La confianza en España parece estar pasando por un momento de tambaleo, tal como lo refleja el último Edelman Trust Barometer 2026, que alerta de un fenómeno que crece con fuerza: la «insularidad«. Según el estudio, presentado en Madrid en el Espacio All in One de CaixaBank, el 75% de los españoles se muestra reticente a confiar en personas con valores, opiniones o formas de abordar problemas sociales distintas a las propias.

Este repliegue hacia entornos afines no es anecdótico, ni limitado a un grupo concreto, y es que de hecho, afecta a hombres y mujeres, jóvenes y mayores, y a ciudadanos de todas las ideologías. El resultado es un debilitamiento del espacio común, la dificultad para generar consensos y un clima de polarización que preocupa tanto a expertos como a ciudadanos.
«La insularidad se ha convertido en uno de los principales riesgos para la confianza cívica. Cuando dejamos de confiar en la buena intención de quienes piensan distinto, se debilita el espacio común y se pone en peligro el progreso», advierte Lucía Carballeda, Co-General Manager de Edelman España.
Confianza estable, pero desigual
A pesar de la polarización, los niveles generales de confianza se mantienen estables en España, con un índice promedio de 45 puntos, casi igual que en 2025. La confianza hacia las empresas sube ligeramente hasta 54 puntos, los medios alcanzan 43 y el gobierno sube a 35. Por el contrario, la confianza en las ONG cae 4 puntos.
No obstante, la confianza se distribuye de forma desigual, teniendo como resultado que la brecha entre rentas altas y bajas alcanza los 17 puntos, la más alta registrada en España, evidenciando que la percepción de las instituciones varía según la experiencia personal de la ciudadanía.
La insularidad también golpea al entorno laboral
Por otro lado, el estudio revela que la insularidad no se queda solo en la esfera social, y es que si se habla del ámbito profesional, el 28% de los empleados asegura que pondría menos esfuerzo en proyectos liderados por alguien con valores diferentes, y el 38% preferiría cambiar de departamento antes que depender de un responsable con ideas distintas.
La confianza también se refleja en los líderes, y se ve como los empleados con mentalidad abierta confían en su CEO en un 66%, frente al 49% de aquellos con mentalidad insular. La brecha se repite en la confianza hacia los vecinos y otras figuras de autoridad, mostrando cómo la insularidad erosiona tanto la colaboración profesional como la base relacional de la sociedad.
«Hoy más que nunca es crucial impulsar espacios de escucha, reconocimiento y colaboración entre personas con perspectivas diferentes. Las instituciones deben actuar con coherencia para reforzar la confianza y favorecer una sociedad más cohesionada», señala Pelayo Alonso, Co-General Manager de Edelman Spain.
Las empresas como el puente que la sociedad busca
Tomando en cuenta el panorama actual en el que se vive un creciente repliegue identitario, las empresas se posicionan como el actor institucional mejor valorado, combinando ética y competencia. La sociedad deposita en ellas y en los empleadores una gran responsabilidad: el 74% cree que deben actuar como mediadores de confianza entre grupos enfrentados, solo por detrás del gobierno (81%) y los medios (76%). Pero al evaluar su desempeño real, las empresas y los empleadores son los que más se acercan a cumplir estas expectativas, superando a ONG, medios y gobierno.
La radiografía del Trust Barometer 2026 deja claro que, en España, la confianza ya no es un valor homogéneo. La insularidad, la brecha de ingresos y la polarización amenazan la cohesión social, y el reto ahora se encuentra en recuperar confianza y reconstruir los puentes entre quienes piensan diferente.





