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La automatización llega a la censura "made in China"

Así automatiza China su férrea censura en la red (donde hasta Winnie the Pooh está en la picota)

A través de la plataforma Piyao las autoridades de China automatizan (hasta el infinito y más allá) la censura e impiden que en la red de redes aterricen verdades incómodas.

chinaDiez años de cárcel. Esto es lo que cuesta en China decir la verdad, si uno tiene a bien conceder crédito al insólito testimonio de Zeng Maolin. El bloguero chino publicó recientemente en la red de redes un vídeo que mostraba un atraco a mano armada. El suceso tuvo lugar a principios de agosto en la ciudad de Haikou.

Sin embargo, el Gobierno chino no tardó en salir a la palestra para contradecir el testimonio de Maolin. De acuerdo, con las autoridades de Pekín, el atraco se produjo una semana después de lo relatado en un principio por Maolin y su escenario no fue la metrópolis de Haikou sino una localidad situada a miles de kilómetros en el suroeste del país: Leshan.

Por haber cometido tan imperdonables (y supuestos) deslices en su narración de los hechos, Maolin se enfrenta ahora a una pena de cárcel.

Mientras en algunos países se debate sobre la manera de cortar el paso a las “fake news” en internet sin sacrificar la sacrosanta libertad de expresión, el Ejecutivo chino se mucho menos melindroso a la hora de atajar lo que, a su juicio, son noticias falsas.

La más elevada autoridad de internet en China borra a diario, y sin que le tiemble el pulso, miles de contenidos alojados en webs y blogs.

Unos dos millones de censores rastrean a diario la red de redes en busca de contenidos inadecuados. Muchas webs de noticias y redes sociales están bloqueadas en el gigante asiático (Facebook, Twitter y The New York Times, entre ellas).

Para hacer aún más eficaz la implacable censura emanada del Gobierno chino, algoritmos excelentemente bien entrenados escanean internet en busca de contenidos inapropiados. A la mirada de tales algoritmos no escapa ninguno de los miles de millones de mensajes, posts de blogs y fotos que los cerca de 800 millones de internautas chinos intercambian cada día.

La joya de la corona de la censura “made in China” es actualmente la plataforma estatal Piyao, que conecta entre sí diferentes programas censores y distribuye única y exclusivamente noticias a la que Pekín ha dado previamente el visto bueno.

Piyao es un proyecto dirigido por la más alta autoridad de internet en tierras chinas (la Comisión Central de Asuntos del Ciberespacio) y gestionado por la agencia estatal de noticia Xinhua.

El algoritmo detrás de esta plataforma, cuyo nombre traducido al español sería algo así como “desmentir rumores”, busca sobre todo y ante todo noticias que se difunden particularmente rápido en internet.

En sus entrañas Piyao integra los resultados de 40 programas estatales de censura (que ya están activos a nivel nacional y local). Y los ciudadanos tienen además la posibilidad de reportar falsos rumores a través de una app.

China habría recopilado ya en una base de datos 30.000 noticias y entradas con el último objetivo de cerrarles el paso de manera permanente en internet, según recoge Süddeutsche Zeitung.

Desde hace cinco años las autoridades chinas actúan sistemáticamente contra las noticias contrarias a su propia corriente de pensamiento. Los internautas se enfrentan a hasta siete años de cárcel cuando dan difusión a informaciones que no han sido confirmadas oficialmente por Pekín.

Si un usuario publica, por ejemplo, un artículo no verificado en las redes sociales y éste acumula más de 500 “shares” y más de 5.000 lectores, se enfrenta a una multa.

Xi Jinping, el presidente de China, ya recalcó el año pasado que quería hacer de internet un lugar “más limpio” y está dispuesto a todo para conseguir su objetivo.

A menudo son desterrados de la red no tanto rumores (supuestamente falsos) como verdades incómodas. Las entradas sobre la masacre en la Plaza de Tiananmén, sobre la soberanía de Taiwán, sobre los derechos de los homosexuales o sobre el debate “Me Too” son erradicadas por programas como Piyao.

Si los internautas chinos buscan en internet a personas como el Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo, fallecido el año pasado en una cárcel china, se topan de bruces con un mensaje de error o son redireccionados en su defecto al texto de la ley según la cual la difusión de determinados temas está penada con multas en el país asiático.

En 2017 fueron borrados sólo en WeChat, el equivalente chino a WhatsApp, la friolera de 500 millones de artículos.

Miles de palabras clave (con vistas a ser utilizadas en los motores de búsqueda) están vetadas en China y una de ellas es sorprendentemente “Winnie the Poo” (el presidente Xi Jinping guarda al parecer algún tipo de similitud con el simpático oso nacido de la pluma del escrito Alan Alexander Milne).

Están asimismo censuradas las palabras clave “1984” y “Animal Farm”, dos obras de George Orwell donde algunos ven paralelismos con la situación que se vive actualmente en China.

Para sortear los embistes de los censores, los blogueros chinos se cuelgan permanentemente del brazo de nuevos apodos y palabras en clave. Cuando la cuenta de un bloguero se cierra y éste reanuda su actividad bajo un nuevo nombre, los “bloggers” chinos hablan de “reencarnación”. Aun así, y pese a que los dueños de bitácoras hacen lo posible y lo imposible para despistar a las autoridades chinas, Pekín está continuamente apostado a sus talones (y ahora más que nunca tras la introducción de Piyao).

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