Quechua ha apostado por una narrativa poco habitual en el sector outdoor para presentar su nueva bota de senderismo de gama alta, la MH900: un robot protagonista, inteligencia artificial y una producción híbrida que mezcla acción real, 3D y efectos visuales.
La campaña gira en torno a QUECH-01, un prototipo robótico que encarna el ADN de la marca con ingeniería, precisión y obsesión por el testeo en condiciones extremas. La historia arranca en el centro de diseño de Sallanches, a los pies del Mont Blanc, donde un incidente técnico da vida al robot, que termina escapando del laboratorio para llevar la bota al terreno para el que ha sido diseñada: la montaña en su versión más exigente.
El planteamiento creativo evita el enfoque puramente tecnológico para construir un relato en torno a la tensión de la diferencia entre medir y sentir.
Datos frente a experiencia: el dilema del robot
En la pieza, QUECH-01 es capaz de analizar absolutamente todo, desde rendimiento hasta resistencia o comportamiento del material, pero no puede experimentar lo que realmente define el producto, que es la sensación de uso en entornos reales.
Esa limitación se convierte en el eje del storytelling y para ello, la campaña refuerza así el posicionamiento de Quechua, que combina innovación técnica con el conocimiento de sus ingenieros y probadores de campo, responsables de validar cada producto antes de su llegada al mercado.
La historia se resuelve así, con el regreso a la mirada humana, subrayando que la tecnología no sustituye la experiencia, sino que la complementa.
IA y producción híbrida al servicio del relato
La campaña ha sido desarrollada por Orès Collective junto a Band Originale, que han articulado un flujo de trabajo híbrido combinando rodaje en acción real, 3D, VFX e integración de secuencias generadas por inteligencia artificial.
El principal reto ha sido mantener la coherencia visual entre todos los formatos, evitando la desconexión estética habitual en contenidos generados con IA.
Para ello, los equipos han trabajado la IA no como una capa independiente, sino como parte integrada del lenguaje visual de la pieza, en estrecha colaboración con la producción en rodaje.
El resultado permite recrear escenas complejas en entornos de montaña que habrían sido difíciles o muy costosas de rodar, manteniendo una continuidad visual realista.
