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Reinhard Mohn o por qué los mejores líderes están reñidos con la arrogancia más petulante

Medios de comunicaciónImagen de Reinhard Mohn, el hombre que convirtió Bertelsmann en un emporio mediático de dimensiones planetarias

Reinhard Mohn: lecciones de liderazgo del patriarca de Bertelsmann

Reinhard Mohn o por qué los mejores líderes están reñidos con la arrogancia más petulante

Con motivo de su 100º aniversario acaba de ver la luz la biografía dedicada al patriarca de Bertelsmann: Reinhard Mohn. Ein Jahrhundertunternehmer.

Reinhard Mohn, el hombre que convirtió a Bertelsmann, originalmente una pequeña empresa de naturaleza familiar, en un titán mediático de dimensiones globales, habría cumplido en 2021 100 años. Y con motivo de tan señalada efeméride acaba de ver la luz la biografía dedicada al patriarca de Bertelsmann: Reinhard Mohn. Ein Jahrhundertunternehmer.

Rubricada por el historiador Joachim Scholtyseck y ricamente ilustrada, la biografía fija la mirada en uno de los empresarios más notables en tierras alemanas, el que plantó, de hecho, la simiente de una nueva generación de líderes por aquellos lares.

Puede que figuras como Reinhard Mohn (1921-2009) o coetáneos como Peter von Siemens o Berthold Beitz fueran ricos, a veces autoritarios y en absoluto ajenos a las manías, pero eran huérfanos de la insoportable arrogancia que lastra en los tiempos que corren a la mayor parte de los líderes actuales.

Reinhard Mohn, cuyo trabajo estuvo hasta cierto puesto influenciado por las enseñanzas del economista progresista Joseph Alois Schumpeter, se contemplaba a sí mismo como un empresario y no como mero «homo oeconomicus» orientado única y exclusivamente a los beneficios.

El poder de escuchar a la plantilla (y confiar en ella)

Mohn consideraba que un buen empleador era aquel que permitía a sus empleados ser empleados y depositaba confianza en su plantilla, a la que se tomaba siempre la molestia de escuchar. Puede que el liderazgo practicado por Mohn se atuviera a leyes absolutamente simples, pero tales leyes han dejado de darse por sentadas en la actualidad.

Reinhard Mohn nació el 29 de junio de 1921 en el seno de una familia de seis hijos. Su padre Heinrich Mohn lideraba por aquel entonces la editorial C. Bertelsmann. Educado bajo una estricta fe protestante, Mohn tuvo siempre los pies sobre el suelo y la modestia fue siempre su inseparable compañera de fatigas.

Aunque el retrato esbozado por Scholtyseck en el libro está a merced de pinceladas mayoritariamente positivas, no llega tampoco a caer en la hagiografía. En 1939 Mohn se alistó para tomar parte en la Wehrmacht del Tercer Reich. Sin embargo, hasta en este oscuro capítulo de su vida el patriarca de Bertelsmann tuvo suerte y no participó en la sangrienta guerra de exterminación contra la Unión Soviética, sino que luchó en el frente del Norte de África, donde la Wehrmacht sufrió una amarga derrota frente a británicos y estadounidenses en la primavera de 1943. Decenas de miles de soldados alemanes fueron hechos allí prisioneros y entre ellos estaba también Reinhard Mohn.

Los controvertidos lazos con el Tercer Reich de la familia de Reinhard Mohn

Pese a sus estrechos vínculos con la Iglesia, el padre de Heinrich Mohn apoyó a Hitler e hizo excelentes negocios con el régimen, el mismo que cerró el negocio familiar en 1944. Así y todo, y pese a que aquel cierre fuera cultivado posteriormente como un síntoma de la resistencia al régimen de la compañía, lo cierto aquella clausura no obedeció a motivos políticos y estuvo motivada por un conflicto con los nazis a cuenta de la circulación del papel en tierras germanas. De hecho, bajo la batuta de Heinrich Mohn C. Bertelsmann llegó a contratar (de manera indirecta) a trabajadores forzados de origen judío.

En relación con el lóbrego papel desempeñado por su empresa durante la Alemania nazi, Reinhard Mohn hizo gala de una actitud más bien ambivalente, pero fue siempre en todo caso un demócrata convencido.

Mohn tomó las riendas del negocio familiar en 1947 y lo hizo con apenas varias decenas de trabajadores, pero con un frondoso ramillete de ideas. Aunque Mohn no tenía experiencia alguna como empresario (y ni siquiera sus propios padres lo consideraban cualificado para el papel que le tocó en suerte), tenía algo de la que eran huérfanos la mayor parte de los líderes por aquel entonces: apertura de miras.

Reinhard Mohn aprendió mucho de su estancia en Estados Unidos en calidad de prisionero de guerra

A Mohn le influyó enormemente (para bien) el tiempo que pasó como prisionero de guerra en Kansas (Estados Unidos). Al otro lado del charco el patriarca de Bertelsmann se empapó del individualismo (contrapuesto al sentimiento de comunidad nacional imperante en su país natal) y de la libertad (opuesta al pensamiento prescrito para las masas de su patria chica).

Tras su etapa como prisionero de guerra en Norteamérica (donde Mohn se hubiera quedado de buen grado), el empresario regresó a Gütersloh, donde estaba la sede de la empresa familiar, en cuya reconstrucción se volcó colaborando estrechamente con los empleados.

El famoso Círculo de Lectores, que tan «demodé» nos parece hoy en la nueva era digital, fue obra de Mohn, permitió a Bertelsmann llegar al gran público (también a quienes eran dueños de billeteras poco abultadas) y sentó las bases del éxito de una empresa que fue alejándose gradualmente de su carácter familiar para convertirse en un titán de los medios.

Poco a poco pero sin pausa Bertelsmann irrumió en el negocio de la música, el cine y la televisión y se abrió paso incluso en el mercado estadounidense.

Hoy por hoy Bertelsmann emplea a casi 133.000 personas en todo el mundo y cerró 2020, el año de pandemia, con unos beneficios de 1.450 millones de eurosy unas ventas de 17.300 millones de euros.

Demasiado conservadores para los convulsos tiempos que corren, los líderes a imagen y semejanza de Reinhard Mohn escasean en la actualidad, pero quizás su llama haría bien en no extinguirse.

 

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