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"Una vez que se comprende el valor de herramientas como Twitter y Facebook, no hay marcha atrás", J. Preston

"Una vez que se comprende el valor de herramientas como Twitter y Facebook, no hay marcha atrás", J. PrestonJennifer Preston es la gestora de los contenidos de las redes sociales en The New York Times desde mayo de 2009 y ahora ha visitado España con motivo del Nonick Conference. “Cuando me nombraron, me sentí algo desubicada. No sabía bien en qué consistía el trabajo”, explica. “Sin embargo, como periodista siempre me ha gustado estar en aprendizaje continuo y así ha sido”.

“Llegó la crisis, todo el mundo hablaba de ella, pero quisimos saber cómo afectaba a los ciudadanos. Barrio a barrio, sitio a sitio. Y a través de Facebook y Twitter encontramos buenas formas de contacto”, afrima Preston en El País. Cuando tomó las riendas de su nuevo trabajo, la cuenta de Twitter de The New York Times llevaba dos años activa. Hoy, el diario tiene 85 cuentas dedicadas a diferentes temas y 145 periodistas de la casa “tuiteando”.

En su opinión, “una vez que se comprende el valor de herramientas como Twitter y Facebook, no hay marcha atrás, porque sirven para encontrar fuentes, seguir y explorar tendencias, tomar ideas para nuestra historias e investigar”. Contar con 600.000 seguidores en Facebook aporta un valor añadido en la redacción. “Cuando vamos a tratar un tema, les pedimos ayuda. El periodista que va a escribir la historia cuenta con más de 300 correos electrónicos con nombre y apellidos en menos de una hora”, explica Jennifer Preston. “Y en cuanto ven algo tan valioso, ¿cómo no van a creer en ello?”.

Twitter ha servido para mejorar coberturas de última hora. La aportación de esta red de microblogging se ha podido comprobar con noticias como las últimas revueltas iraníes olas tragedias de Haití y Chile. “La gente que estaba en estos sitios llegaba donde nosotros no lo hacíamos. Fuimos muy rigurosos con la selección de cuentas de Twitter que añadimos, pero una vez que confiamos en los usuarios que estaban allí, que daban consejos útiles, información con valor y fotografías de peso, les dimos todo el crédito en nuestro medio. Tenemos que dar a los usuarios todo lo que esté a nuestro alcance”, explica la periodista.

Pero Preston subraya la importancia que tiene la selección de noticias en el uso de esta herramienta. “La selección es la clave. Hacemos combinaciones entre usuarios recomendados y periodistas de nuestro medio. Mi meta es que cada vez más periodistas, editores y trabajadores de todos los departamentos del periódico sepan manejarse en este nuevo mundo”.

La cercanía y conocimiento del lector hasta la llegada de estos servicios tenía más que ver con el trabajo de auditorías y la intuición del reportero que con datos concretos. Gracias a Facebook y Twitter, los lectores son reconocibles, emiten mensajes, cuentan de todo, desde tonterías a hechos relevantes. Para la editora de estos contenidos, la criba es importante pero también lo es “reconocer qué nos piden, darles crédito, dejarles ser parte de un medio que también es suyo”.

Dentro de esta política de apertura del medio, The New York Times va un paso más allá. Mientras muchos medios se empeñan en enlazarse a sí mismos, ellos enlazan a “todo lo que merece la pena y es relevante para nuestro lector. Si algo es bueno, ¿por qué no darlo? Los lectores volverán no sólo por lo que contamos, sino por lo que descubrimos y recomendamos”.

Pero las redes sociales no son la aspirina que todo lo cura. También tienen algunos aspectos mejorables para conseguir revolucionar la sociedad. Ese talón de Aquiles se llama privacidad. Jennifer Preston es prudente pero no miedosa. “Debemos estar atentos y compartir lo que creamos, pero sabiendo qué hacemos. La gente se está empezando a dar cuenta del ciclo de vida de sus actualizaciones de estado y fotos en redes. Sólo se trata de tener sentido común y tener cuidado con los jóvenes”.

Jennifer Preston se despide con un mensaje positivo, contenta por lo mucho que ha descubierto en su nuevo cargo: “Los periodistas llevamos mucho tiempo trabajando muy duro. Tenemos que seguir haciéndolo, pero ¿por qué no con un poco de diversión?”.

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