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¿Pueden los robots ser buenos amantes?

En 2050 los (impetuosos) orgasmos los procurarán los robots, los "gatillazos" los humanos

En 2050 los (impetuosos) orgasmos los procurarán los robots, los "gatillazos" los humanosLos humanos adoran a las máquinas y muy pronto éstas procurarán a los primeros amor (del bueno). Así lo demuestra el creciente auge de los robots con el foco puesto en sexo. Uno de estos robots es, por ejemplo, Roxxxy, capaz (siempre sus fabricantes) de hablar, escuchar y responder a los estímulos táctiles.

Quienes están a favor de ese mercado al alza que sin lugar a duda constituyen los denominados “sex robots” (cuya apariencia está aún poco pulida y resulta escandalosamente estereotipada) están convencidos de que estos gadgets ayudarán a menguar la demanda de la prostitución, podrán dar clases sexuales e incluso estarán en disposición de impartir terapias.

Y lo más importante de todo, los robots procurarán una vida sexual a quienes adolecen completamente de ella, asegura Kate Devlin, profesora de informática de la Universidad de Londres, en declaraciones a Chip.de.

No obstante, hay también quienes contemplan a los “sex robots” con más escepticismo que otra cosa. Es el caso de Kathleen Richardson, responsable de “Campaign Against Sex Robots”, que denuncia las negativas consecuencias para la sociedad de los robots pensados para procurar placer sexual a los humanos.

Los denominados “sex robots” admiten de alguna manera que “las relaciones humanas son opcionales y que todas las necesidades pueden ser satisfechas por las máquinas. Pero no es cierto. El ser humano necesita rodearse de otros seres humanos”, recalca Richardson.

Además, con la irrupción de los “sex robots”, muchas personas (en particular las mujeres) podrían ser reducidas a meros objetos sexuales (más de lo que son ya en la actualidad). Y ello se traduciría a la larga en más desigualdad y en una preocupante pérdida de empatía, dice Richardson.

Por su parte, David Levy, experto en inteligencia artificial, contempla (pese a las críticas) a los “sex robots” como sustitutos de las relaciones románticas (más que como una simple alternativa o complemento).

Lo cierto es que el desarrollo de la sexualidad con la inteligencia artificial como inseparable compañera de fatigas plantea inevitablemente preguntas de tipo ético y político.

“Nos encontramos todavía en una fase de desarrollo muy temprana y hay que preguntas para las que no hay aún respuestas”, señala Devlin. No obstante, una de las principales preocupaciones que afloran en torno al desarrollo de los “sex robots” es la recopilación de datos íntimos sobre el usuario y los problemas de seguridad que tales datos llevan aparejados.

No obstante, y pese a que su desarrollo resulta inevitablemente inquietante, Levy tiene el convencimiento de que los “sex robots” será una realidad (cotidiana) en el año 2050 como muy tarde. Devlin cree también que este tipo de máquinas serán una realidad más pronto que tarde y que por eso merece la pena subirse lo antes posible a este tren.

Los “sex robots”, subraya Devlin, no giran única y exclusivamente en torno al sexo sino también en torno al amor. En el futuro las máquinas podrían desarrollar sentimientos y brindar a los humanos mucho más que ardientes orgasmos, afirma.

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