Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), más de la mitad de los españoles descuida hábitos fundamentales para el buen funcionamiento del cerebro, como el descanso, la alimentación o el ejercicio físico y mental. Al mismo tiempo, casi la mitad de la población reconoce que no sabe con claridad cuáles son los hábitos realmente beneficiosos para cuidar la salud cerebral. En una sociedad que envejece progresivamente, esta realidad adquiere una relevancia cada vez mayor.
Durante años, la conversación sobre la prevención se ha centrado principalmente en aspectos como la salud cardiovascular, el control del peso o la práctica deportiva. Hoy, cada vez más expertos defienden que el cerebro merece ocupar un espacio similar. No se trata únicamente de evitar enfermedades futuras, sino de comprender que la calidad de vida, la autonomía personal, la memoria, la capacidad de aprendizaje o el bienestar emocional también dependen de cómo cuidamos nuestro cerebro a lo largo de toda la vida.
Con ese objetivo, Samsung ha impulsado durante este año una iniciativa de divulgación centrada en la salud cerebral, reuniendo a especialistas en nutrición, neurociencia, sueño, ejercicio físico y comportamiento humano para trasladar una idea sencilla pero poderosa: los hábitos cotidianos importan más de lo que pensamos.
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La alimentación: mucho más que nutrientes
Cuando se habla de alimentación saludable, la conversación suele centrarse en alimentos concretos, dietas de moda o nutrientes específicos. Sin embargo, el nutricionista y tecnólogo alimentario Aitor Sánchez propone una mirada diferente.
La clave no está tanto en decisiones aisladas como en el patrón alimentario que mantenemos durante años. La alimentación funciona como una suma de pequeñas elecciones repetidas en el tiempo, capaces de influir en múltiples dimensiones de la salud, incluida la cerebral.
Desde esta perspectiva, resulta tan importante incorporar alimentos frescos y variados como reducir aquellos elementos que se han normalizado en la rutina diaria y que pueden tener un impacto negativo, como el consumo habitual de alcohol o la presencia constante de productos ultraprocesados.
Pero la alimentación no actúa de forma independiente. Está conectada con otros pilares esenciales, como el descanso, la actividad física o el bienestar emocional. Cuidar el cerebro implica entender que todos estos factores forman parte de un mismo ecosistema.
Un cerebro que necesita seguir aprendiendo
Existe una creencia extendida según la cual el deterioro cognitivo es una consecuencia inevitable del paso del tiempo. Sin embargo, la investigación científica lleva años demostrando que el cerebro mantiene una enorme capacidad de adaptación y aprendizaje a lo largo de toda la vida.
La especialista en neurociencia cognitiva Marta Romo sitúa precisamente ahí una de las claves para proteger la salud cerebral: mantener el cerebro activo.
Aprender nuevas habilidades, enfrentarse a retos intelectuales, adquirir conocimientos o desarrollar nuevas capacidades estimula procesos cognitivos que contribuyen al mantenimiento de las funciones cerebrales. Pero hay otro elemento que suele pasar más desapercibido y que, sin embargo, desempeña un papel fundamental: la socialización.
Las conversaciones, las relaciones personales y el intercambio de experiencias constituyen una forma constante de estimulación cognitiva. Compartir tiempo con otras personas no solo mejora el bienestar emocional, sino que también favorece el aprendizaje y el funcionamiento cerebral.
En una época marcada por agendas saturadas, hiperproductividad y sensación permanente de urgencia, Romo plantea además una reflexión especialmente pertinente: quizás el reto no sea añadir más actividades a nuestras vidas, sino eliminar algunas de las que generan estrés innecesario.
Dormir bien no es un lujo
Pocas actividades son tan importantes para el cerebro como dormir. Sin embargo, sigue siendo una de las primeras sacrificadas cuando aparecen las obligaciones laborales, familiares o sociales.
La psicóloga y especialista en sueño Nuria Roure insiste en que el descanso debe entenderse no solo en términos de cantidad, sino también de calidad. Dormir ocho horas no siempre equivale a descansar bien.
Un sueño continuo y reparador participa en procesos esenciales relacionados con la recuperación física, la regulación emocional, la consolidación de la memoria y el rendimiento cognitivo. Cuando ese descanso falla de forma continuada aparecen lo que Roure denomina «facturas invisibles»: consecuencias que pueden pasar desapercibidas en el corto plazo, pero que terminan acumulándose con el tiempo.
Además, algunos hábitos aparentemente inocuos pueden perjudicar significativamente la calidad del sueño. Entre ellos destacan el consumo de alcohol como supuesto facilitador del descanso, el uso prolongado de determinados fármacos o la falta de regularidad en los horarios de sueño.
El verdadero desafío: mantener los hábitos
Existe un amplio consenso sobre cuáles son las conductas beneficiosas para la salud. Sabemos que debemos movernos más, alimentarnos mejor, descansar adecuadamente y reducir el estrés. Sin embargo, conocer la teoría no siempre se traduce en cambios reales.
Ahí es donde la psicóloga deportiva Manuela Rodríguez sitúa uno de los principales desafíos de la prevención: la sostenibilidad.
El problema no suele ser la falta de información, sino la dificultad para mantener comportamientos saludables durante meses o años. Muchas personas inician cambios impulsadas por la motivación, pero abandonan rápidamente cuando desaparece el entusiasmo inicial.
Por eso, Rodríguez pone el foco en conceptos como la repetición, la estructura, la consistencia y la creación de entornos que faciliten los comportamientos deseados. Los hábitos duraderos rara vez dependen de la fuerza de voluntad; suelen construirse a partir de pequeñas acciones repetidas hasta convertirse en parte natural de la rutina.
La prevención, en este sentido, no se parece a una carrera de velocidad. Se parece mucho más a una maratón.
La tecnología como aliada de la salud cerebral
Promover hábitos saludables es el eje central de la iniciativa impulsada por Samsung. Sin embargo, la compañía también ha querido incorporar una herramienta práctica que contribuya a acercar la conversación sobre la salud cerebral a más personas.
Ese papel lo desempeña The Mind Guardian, una aplicación digital gamificada basada en inteligencia artificial desarrollada junto a la Universidade de Vigo y respaldada por más de una década de investigación académica.
Dirigida a personas mayores de 55 años, la aplicación permite explorar funciones cognitivas relevantes a través de una experiencia sencilla, accesible y autoadministrada. Su propósito se sitúa en el ámbito de la sensibilización, la orientación preventiva y la promoción de la salud cerebral.
No se trata de una herramienta diagnóstica ni sustituye la valoración de profesionales sanitarios. Su valor reside en ayudar a que más personas presten atención a su salud cerebral y reflexionen sobre la importancia de incorporar hábitos que favorezcan un envejecimiento saludable.
En un contexto en el que la conversación sobre el cerebro todavía está lejos de alcanzar la visibilidad que tienen otros aspectos de la salud, iniciativas como esta buscan contribuir a un cambio cultural más amplio. Porque cuidar el cerebro no debería comenzar cuando aparecen los problemas. Debería formar parte de los pequeños gestos cotidianos que construyen nuestro bienestar a largo plazo.
Y quizá ahí resida el verdadero reto de los próximos años: conseguir que hablar de salud cerebral resulte tan natural como hablar de ejercicio, alimentación o salud cardiovascular.





