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Wikileaks culpa a un periodista de The Guardian de la filtración de los cables

Wikileaks ha acusado a un periodista del diario británico The Guardian de proporcionar las claves para conocer la identidad de las fuentes secretas de una serie de cables confidenciales que la organización presidida por Julian Assange no había dado a conocer aún.

Todo comenzó en febrero, cuando fue publicado el libro “WikiLeaks: Inside Julian Assange's War on Secrecy” ( “WikiLeaks: dentro de la guerra al secretismo de Julian Assange”), escrito por el periodista del periódico The Guardian David Leigh, editado por el propio periódico en febrero de 2011, y que tomaba como fuente a WikiLeaks. Todo lo cual podría significar una fuga o filtración, la traducción del término inglés “leak”, en el seno de la organización que precisamente se dedica a filtrar contenido diplomático secreto a la Web.

Esto fue justamente lo que hizo Leigh, que publicó una colección de contraseñas secretas de WikiLeaks que daban la clave para desencriptar miles de documentos secretos de Estados Unidos que no habían sido aún editados y publicados por la organización de Assange, y por lo tanto contenían los nombres y datos sensibles de todas las fuentes y personas referenciadas en ellos, hecho que les expone a la persecución judicial, política, o a represalias de todo tipo.

Esta acusación, convertida en (futura) demanda contra The Guardian por parte de WikiLeaks, prosigue diciendo que el investigador del Guardian “reveló conscientemente” estas contraseñas sin consentimiento de la organización, y que “el libro fue escrito rápidamente en tres semanas – luego los derechos se vendieron a Hollywood”.

El editor jefe de The Guardian , Alan Rusbridger, se sorprendió por la noticia de la damanda, anunciada siete meses después de la publicación del libro. “Tuvieron todo ese tiempo para borrar los archivos”, afirmó en un comunicado.

Rusbridger no cree en estas acusaciones de exponer la identidad de personas a través de la publicación de las contraseñas. “No tiene sentido sugerir que el libro del Guardian sobre WikiLeaks ha comprometido la seguridad de alguna manera”, declaró. El periódico asegura además que los cables que están online ahora no son los que ellos vieron el año pasado.

“The Guardian fue informado de que el archivo al que se le entregó acceso en julio de 2010 sólo estaría disponible en un servidor seguro por algunas horas, y luego sería retirado. Aparentemente dos versiones de este archivo fueron luego subidos a una red P2P usando la misma contraseña”, agrega, sugiriendo la existencia de un “topo” en la propia organización, o de un hacker que haya pirateado el sistema.

Precisamente WikiLeaks ha iniciado acciones “pre-legales”, además de contra el diario, contra un individuo alemán a quien el grupo acusa de distribuir la contraseña aparecida en el mencionado libro para beneficio personal.

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