Apple ha decidido sacar la artillería pesada contra Google y su celebérrimo navegador Chrome (cuya cuota de mercado es de aproximadamente el 66% a lo largo y ancho de todo el globo) para poner en valor los beneficios solapados al uso de Safari, que pese a disfrutar de una cuota de mercado sustancialmente menor (18%) que la de su eterno rival, está felizmente emancipado de las molestas «cookies» de terceros.
A fin de subrayar las ventajas de Safari frente a Chrome (que es, al fin y al cabo, el navegador dominante en la red de redes), Apple ha estrenado una web, «Switch to Safari», en la que insiste en que su navegador es mucho más potente que el de Google (además de brindar mucha mayor privacidad al internauta).
De acuerdo con la empresa de la manzana, Safari agasaja al usuario con hasta 5 horas más de vídeo en streaming en su Mac en comparación con Chrome y abre además sustancialmente más rápido las páginas web que el usuario visita con más asiduidad en su ordenador.
Apple recuerda asimismo que Safari bloquea por defecto las «cookies» de terceros (para evitar que el usuario se tope constantemente de bruces con anuncios de productos que ya ha visitado previamente) y permite al internauta ocultar distracciones (recordando además en todo momento sus preferencias).
En la web «Switch to Safari» la empresa de la manzana incluye además imágenes interactivas que ilustran de manera muy gráfica las ventajas de su propio navegador. Para incidir en que las páginas web más visitadas por el internauta se cargan hasta un 35% más rápido en Mac, Apple se apoya, por ejemplo, en la imagen de una liebre (Safari) y de un caracol (Chrome).
Apple rescata la fórmula ya explorada en su día en la emblemática campaña «Get a Mac»
Más allá de la web «Switch to Safari» (que incluye una tabla comparativa con todos los beneficios de Safari frente a Chrome), Apple ha estrenado dos anuncios cuya estética recuerda hasta cierto a la de la icónica campaña «Get a Mac». Alumbrada por la agencia TBWA\Media Arts Lab, en aquella campaña, que estuvo vigente en el periodo comprendido entre 2006 y 2009, Justin Long y John Hodgman se metían en la piel de un Mac y de PC respectivamente (y el primero dejaba lógicamente en bastante mal lugar al segundo).
En «Get a Mac» Justin Long ponía de relieve las ventajas de Mac vistiendo de manera mucho más juvenil y desenfadada que su némesis, a la que John Hodgman (metido en la piel de un PC) daba vida con un «look» mucho más anticuado que incluía gafas, traje de chaqueta y corbata. Y la apariencia de ambos personajes reflejaba de alguna manera sus capacidades, que eran obviamente mayores en el caso de Mac.
El protagonista de la nueva campaña de Apple (que comparte con «Get a Mac» su estética minimalista) es un joven (similar hasta cierto punto al Mac encarnado hace ya 20 años por Justin Long) que ilustra de manera tan cómica como convincente los beneficios de Safari frente a Chrome.
En el primer anuncio el protagonista alude al beatífico espacio vacío de color azul en el que está ambientado el spot para insistir en que navegar en Safari es similar de alguna manera a ese espacio. Y cuando llega el momento de describir lo que sucede cuando el internauta no navega en Safari, aparece en pantalla un irritante personaje con gafas (en lo que parece un guiño al personaje interpretado en su día por John Hodgman en «Get a Mac») que se afana en recordar al protagonista todos los productos que ha visto previamente en la red de redes (un par de calcetines o un delirante mono con flecos).
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Por su parte, el segundo anuncio está específicamente centrado en la función que permite al usuario ocultar distracciones en Safari. El protagonista incide en esta ocasión en la tranquilidad que supone leer un artículo en Safari (donde no hay interrupciones de ninguna clase) y cuando toca dar cuenta de cómo es leer noticias en un navegador diferente de Safari aparecen múltiples «pop-ups» que persiguen como una mala sombra al personaje principal del spot.
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Apple ya puso en valor hace poco las funciones enfocadas a la privacidad de Safari en «Clingers», donde los rastreadores presentes en Chrome y otros navegadores tomaban la forma de inquietantes personajes ataviados con monos de color plaa que se adherían como lapas a personas de toda clase y condición para alimentarse vorazmente de sus datos personales.





