones online de estos diarios, que se incrementó sólo mínimamente del 9,8% al 10% entre 2007 y 2015.

“No creemos que los lectores hayan abandonado los productos impresos en favor de las ediciones online de los periódicos en el transcurso de los últimos años”, aseguran Chyi y Tenenboim en declaraciones a 4c.

¿La mejor prueba de ello? La difusión online de los periódicos estadounidenses no ha parado de menguar en los últimos años. En 2011 su difusión online alcanzaba aún una cifra del 10,7%, frente al 10% actual.

Con sus webs, los diarios estadounidenses han fracasado además estrepitosamente a la hora de conectar con los millennials. La difusión de las ediciones online de los rotativos locales estadounidenses llega apenas al 7,8% entre los jóvenes de entre 18 y 24 años. Este porcentaje pega, sin embargo, un brinco hasta alcanzar el 19,9% cuando hablamos de las clásicas ediciones impresas de las diarios, que parecen gustar (y mucho) a las Generación del Milenio.

Pero no sólo a los millennials les gustan bastante más las ediciones impresas que las versiones online de los periódicos. El patrón se repite también en otros grupos de edad.

Con sus webs mal diseñadas y abarrotadas de publicidad (también rematadamente mala), los diarios han llevado a sus lectores a caer en los brazos de gigantes online como Google, Yahoo! y otros agregadores de noticias, aseguran Chyi y Tenenboim en su informe. Y luchar contra estos auténticos titanes es verdaderamente imposible para los periódicos, constata Chyi. “No tienen ni la experiencia ni los recursos suficientes para hacerlo. Es como si una pequeña hamburguesería quisiera competir con McDonald’s en el sector del fast food”, recalca.

El diseño las webs de los diarios “se ha hecho peor y peor con el paso de los años por culpa del aumento de la presencia de publicidad”, apunta Chyi. “Los periódicos no quieren lógicamente vaciar sus webs de publicidad, pero lo cierto es que el daño está ya hecho y es irreparable”, dice la investigadora.

A juicio de Chyi, los “paywalls” no son una verdadera solución para los diarios locales y regionales. Y no lo son porque llegan demasiado tarde y porque la cultura de la gratuidad les ha ganado ya la batalla. Hay además una sobreoferta de noticias y entretenimiento en internet. “Lo único que puede lograr un ‘paywall’, si es que puede lograr algo, es garantizar al lector la exclusividad de los contenidos procedentes de las clásicas ediciones impresas de los diarios”, señala Chyi.

¿Cómo puede la industria periodística reparar los daños que le ha ocasionado la digitalización? Chyi lo tiene claro: hay que volver a apostar decididamente por el papel. “Las editoriales deben evaluar de manera honesta y sincera su rendimiento en el transcurso de los últimos 20 años y dar prioridad al producto que sus lectores prefieren. Y según nuestro informe, ese producto es el tradicional periódico impreso”, sentencia Chyi.

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