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El divertido atolondramiento de los chatbots será pronto historia

Los chatbots son hoy bastante "tontorrones", pero su divertido atolondramiento acabará muy pronto

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

La caótica diversión de la que hacen gala hoy por hoy los chatbots será flor de un día y en el plazo de un año habrá pasado probablemente a mejor vida.

Los chatbots pertrechados de inteligencia artificial (IA) generativa están en la cresta de la ola y, pese a que son aún bastante pródigos en errores, su atolondramiento y aleatoriedad resultan irresistibles para un buen número de usuarios. Muchos aman con todas sus fuerzas el caos agazapado en las entrañas de ChatGPT y compañía, pero la caótica diversión de la que hace gala hoy por hoy la IA generativa será flor de un día y en el plazo de un año habrá pasado probablemente a mejor vida.

De aquí a un año la IA generativa será mucho más precisa y profesional, pero también podría ser inquietantemente más humana. Al fin y al cabo, esta tecnología, que no ha hecho sino salir del cascarón, mejora a medida que aumenta la intensidad de sus sesiones de entrenamiento.

Y a base de entrenar (y analizar muchos petabytes de información), ChatGPT y compañía están en condiciones de hacer resumen de documentos, buscar información, contar chistes e incluso mostrar ciertos destellos de inteligencia emocional.

Sin embargo, una cosa es la teoría y otra muy distinta la práctica. Es cierto la IA generativa (la actual al menos) es capaz de generar textos bastante decentes, pero un análisis más detallado de sus palabras denota que no existe realmente un entendimiento conceptual de la materia de la que habla (a veces por hablar).

No obstante, en el futuro la inteligencia artificial podría ganar asombrosamente en eficacia apoyándose en un entrenamiento más estructurado, más supervisión por parte de humanos de carne y hueso y datos de entrenamiento definidos de manera mucho más precisa.

Hacia una IA más precisa (y más humana)

De esta manera, colgándose del brazo de la denominada IA híbrida o compositiva, donde se dan cita técnicas generativas y una estructura general de la información, la tecnología que hoy peca a veces de algo «torpona» podría convertirse en especialista en materias específicas (y mantener, ejemplo, conversaciones con el usuario sobre metafísica sin tener salidas de tono como las que ha tenido en los últimos días Bing).

Que la IA se profesionalice tanto es bueno y malo simultáneamente porque sus resultados ya no serán tan creativos como ahora, advierte David Ferrucci, CEO y chief scientist de Elemental Cognition, en declaraciones a Fast Company.

Además, convirtiéndose en una pluscuamperfecta sabelotodo la IA generativa podría quedar desgajada de una funcionalidad potencialmente muy útil: la de compañera en el plano social de los humanos. Quizás los humanos no quieren la inteligencia artificial tanto para recabar información como para mantener conversiones (permeadas de inteligencia emocional) con ella (al más puro estilo de lo que sucede en Her).

Los chatbots que hoy están a disposición de todo el mundo en la red de redes podrían ser la base para alumbrar sistemas de inteligencia artificial similares a los de la famosa película protagonizada por Joaquin Phoenix.

En el futuro tendemos probablemente a nuestra vera toda una plétora de chatbots y cada uno de ellos podría atesorar una amalgama absolutamente única de atributos. La clave estará entonces en elegir cada uno de ellos en función de las tareas (más profesionales o más puramente sociales) que queremos acometer.

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