En un momento en el que las tensiones entre el poder político y los medios de comunicación se cortan casi con un cuchillo en Estados Unidos, el reputado diario británico The Guardian ha lanzado en el país norteamericano una campaña tan sencilla como increíblemente osada (teniendo en cuenta la que está cayendo actualmente allende los mares).
La cabecera ha instalado en la ciudad de Nueva York una valla publicitaria gigante en la que invita a los transeúntes a zafarse de la censura tristemente imperante actualmente en Estados Unidos para revelar el mensaje que allí se muestra a priori solo de manera parcial.
Emplazada en el número 50 de la Novena Avenida de la Gran Manzana y rubricada por la agencia Lucky Generals, la valla muestra un mensaje en el que no pueden leerse todas las palabras porque estas han sido aparentemente tachadas. La mayor parte del texto que se abre paso en el anuncio se cubrió con cinta de color negro y quedó visible única y exclusivamente la siguiente frase: «News in America can’t publish the whole picture» (Los medios estadounidenses no pueden publicar la imagen completa).
Huérfana de códigos QR, la valla invitó a los transeúntes a retirar la cinta de color negro con sus propias manos para poder revelar así el mensaje completo. El resultado es una experiencia 100% tangible y naturaleza casi militante que convierte a los ciudadanos de a pie en defensores de la libertad de expresión (la misma que está actualmente en jaque en Estados Unidos).
Despojada de la cinta de color de negro adherida a la valla, esta procura cobijo a un mensaje tan contundente como inspirador: «The Guardian no el medio más grande en Estados Unidos ni tampoco el más rico. Pero tenemos una cosa que otras no tienen: una feroz independencia. Nadie es nuestro dueño o nos dice lo que podemos o no podemos publicar. Y por eso somos libres de hacer el trabajo que vinimos a hacer aquí: informar sobre la imagen completa».
La nueva y audaz campaña de The Guardian ve la luz en momento en el que el periodismo está a merced de cada vez más presión en Estados Unidos. El Pentágono restringió, por ejemplo, hace poco el acceso de los periodistas a sus instalaciones y ahora les solicita expresamente acceder a no publicar determinados documentos aun cuando estos no estén clasificados. Y los informadores que osan no aceptar los nuevos términos impuestos por el Pentágono se arriesgan a perder su acreditación.
Donald Trump ha iniciado feroces ataques contra los medios de comunicación más distantes en el plano ideológico desde que retornara a la Casa Blanca en enero de este año. El presidente ha demandado por difamación al diario The New York Times, ha proferido amenazas veladas contra los periodistas extranjeros y ha incrementado notablemente la presión sobre grupos privados como Disney y Paramount para rebajar eventuales críticas en su cobertura de la Casa Blanca.
La valla de The Guardian forma parte de una campaña más amplia en la que el periódico de origen británico trata de dar alas a su popularidad y su prestigio en suelo estadounidense, donde desea posicionarse como un medio independiente capaz de sacar a la luz las verdades que otros deciden esconder bajo el felpudo.







