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Diapositiva

Una diapositiva (también llamada filmina) es una fotografía positiva creada en un soporte transparente a través de medios fotoquímicos para posteriormente ser proyectada.

¿Para qué sirve la diapositiva?

La diapositiva se caracteriza por la reproducción de fotografías en una imprenta. Además, se la emplea como película de cine ya que produce una imagen positiva sin la necesidad de intervención de negativos. De esta forma, la diapositiva se define como una especie de foto que se emplea a instancias de proyecciones de todo tipo y misión.

¿Dónde se usan las diapositivas?

El hábitat natural de esta herramienta suele ser el ámbito educativo y empresarial, ya que se suele usar para presentaciones de diferentes tipos. Son un medio efectivo para transmitir información y conocimiento a la audiencia que corresponda.

Con el tiempo, Microsoft creó un programa específico para presentaciones denominado PowerPoint al que definen como archivo que muestra una serie de diapositivas digitales multimedia que facilitan la presentación de un tema determinado. Si bien, una presentación PowerPoint no profundiza en un tema, es muy usada en los negocios y las aulas, puesto que nos permite transmitir información importante reflejada a través de textos, sonidos, vídeos y gráficos, acompañado de la exposición oral de una persona.

Características de una presentación con diapositivas

Existen algunos elementos comunes que debes tener en cuenta a la hora de realizar una presentación para conseguir un efecto positivo y efectivo.

  1. Brevedad: La frase “menos es más” debe permanecer a fuego en este tipo de presentaciones. Para que los conceptos queden remarcados en el espectador no debemos hacer presentaciones muy largas, ya que la atención no permanecerá por mucho tiempo. Según algunos estudios, se estima que la retención de información no es óptima después de los 18 minutos. Aunque si el tema es largo, lo recomendable es dividir la presentación en bloques de 10 a 20 minutos y si es posible, cambiar de ponente en cada bloque.
  2. Concisión: Al trabajar en una presentación, asegúrate de que sea simple y visualmente rica. Esto quiere decir que es recomendable reducir el número de diapositivas solo con algunas viñetas, pues el cerebro no es capaz de leer y escuchar con efectividad al mismo tiempo. Además, la atención del público estará constantemente dividida entre el ponente y la presentación si el texto es abundante, lo que hará que se canse más rápido.
  3. Confianza: Es importante permanecer con una actitud positiva, aunque al principio cueste más llevar a cabo este proceso. Si no te sientes seguro, prepárate, practica varias veces y corrige lo que consideres que está fuera de lugar o es innecesario mencionar. Una actitud correcta puede marcar la diferencia entre una presentación que todos recordarán o una que quedará en el olvido.
  4. Pasión: La información es importante, pero puede ser algo tediosa. El trabajo del ponente es darle vida y entusiasmo al momento de presentarla. Si hablas de manera apasionada y elocuente sobre un tema, este te ayudará a mantener la atención de tu público y quizá enciendas esa misma pasión en él.
  5. Investigación: Antes de comenzar la presentación debes aprender todo lo que puedas sobre el tema a exponer. Si eres un experto en la materia te resultará más fácil llevar a cabo la presentación y dejar claros los conceptos explicados. De esta manera, lograrás que tu público tenga la certeza de que sabes de lo que hablar.
  6. Claridad: La presentación deberá estar hecha con el único fin de transmitir un mensaje de manera eficiente. Así, puedes incluir todos los elementos que quieras, pero con cuidado de que el objetivo final sea el entendimiento de lo expuesto. El mensaje deberá ser claro, fácil de interpretar y que tu presentación lo explique a la perfección.

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