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¿Cómo podemos lidiar con la sobrecarga informativa de la red?

Cuando buscamos un término en Google nos aparecen millones de resultados en unas pocas centésimas de segundo. Entre ellos, podemos encontrar información interesante acorde a lo que estamos buscando, pero también compañías que tratan de promocionar servicios o bloggers que hablan de cualquier cosa. Una situación que se conoce como sobrecarga informativa y que ha llegado a convertirse en una de las molestias más incómodas de la era moderna.

Actualmente cualquier persona se enfrenta a un montón de emails que leer, amigos virtuales con los que chatear o vídeos en YouTube que tiene que ver pero, además, tiene que mantener sus obligaciones en el mundo físico, como reuniones, informes y familiares y amigos. Y este exceso de información deriva, en muchos casos en un estado de ansiedad que los expertos han denominado “asfixia de datos” (William van Winkle), “nube tóxica de datos” (David Sheik), “síndrome de fatiga informativa” (David Lewis), o “sobrecarga cognitiva” (Eric Schmidt).

Pero para Schumpeter, blogger de The Economist, es posible que tanta preocupación sea algo exagerado y hay que tener en cuenta que ya en la época victoriana muchos se quejaban de que el telégrafo provocaría mucha tensión en los hombres de negocios. Aunque también reconoce que hay un problema, no sólo por la cantidad excesiva de información a la que estamos expuestos, y que se duplica cada 18 meses, sino por la combinación de la omnipresencia y la fragmentación de esa información. Una niebla de datos que complica la situación en un momento en que las empresas no dejan de pedir más a sus empleados a causa de la recesión económica.

La sobrecarga informativa a la que estamos expuestos actualmente puede derivar en tres consecuencias principales. Por un lado, puede provocar ansiedad y sensación de impotencia en las personas. Además, puede reducir la creatividad de los trabajadores. Y, en última instancia, hacer que los trabajadores sean menos productivos.

Aunque también se puede hacer algo para luchar contra las consecuencias de la sobrecarga informativa. Una de las opciones está en los recursos tecnológicos, como filtros que limpien los resultados a la hora de realizar búsquedas, o programas que te desconecten de la red en determinados momentos ya programados. Por otro lado, esta situación se puede afrontar a través de la propia determinación y el autocontrol. Esto consiste en racionar el consumo de información y la conexión a los distintos dispositivos tecnológicos apagando el móvil o internet de vez en cuando.

Aún así, y a pesar de todos los filtros, hay casos en los que no es suficiente, y la gente no puede parar de mirar constantemente su BlackBerry. Algunos por sentirse importantes, y otros por esa adicción a la pequeña dosis de dopamina que consiguen cada vez que les llega un nuevo mensaje, según aseguran Edward Hallowell y John Ratey. Además, la autodisciplina puede volverse en contra de los trabajadores si la compañía para la que trabajan no adopta estas medidas.

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