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Un mortífero dúo expone el círculo vicioso de la obsolescencia programada en este macabro spot

Un cómico spot noruego pone rostro a los dos grandes culpables de la obsolescencia programada: la muerte y la «mierdificación».

The Life of Death and the Ensh*ttificator obsolescencia programada

ESCRITO POREsther Lastra

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Se supone que no deberíamos cambiar de móvil cada vez por tres (por mucho que la publicidad nos anime desvergonzadamente a arrojarnos en los brazos del consumismo más desaforado), pero incluso cuando nos disponemos a jurar fidelidad a nuestro viejo teléfono, éste se termina «muriendo» sospechosamente (como si su fecha de caducidad hubiera sido fijada de antemano por el fabricante).

La denominada obsolescencia programada (en virtud de la cual la vida útil de un producto está predefinida mucho antes de llegar a manos del consumidor) es una lacra que cuesta mucho dinero e inflige asimismo severos daños en el el medio ambiente. Este corrosivo fenómeno es el que Forbrukerrådet, el Consejo de Consumidores de Noruega, coloca precisamente bajo en «The Life of Death and the Ensh*ttificator», un spot que pone rostro a los dos grandes culpables de la obsolescencia programada: la muerte y un hombre encargado de inocular el virus de la «mierdificación» de todo aquello que sale a su paso.

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El anuncio, tan cómico como marcadamente macabro, relata el encuentro entre los dos protagonistas y cómo ambos se fragua una colaboración tan formidable como absolutamente letal. La muerte sabe, al fin y al cabo, cómo matar, mientras que su compañero, el «mierdificador» («ensh*ttificator» en inglés) es un auténtico experto acortando la vida útil de los productos.

Ambos deciden hacer tándem para malograr el funcionamiento de productos cuya vida podría prolongarse durante años de no ser por su nefasta intervención. La perversa labor de los protagonistas del spot se traduce en la inutilización y la desaparición de toda una plétora de productos y termina abriendo la espita de un modelo económico extraordinariamente lucrativo.

La muerte es presentada en el anuncio como una profesional extraordinariamente eficiente, pero tiene un problema: que se siente insoportable sola (porque todo aquel que se cruza con ella en su camino está condenado, al fin y al cabo, a estirar la pata). Sin embargo, cuando la muerte conoce al «mierdificador», un autoproclamado experto en la degradación de productos, ambos forjan un vínculo inseparable (y también letalmente eficaz).

La muerte y la «mierdificación», los dos verdaderos culpables de la obsolescencia programada

Ambos personajes trabajan codo con codo para identificar productos perfectamente funcionales y acortar su vida útil (mediante materiales de poca calidad, diseños imposibles de reparar y componentes extraordinariamente frágiles) hasta abocarlos a la desaparición.

Rubricado por la agencia NewsLab, el anuncio de Forbrukerrådet expone de manera atinadísima el círculo vicioso de la obsolescencia programada, pues cuando un producto se rompe y no es susceptible de ser reparado, el consumidor se ve obligado a comprar uno nuevo (y así una y otra vez). Además, y como de manera muy cínica revela el spot, a veces actualizaciones aparentemente inocuas pueden contribuir a acelerar el envejecimiento de un producto y acortar su vida útil.

Forbrukerrådet ha lanzado el spot junto con un informe en el que la organización reclama que la calidad vuelva a ser de nuevo la norma en el universo de los productos de consumo y aboga asimismo por la economía circular (que llevan en último término el volandas los artículos confiables y reparables).

La curiosa relación (ribeteada de afecto sincero) que mantienen en el anuncio la muerte y el «mierdificador» amplifica el impacto del mensaje que allí se abre paso. Cuando ambos aclaran que no son pareja y que son amigos única y exclusivamente en horario laboral, termina aflorando un problema que da un vuelco a la relación entre ellos dos y que no hace sino intensificar el humor negro que vertebra en todo momento el spot.

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