Los efectos del cambio climático son tristemente cada vez más palpables en la cotidianidad del día a día. Los incendios forestales arrasan miles de hectáreas cada verano y las lluvias torrenciales siembran asimismo la destrucción a su paso sin que estemos preparados para bregar adecuadamente con sus letales consecuencias.
En vista de tan desolador panorama ha visto la luz recientemente al otro lado del charco un práctico artilugio que responde a la denominación de «Lifeline» y que es una «tote bag» y un chaleco salvavidas de manera simultánea.
Lanzada con motivo de la «New York Climate Week», que se celebra actualmente en la Gran Manzana, esta curiosa «tote bag» de naturaleza conceptual se inspira en las inquietantes (y cada vez más frecuentes) inundaciones sufridas por el suburbano neoyorkino en el transcurso del último año. Aunque se trata de producto que podría revelarse como extraordinariamente práctico en los años venideros (y también en el presente), «Lifeline» no se encuentra actualmente a la venta.
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«Lifeline», que puede transformarse en chaleco salvavidas en un lapso de apenas 15 segundos, lleva la rúbrica de un grupo independiente de artistas radicados en Nueva York al frente del cual están el artista y director creativo Philip Le Brun y la artista, diseñadora y arquitecta Gabriela Mestriner.
«Lifeline» quiere mover a la reflexión sobre las nefastas consecuencias del cambio climático
La «tote bag», que pretende poner de relieve que quizás en un futuro no demasiado remoto el equipamiento de emergencia termine convirtiéndose en el pan nuestro de cada día (y haya que llevarlo siempre a mano por si acaso), fusiona diseño de producto y moda para sobrevivir al cambio climático de la manera más estilosa posible.
Fabricada a partir de materiales convenientemente reciclados (incluyendo un chaleco salvavidas), «Lifeline», que destaca por su llamativo color naranja, se abre mediante una cremallera central que permite que el chaleco sea introducido a través de la cabeza. Y al tirar de las asas de la «tote bag», se activa el sistema de inflado del chaleco salvavidas en la que está termina mutando en caso de emergencia.
«El principio por el que se rige este proyecto es un producto esencial que en realidad no debería existir», explica Le Brun.
Por su parte, Mestriner insiste en que «Lifeline» sale del cascarón sobre todo y ante todo para provocar y mover a la reflexión sobre el cambio climático. «No se trata de un producto cuyo último objetivo sea erigirse en una solución contra las inundaciones», subraya Mestriner.
La idea en la que está anclada «Lifeline» presenta algunas concomitancias con unos bancos exageradamente altos que vieron la luz en Copenhague en 2022 para alertar a la población de la subida del nivel del mar y de los riesgos asociados a este fenómeno.









